martes, 26 de febrero de 2013

No es lo que parece... Capítulo 1 =)


 Rezaba interiormente para que inventaran algo que le permitiera multiplicarse para poder abarcar al final del día toda la inmensidad de cosas que debía, quería y deseaba hacer, pero mientras tanto allí estaba, en medio de su caótica oficina hablando por el móvil en manos libres mientras también usaba el teléfono fijo con el altavoz puesto. Estaba llegando por fin a un trato entre ambas partes, por el móvil hablaba el abogado de la otra parte y al fijo tenía a su defendido escuchando el trato para ver si por fin zanjaba el asunto consiguiendo ella una muy suculenta suma.
Al llegar a su casa aparcó en el garaje subterráneo su maravilloso coche rojo de alta gama y con unos pies que parecían de plomo se encaminó con su maletín de cuero hacia el ascensor. Mientras subía, no pudo dejar de observarse en el espejo, tenía unas ojeras terribles que, en breve, el maquillaje ya no camuflaría. Pero seguía siendo tremendamente atractiva, era alta, tenía un pelo liso castaño casi siempre atado en un recogido profesional para ocasionar buena impresión a sus clientes en el bufete de abogados, no tenía mucho pecho, pero si el vientre plano y un buen culo, lo más destacable de ella aparte de sus ojos verdes y sus labios carnosos sugerentes eran sus largas y estilizadas piernas conseguidas a base de no dejar de moverse con tacones por la vida y unas sesiones agotadoras de gimnasio mañanero.
Al abrirse las puertas del ascensor llegó a la gran sala de estar, con sillones cómodos grandes de cuero negro que la llamaban e invitaban a que se sentara en ellos. Su marido estaba allí sentado con muchas revistas a su alrededor. Al verla llegar le sonrió y se sentó junto a ella abrazándola y dándole un beso cálido y apasionado.
-          ¿Cómo te ha ido en el trabajo mi vida? – le preguntó siempre muy atento.
-          Pues bien, por fin conseguí cerrar el trato así que ya estoy libre de trabajo importante hasta la semana que viene. ¿Y tú amor? ¿Cómo está Alba?
Así comenzaron la típica charla de por las noches, la niña estaba ya acostada durmiendo y había pasado un buen día en el colegio como solía ocurrir a la edad de cinco años, la tarde se la había pasado con su padre. Su marido se había pasado la mañana en un rodaje de publicidad, del cual él era el protagonista, y estaba muy indignado con los periodistas que cada vez eran más osados, ya que lo habían fotografiado a él y a la niña mientras daban un paseo por el parque a pesar de las negativas de él.
Cenaron juntos de una manera romántica como todas las noches bromeando de manera picante, divertida y descarada como solían hacer entre ellos y después de un baño juntos donde después de seguir hablando se dieron masajes mutuamente, acabaron en la cama haciendo el amor apasionadamente y finalmente durmiendo juntos.
Morgana no podía evitar sonreír por la mañana, observaba a Marco, su apuesto marido y  pensaba en la suerte que tenía. Él medía un metro noventa, era un hombre fuerte y tenía un cuerpazo escultural fruto de horas y horas de machaque en el gimnasio. Era actor de profesión y había protagonizado muchas películas de gran éxito y campañas publicitarias, se le notaba que disfrutaba de ello y que el público lo amaba y ¿Quién no? Con esa sonrisa brillante que te hacía sonreír nada más en pensar en ella, ese pelo corto rubio y esos ojazos azules como el mar, alegres y muy sensuales.
Eran las seis de la mañana y Morgana ya estaba preparada para una sesión intensiva de deporte matutino en el mejor gimnasio de la ciudad, que daba la casualidad de que estaba dos calles más arriba de su casa. Durante el trayecto se sintió varias veces extraña, como si en la lejanía la observaran, pero después de girarse alrededor de tres veces para comprobar que nadie la seguía, achacó esa sensación a la paranoia de “famoso perseguido” que tenía su marido.
Dentro del gimnasio mientras corría en la cinta con los auriculares puestos notaba la mirada de aprobación de su entrenador personal, al cual ella cariñosamente llamaba Jefe. Estaba bastante orgullosa de su forma física, conseguida en poco tiempo gracias a una dieta equilibrada y unos ejercicios específicos y no podía negar que ese día se había levantado con bastante buen humor, así que se presionó un poco más por puro placer.
En las duchas el agua casi hirviendo le quitó la tensión y se sintió muy a gusto, pero algo la inquietaba y seguía teniendo encima esa sensación de que la estaban observando.
-          ¿Hola? – preguntó con voz confiada.
El eco le devolvió su respuesta, y había visto demasiadas películas como para saber cuántas maneras había de morir en un baño de gimnasio cuando se estaba sola, como para aventurarse a comprobar si alguien se había escondido allí. Así que se vistió en cuanto pudo y se dirigió corriendo al mostrador de recepción donde se encontraban aparte del recepcionista, los entrenadores.

Pasaron dos días más y esa sensación la acompañaba a todos lados, salvo cuando entraba en su segura casa, que parecía un búnker debido al obsesionado de su marido, pero en aquellos momentos lo agradecía con toda el alma.
Ése día en concreto entró al gimnasio con ganas de evadirse de todo haciendo ejercicio intenso. Así que se pasó corriendo en las cintas junto a una chica que parecía nueva allí las dos horas. Al acabar se sintió mucho mejor y también algo sorprendida, ya que la chica que estaba a su lado acabó al mismo tiempo que ella y al parecer con menos signos de fatiga. El gimnasio a esas horas solía tener una media de veinte personas entrenando, ya que era temprano. Pensó que a lo mejor la chica había cambiado simplemente de horario. Mientras se secaba el sudor con una toalla y bebía un poco de bebida isotónica la chica se puso en frente de ella y con una sonrisa le dijo:
-          Hola, me llamo Alira. ¿Qué tal? ¿Has llegado a tu meta marcada para hoy?
Morgana sonrió y le tendió la mano.
-          Me llamo Morgana y sí, estoy muy satisfecha hoy con los resultados ¿Tú?

Y ese fue el inicio de una conversación que la llevó a descubrir que esa chica alta, pelirroja, flaca pero musculada, se llamaba Alira y era fotógrafa. La duda que le surgió mientras se duchaba era que cómo una fotógrafa podía permitirse la inscripción a ese gimnasio. No le dio muchas vueltas, la chica era muy amable, simpática y solo había mostrado curiosidad por ella. Y llegados a este punto, volvió a cagarse en todo y en sus paranoias. Salió de la ducha envuelta en una toalla blanca, con el pelo aun chorreando y vio que en el banco de enfrente de la ducha estaba Alira, ya vestida y preparada para marcharse. Llevaba un atuendo muy rockero, pantalones negros rotos por diversos sitios, unos botines con tacón y hebillas plateadas enormes, una camiseta negra con una calavera descolorida que según intuyó dejaba un hombro por fuera y una chupa de cuero negro desgastada.
Un par de chicas pasaron por delante de ellas ya cambiadas y preparadas para enfrentarse a sus diversas rutinas diarias.
Alira se levantó a Morgana y sonriendo dijo:
-          Bueno, yo ya me marcho, espero que todo te vaya bien – se acercaba cada vez más mientras hablaba.- Solo quería darte las gracias – dicho esto se apartó el pelo rojo fuego rizado y rebelde hacia un lado.
-          Gracias ¿Por qué? – Preguntó Morgana mientras se le hacía un nudo en la garganta, no le gustaban aquellas proximidades, pero aun así amable le sonrió
-          Yo me entiendo.- dijo sonriendo Alira.
Pero ahí no acabó la cosa, Alira cogió su enorme mochila de gimnasio negra y dio dos pasos encaminándose hacia la puerta, pero se paró, se dio la vuelta con una sonrisa pícara.
-          Por cierto – dijo avanzando rápidamente hacia Morgana, le sujetó la nuca y la cintura mientras Morgana retrocedía impresionada, pero tarde, porque la besó de lleno en los labios.- Me gusta como hueles.
Y dicho esto la soltó como si no hubiera pasado nada. Morgana paralizada vio como Alira se marchaba y cerraba la puerta. No sabía cómo se reaccionar en aquellas circunstancias y allí se encontraba pensando simplemente que Alira tenía los labios muy suaves, de hecho, eran los más suaves que ella hubiera besado nunca. Y frustrada escuchaba las conversaciones de las otras chicas que estaban en la ducha, las cuáles, no se habían percatado de nada.
Morgana sabía que pensar demasiado las cosas no traía nunca nada bueno consigo, así que dejó de analizar ese vuelco que le dio el estómago al verse sorprendida y lo achacó precisamente eso, al hecho de no esperarse un beso de una chica a la cual justo acababa de conocer. Salió ya vestida y aseada del baño, con un color sonrosado en las mejillas y se dirigió como siempre al mostrador. Allí estaban sólo su entrenador y el recepcionista que la miraban con cara de preocupación.
-          ¿Qué pasa jefe? Tienes cara de pocos amigos, como si me hubiera dado un atracón de chocolate en plena dieta – Bromeó intentando animar a su entrenador.
-          Morgana, ven conmigo a mi despacho privado por favor, hay un tema grabe del que tengo que hablarte.
Morgana no perdió un segundo y se dirigió directamente a donde él le había indicado usando como máscara su cara de abogada seria.
-          Morgan, te han estado siguiendo y sacando fotos sin tu consentimiento, hemos pillado hoy a esa persona aquí y hemos revisado todo su arsenal, hay fotos tuyas, de la niña, de tu mozo, de tu coche, el de Marco, de tu casa por fuera…
Morgana tomó aire y lo soltó por la boca lentamente tratando de serenarse, pero no podía. Tendría que darle la razón al paranoico de su marido en cuanto se enterara de todo.
-          Yo he notado que me observaban durante estos días jefe, pero no lo había comentado con nadie, ya sabes cómo es Marco, no quiero que las paranoias le vayan a más.- comentó un poco atacada por los nervios. - ¿Dónde está quien me perseguía?
El entrenador la abrazó mientras las lágrimas le bajaban por el rostro.
-          Está en el despacho de Juan, pero Morgan te juro como Agustín que me llamo, que ahora está todo bien ¿Vale? Ya sabes que puedes contar con este culito de acero para lo que quieras.
-          Muchas Gracias Jefe.
Salieron del despacho justo cuando entraron dos policías guiados por el recepcionista al despacho de al lado. Allí solo se les oía a ellos, el sonido de las esposas y a uno de los agentes diciéndole en voz alta los derechos al detenido.
Cuál sería la sorpresa de Morgana cuando entre los dos agentes quien salió esposada, con cara de suficiencia, chula y prepotente era Alira, la muchacha que descaradamente había hablado con ella y la había besado.
Justo cuando pasaba a su lado, Alira fue consciente de la presencia de Morgana y sin más le dedicó una sonrisa radiante y le dijo:
-          Nos veremos pronto preciosa. – acompañando la frase con un guiño de ojo.

martes, 19 de febrero de 2013

Frustración, ahogo, ganas de gritar


Frustración, ahogo, ganas de gritar…la realidad me asfixia mientras veo que estoy a mitad de todo lo que quiero conseguir en la vida y no avanzo, ya son varios años aquí en la estacada y ya son muchas las personas que se han olvidado de mi mientras yo, aquí, sigo sin dar ese paso adelante definitivo que me lleva a arrancar sin mirar atrás. Esperando a que un milagro me rescate, que una mano se alce entre la multitud ante la mención de mi nombre, esperando la oportunidad que me haga emerger de ese pozo en el que me obligan a meterme. Tal vez sea mi complejo de olla express guardarme todo poco a poco hasta que sin más no aguanto la presión y en un gran BOOM sale todo a la luz como un torrente destructivo que a la que más deja perjudicada es a mí, quizás sea mi completa dedicación a otras cosas dejando mi vida siempre un poco aparcada esperando retomarla quizás en un momento de aburrimiento o cuando, quizás, ya no sea necesario retomarla.
Estoy harta de darlo todo en la primera calada, estoy harta de ser ese baso de tubo que después de una larga noche de fiesta queda botado en medio de la basura del botellón, estoy harta de llegar a casa y que amargas lágrimas recorran mis mejillas pensando en que pasa otro día más sin que me sienta más cerca de la meta más pequeña que tengo.
Ver como los demás avanzan hacia lo que quieren currándoselo día a día y ver cómo tanto trabajo tiene su recompensa me causa alegría, porque al fin y al cabo, son amigos míos y sé que se lo merecen. Pero estoy muy cansada de currar yo y ver que no hay respuesta, no hay premio, no hay recompensa. Simplemente estoy aquí un día más sentada en el sillón, recordando qué es lo que he conseguido, qué es lo que quiero, cuánto he trabajado y lo poco que he logrado.
Quizás sea demasiado dura conmigo misma, pero no me cansaré de repetir que no me hacen falta enemigos porque, a la mayor enemiga, ya la llevo dentro yo. Me torturo día a día, recordándome justo antes de acostarme todas y cada una de mis batallas perdidas, todas y cada una de las oportunidades que se me abrieron y rechacé o simplemente dejé escapar.
Pero claro, a las críticas de desconocidos no tengo miedo, me aterran aquellas que vienen directamente de aquellos seres queridos que me conocen lo suficiente como para saber qué me hace daño, que son conscientes de donde me tienen que golpear exactamente para no levantarme. Y lo que más me duele, es que a pesar de que yo ya me doy mi dosis diaria de sufrimiento, también a veces recibo dosis extra de personas que me conocen, saben cómo soy, pero parece encantarles ver como se me apaga el mundo con un simple comentario que da el golpe de gracia.

domingo, 10 de febrero de 2013

Sensaciones intensas....

Y en esto que abres los ojos y sientes esa sensación de que tu mente flota, sonrisa tonta en la boca y caes en la cuenta de que estás allí, justo en medio de la típica fiesta multitudinaria como es el carnaval. Coges tu baso  de plástico con los dedos apretados por si, en uno de esos va y ven que tus amigos empeñados en hacer frenéticamente llamándolo baile, van y te tiran la copa, que por cierto está muy fría congelándote los dedos y aguanta una pobre cañita mordisqueada que pide a gritos el paso a otra vida mejor. Miras alrededor y ves lo típico, gente que mira a sus amigos y hacen movimientos ridículos mientras sonríen creyéndose a la moda, gente con la mirada perdida en el infinito que parece estar en un mundo mejor después de muchas copas y vete tú a saber si alguna que otra sustancia. También encuentras esa gente que no para de moverse y ves una y otra vez porque tus amigos también pertenecen a ese grupo, que van de zona de fiesta en zona de fiesta en busca de las mejores canciones y del mejor ambiente.
En medio del típico caos, música elevada a volúmenes indecentes, corriendo la bebida, el humo y demás sustancias y fluidos corporales que mejor no mencionar te encuentras tú. A pesar de todo estás feliz, pero hay un problema, y es que con las inhibiciones queda suelta esa parte de ti que procuras mantener sujeta a costa de todo, esa parte primitiva, visceral, que va a la caza de cualquier desprevenido o desprevenida que pueda caer en tus redes. Si, señoras y señores, queda libre ese instinto sexual que llevamos tatuado en el alma, en la sangre y en el ADN. Buscas cuan lobo o loba feroz y con esa mirada brillante, selectiva y muy por encima de todo animal ese respiro de aire y libertad que te da el hecho de conocer exactamente qué es la libertad. No hablo de que te vuelvas loco o loca cuando te emborrachas o cuando estás alegre por otras sustancias, hablo de esa libertad que te invade por saber que estás así porque tú lo has decidido, porque tú lo buscabas y lo ansiabas. 
Te sientes grande, poderosa, sensual...a pesar claro, de que vistes como una piltrafa o como un putón según sea tu disfraz, (cabe destacar que mejor te sientes llevando este último tipo de disfraz), la cuestión es que te vez capaz de todo y como un ser que es imposible casi de detener.
Aquí es cuando algunos se permiten hacer de todo, unos van a por una presa a pesar de ya tener pareja, otros van a por la presa simplemente porque están solteros y les apetece buscar un momento de diversión con otro individuo parecido a él o ella que busque lo mismo, otros se quedan rezagados porque simplemente no buscan nada y apenas son conscientes de este sentimiento que a algunos les embarga, otros buscan y se llevan calabazas por hacerlo de una manera poco adecuada o intentar estar con la persona menos adecuada...Sin embargo allí estoy yo. Sintiéndome exactamente así. te diré que esa sensación de totipotente es lo mejor que he podido sentir en mi vida y describirla del todo me llevaría una vida entera, pero aquí estoy para decir qué haría yo con ella. Yo buscaría la perfección siendo consciente de que no la encontraré, pasearía mi orgullo, mi ego, mi pavonería y todo mi ser elevado al máximo exponente por en medio de ese río de gente. Disfrutando con cada mirada, cada piropo, cada admiración e incluso de cada insulto. Lo malo me parece liberador porque a través de la palabra puedo expulsar un poco de mi poder para dejar al emisor del insulto desconcertado.
¿Qué busco? Admiración, deleitarme, disfrutar de las personas, darme cuenta de lo grandiosas que pueden ser algunas y de lo poco que merecen la pena otras. Busco interactuar, que me respondan, sentir, hacer ejercicio físico, disfrutar de todo y sentir que puedo derribar de cualquier manera a aquél o aquella que se atreva a impedírmelo. Y con las personas, si no me lío con alguna será porque lo que tengo en casa merece mil veces más la pena que algo pasajero, será que me niego a perderme la sensación de poderío mientras recorro un cuerpo o será simplemente que ya estoy saciada de contacto humano...Ohh Carnavales, Amados  CARNAVALES....!!!