Llegamos
a creernos realmente invencibles, justo en la cima de nuestras vidas, desde
aquella primera vez que en aquel instituto cruzamos las miradas, no sé si fue
el destino, la atracción de los cuerpos o la física y la química que generó el
roce de nuestras bocas al experimentar con nuestros cuerpos la manera que
encontramos inicialmente de dar rienda suelta a nuestro amor. Lo que sé es que
surgió y lo supimos mantener, contra viento y marea las dos juntas cogidas de
la mano llegamos a rincones del mundo que apenas llegamos a soñar y a veces
solo con cerrar los ojos, aunque en verdad viajamos bastante. No había reto que
juntas se nos resistiera, cualquier enfado con una muestra mínima de cariño por
parte de ambas se disipaba y la mayor de las cargas se hacía ligera si se
compartía. Diecisiete años juntas y parece mentira, gritos, no solo de pasión,
momentos, lugares, como, porqués, y cuando compartidos… Dos vidas unidas en la
eternidad desde una simple mirada, una necesidad la una por la otra que cuando
se manifestaba dolía físicamente, ansiedad que se veía disipada en momentos
tanto sexuales como simplemente viendo la tele encogidas en un sillón que
habían pagado juntas con esfuerzo.
Su
lugar favorito sin duda era la cama, aquella en la que Miriam pasó las mejores
situaciones junto a Carmen, pero también las peores. Esa cama fue testigo de
muchos momentos, pero los que se quedaron marcados para siempre fueron en los
que las lágrimas rodaban, el diagnóstico de cáncer de mama de Miriam, el
regreso de la operación en la que perdió el pecho, los esfuerzos de Carmen por
ser un apoyo firme e incondicional, la quimioterapia, los momentos de
demostración de afecto cuando Miriam se veía con fuerzas, la recuperación
completa y sin más, la recaída por metástasis a la enfermedad…
Ahora
Carmen estaba sola, acostada en el césped con unas flores ante la tumba de su
único amor, ese dolor físico la estaba destruyendo desde su ausencia de esta
vida, lloraba desconsolada mientras en su mente sonaba como un mantra las
últimas palabras que le dijo a Miriam “Quédate conmigo”. La respuesta de Miriam
fue tocarle el pecho justo encima del corazón y las palabras “Desde la primera
mirada te prometí que era tuya y que jamás me separaría de ti, y siempre cumplo
mis promesas”