Y encontrar cuando menos te lo esperas al amor de tu vida, frente a frente y no saber si gritar de la emoción, llorar de la alegría, fundirte con esa persona en un beso eterno o tan si quiera darle un empujoncito para ver si es de verdad. Simplemente te quedas allí, como momificado con las expresión de idiota y sonríes si, sonríes a la vida porque te regala esa maravillosa sorpresa, sonríes a las casualidades, al amor, a la suerte y a todas y cada una de las acciones que te han llevado a estar en ese momento exacto en el que tu vida da tan tremendo vuelco que no sabes si estás soñando o si acaso todo lo que ahí sucede es verdadero.
Los momentos pasan y sabes que debes reaccionar y al final acabas malgastando el momento, hablas de cosas sin sustancia, no vas al kit de la cuestión y dejas que los segundos y minutos pasen inexorables mientras la ruleta de la fortuna se ríe de ti y de tu inmensa estupidez, pero tranquilo, respira porque siempre te quedará el recuerdo y el arrepentimiento de en algún momento de tu vida haber sido valiente y haber echo lo que debías en el momento exacto cuando no estaba planeado...o eso....o vivirás arrepentido por siempre.
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