jueves, 14 de marzo de 2013

Capítulo 3 No es lo que parece... =)


¿Sabes lo que es la obsesión? Pues eso sentía yo a esas alturas. Como cuando se te mete en la cabeza esa canción pegadiza y simplona a morir de algún anuncio del que nunca probarás el producto. Pero yo sí que estoy dispuesta a probar el producto de esa banda sonora maravillosa que tenía ya el centro y pilar de esta obsesión.
Por supuesto de juicios hoy no me libraba y no era mi intención. Hacía un par de días me había llamado mi querida abogada y me había advertido de que hoy tenía que presentarme a ese maravilloso juicio por el que la señorita Morgan se empeñaba en hacerme pasar, aunque sabía que en el fondo no tenía posibilidades de mandarme a la cárcel, pero era un trago que tendría que beberme aunque fuera amargo.
Pues me dediqué a hacer lo que mejor se me da, me senté en ese sillón con una pierna en el reposabrazos, después cuando llegó la señoría me senté como una niña buena, por cierto iba vestida con pantalón y chaqueta a juego negras, una camisa blanca con un botón demás desabrochado, mi corto pelo alborotado con espuma efecto mojado…vamos, iba como una puta señora pero a mi estilo, no se podría quejar mi abogada, que por cierto demoró esos ojitos lindos en el mismo escote que hacía un par de meses besaba con frenesí.
El juicio fue rápido, la señoría había fallado a favor nuestro debido a la falta de pruebas que tenía la acusación. Al salir me di el lujazo de sonriendo guiñarle un ojo a Morgan antes de irme, su expresión fue inescrutable y eso hizo que algo dentro de mí se removiera, parecía que las emociones de esa mujer me afectaban, pero automáticamente me reí y deseché esa idea, hacía ya muchos años que solo pensaba en mi misma y todo lo que pudiera darme provecho y punto.
Mi abogada, Marta por cierto, quería tomar algo conmigo, pero por supuesto decliné su oferta, tenía que cambiarme y salir corriendo al club donde siempre mi grupo tocaba. Hoy iba a tener lugar allí la presentación de mi canción. La reacción de mis compañeros al escucharla fue espectacular y no tardamos mucho en añadirle todos los instrumentos y fijar esos pequeños detalles que hacían de ella, una auténtica obra maestra.
En el baño del juzgado me cambié de ropa, me puse mi camisa negra con el logotipo de mi banda, la chaqueta de cuero negra, mis pantalones negros ajustados con más agujeros que un colador, las cadenas que sujetaban mi cartea a los pantalones, mis anillos plateados, mis botas militares casi hasta la rodilla, el pelo me lo lavé en el lavabo y me lo coloqué como una especie de erizo cabreado y me acentué el lápiz negro en los ojos, los labios…de rojo.
Cogí la moto, me puse el casco con la mochila al hombro y atravesé como un vendaval las calles que me separaban del club. Estaba convencida de que un par de multas llegarían a mi casa, pero me daba igual.
Nos subimos al escenario y comenzó la magia. He de admitir que me invade una sensación increíble, parece que me transformo cada vez que estoy ahí arriba contemplando a toda la gente que no para de vitorearnos justo antes de desplegar nuestra música, o como a mí me gustaba llamarla, nuestra vida.
El local estaba lleno a reventar, la gente coreaba nuestro nombre y en los reservados sabía que se ocultaba un rostro nuevo. Una de las ventajas que tiene que seas la propietaria de un local como mi club es que te enteras de todo, incluso de las visitas inusuales, y hoy iba a disfrutar mucho con esa visita.
Cuando cogí el micrófono como si de una amante se tratara todo a mí alrededor se fue, estaba yo, mi grupo el escenario, mi voz y nada más. La música fluyó y mi voz desgarrada se acopló como un amante necesitado de amor. Eran las canciones de siempre, las de discos antiguos y las de más recientes, pero lo verdaderamente increíble ocurrió cuando después de estar tres horas allí llegó el momento de mostrar la nueva canción.
La gente reaccionó muy alborotada al principio, pero después comenzaron a callarse y a mirar al escenario y a mi poco a poco, cuando quise darme cuenta había lágrimas y sonrisas, y al poco tiempo la gente coreaba el estribillo. La tuve que cantar tres veces, pero mereció la pena y más. Al irnos la gente protestó, pero tendrían que volver a la semana siguiente como siempre para poder tener otra dosis.
Subí directa al palco donde sabía que estaría, pero al llegar ya no había nadie. Me habían anunciado que unos segundos después de llegar y entrar al concierto una mujer había llegado y había pagado una fortuna por el palco para asistir, según la descripción del portero se trataba sin duda alguna de Morgan, ella era inconfundible. La felicidad momentánea que había adquirido en el escenario se me esfumó de un plumazo y le di una patada a una de las cómodas butacas. Allí mismo pedí a uno de los camareros que me acercara mi bolso y me después de prepararlo me fumé un porro para tranquilizarme. ¿Por qué me habría seguido hasta aquí? ¿Para qué? Y ¿Por qué me cabreaba tanto el no haberla visto?
Después de una hora allí sentada con la tranquilidad y paz que le había pedido a los camareros me levanté y fui a mi despacho, allí me cambié de ropa y salí del local. Me dijeron fugazmente que habíamos hecho la caja de nuestra vida, rechacé un par de citas que me proponían chicas desesperadas o admiradoras, me despedí de mi grupo y me dirigí a casa decepcionada, teniendo la sensación de encontrarme vacía.
Aparqué mi moto en el garaje y subí en ascensor, éste subió hasta llegar a la primera planta y se paró, una mujer entró medio de espaldas y se cerraron las puertas, no me sorprendía, no conocía a ninguno de mis vecinos y sus vidas me importaban una mierda. Me encendí un cigarro sin más.
-         ¿No sabes que no se puede fumar en un ascensor y que encima hacerlo con una persona delante ya es el colmo de la desfachatez? – Comentó la mujer sin darse la vuelta.
Sonreí, no me podía creer lo que me estaba diciendo. Mi mirada se iluminó y de repente no quise jugar.
-         ¿A ti no te han dicho nunca que a los conocidos se les suele saludar? Digo yo, es lo mínimo después de seguirme hasta mi club, pagar una fortuna es más, podrías habérmelo pedido y te invitaba a entrar gratis.
Morgan se dio la vuelta se quitó la capucha de la sudadera y me miró. Tenía una expresión seria.
-         Quería que supieras lo que se siente al que te espíen y te sigan, aunque creo que a ti te da lo mismo, también he venido a negociar.
El ascensor se paró sin más y llegamos a mi ático, abrí la puerta.
-         ¿Quieres entrar? Te invito a tomar algo y hablamos de lo que quieras.
Morgan pareció vacilar, pero finalmente entró con la espalda muy recta. Llevaba unos pantalones blancos ajustados, unos all star azules a juego con la sudadera. Nunca la había visto con un  aire tan informal, porque hasta al gimnasio acudía con emperchada, pero me moló mucho, parecía rejuvenecer aparentando por fin la edad que tenía.
Morgana se quedó de pie en medio de mi sala de estar y le pedí amablemente que tomara asiento, no me hizo falta preguntarle su bebida favorita, la había expiado lo suficiente como para saber que era un wiski doble si era bebida alcohólica, pero aun así le pregunté:
-         ¿Tienes el coche o has venido andando?
Ella me miró con una media sonrisa.
-         Andando. – respondió secamente.
Me sorprendió bastante, pero decidí experimentar, iba a hacer un mojito de los míos, al menos entre mis compañeros de banda eran famosos. Fui a la cocina, preparé los ingredientes y de camino un porro, cuando tuve todo listo serví dos vasos de rico mojito en una bandeja negra y lo llevé a la mesa de la sala, delicadamente puse dos posavasos y coloqué la bebida, llevé la bandeja a la cocina. Me senté justo enfrente de Morgan, ella en el gran sillón de cuero y yo en uno individual. Notaba su mirada vigilando cada movimiento mío y miento si digo que no me provocó algo de excitación, con los ojos muy abiertos vio como me encendí el porro, le di mi primera calada, crucé mis piernas.
-         Dime, ¿Qué querías decirme? Te escucho atentamente Morgan. – Hice bastante énfasis en su nombre, noté su media irritación pero me relamí de gusto.
-         Primero, para ti soy Morgana y segundo, quiero que me dejes en paz a mí y a mi familia.
Y tan pancha se quedó, desde luego si algo caracterizaba a aquella mujer era ir directa al grano cuando quería. Por supuesto no me iba a hacer la fácil.
-         Gano mucho dinero con esto, tengo muchas cosas que mantener y hoy, si mal no recuerdo, he ganado un maravilloso juicio, ¿Qué te hace pensar que voy a ceder así porque sí?
Sin más ni más la vi sonreír, cogió el vaso de la mesilla y se lo bebió de golpe, de un solo trago y sin respirar, cosa que me dejó bastante impresionada porque precisamente poco alcohol no tenía, se levantó lentamente. Yo supongo que tendría los ojos completamente abiertos mientras sujetaba el porro con una mano con un cenicero debajo, el otro brazo en mi estómago y las piernas cruzadas.
-         Creo que es la primera vez que te veo bien sentada sin que nadie te obligue. – comentó como si hablara sobre el tiempo.
Yo permanecí callada, a la espera.
Morgan caminó un par de pasos hacia mi mientras metía una mano en su bolsillo, sacó algo pequeño que ocultaba su mano, con delicadeza me cogió el porro de la mano y se lo llevó a los labios, con tanta charla y yo allí paralizada viendo a la diosa pues se me había apagado, de su mano surgió una llama dando a conocer que lo que su mano ocultaba era un mechero. Le dio un par de caladas mientras rodeaba mi sillón.
Parecía una película surrealista, porque ni mi imaginación alcanzaba a tanto, sin más su cabeza y su mano sosteniendo el porro en sus labios apareció a la derecha de mi cabeza y soltó el humo. Yo cada vez respiraba de manera más agitada, era increíble como aquella mujer me removía las entrañas tan profundamente. Volvió a darle una calada al porro lentamente mientras daba la vuelta a mi sillón quedándose frente a mí, puso el porro en el cenicero y se inclinó apoyando sus manos en los brazos del sofá e inclinándose hasta que nuestros ojos estuvieron al mismo nivel y nuestras caras a unos diez centímetros.
Sin darme tiempo ni a enfocarla bien se acercó y ocurrió lo que menos me esperaba esa noche, me besó y me pasó el humo. Cuando se separó a los treinta segunditos expulsé lentamente el humo que me había pasado.
-         Un placer verte, pero tengo una hija que atender. Buenas noches Alira.
Lentamente se encaminó hacia la puerta.
-         Espera, ¿Por qué me has besado? – Le dije con una voz que más pareció un jadeo.
-         No me gusta deber nada a nadie. – contestó sonriendo.
Me acerqué lentamente y la volví a besar. Pero no duró mucho, ella volvió a besarme, al final resultaba que era verdad que no le gustaba deber nada a nadie.
La acompañé hacia la puerta decepcionada, suponía que aquí se acababa todo, no nos debíamos nada, me había advertido que quería que dejara a su familia en paz y poco más. Aunque en lo último, se equivocaba de cabo a rabo, no la dejaría en paz a ella en mucho tiempo.
En la puerta la miré, supongo que mi cara reflejaba suficiencia, aunque supe a la perfección que mis ojos mostraban tristeza.
-         Me gusta demasiado mi vida privada Alira, no soy como la mayoría piensa, es más, ni siquiera mi madre ni mi marido me conocen, y no quiero que tú lo averigües por la fuerza.
-         Entonces dame permiso.
Se acercó a mí y me dio otro beso, pero esta vez intenso, profundo, largo y delicioso, al separarse de mi hubiera apostado porque aún no había abierto bien ni los ojos del gusto, del calentón y del subidón de adrenalina.
-         No – contestó, cerró la puerta y se fue.

domingo, 10 de marzo de 2013

Capítulo 2 =) No es lo que parece...


     Siempre he pensado que es un pastel salir de la cárcel, aunque hayas estado en un calabozo retenida simplemente. Los cabrones de la revista tardaron más de dos horas en ir a pagar mi fianza y aun así me dijeron “Deberías darnos las gracias” Como si arriesgar mi culo para que ellos se forren no fuera suficiente.
Por fin estaba libre que era lo que importaba, y a pesar de que los de la policía se creían poseedores de las pruebas que, tarde o temprano, creían que me mandarían a la trena, resulta que mi habilidad con las manos va más allá de lo que muchos piensan, en la tarjeta que ellos confiscaron habían un par de fotos simples en las que se podía apreciar a Morgana en la calle, a su marido y a la niña, pero siempre podría excusarme diciendo que a la niña le íbamos a pixelar la cara en la publicación. No sabía bien cómo se las iban a ingeniar los abogados de la revista para la que trabajo, pero me sacarían de aquella tal y como me han sacado de mil más.

     Es duro ganarse la vida metiéndote en la vida de la gente, eso lo sé yo por experiencia como ya se habrá podido notar, pero una tiene que vestirse, comer, vivir bajo techo y demás cosas. Hombre, que yo me he excedido porque no tengo ningún problema en admitir que soy una puta inconformista caprichosa, no como cualquier cosa, vivo en el centro de la ciudad en un ático que es una delicia y me visto de una manera extravagante, sí, pero cara de mantener. Para el caso es que ahora me encuentro en una cafetería esperando a Sofía, tengo ganas de perderme de nuevo entre esos muslos y olvidar el cacheo exhaustivo de esa policía que lejos de ser la típica de pueblo quemada, gorda, fea… la señorita según pude averiguar acababa de salir de la academia y vamos, que me dejó más salida que el pico de una plancha.

      Soy franca si, se podrá notar con la frialdad y quizás vulgaridad con la que hablo, pero en el fondo soy una buena tía, no me gusta jugar con sentimientos y en las noches de luna llena, puedo ser la chica más romántica que puedas encontrar a este lado de la ciudad. Pero me han jodido tanto en el amor que, efectivamente, ya no creo en él, hago lo que sea por no enamorarme y disfrutar mi vida a tope siendo el águila intocable que vuela lejos de todo. Obviamente busco el amor, pero justo cuando lo encuentro me escapo cuan ninja de una trampa, no quiero verme involucrada en “Te quiero” en pleno polvo y mucho menos viviendo con una bollera amargada necesitada de mimos constantes y dependiente de mi médula hasta para ir al baño. Soy demasiado independiente para esas tonterías y puede que en eso me parezca a mi padre, siempre tengo ese lado masculino del que estoy orgullosa de haber heredado.

      Sí, soy bollera por si no se había notado y tuve una adolescencia traumática, en realidad no, simplemente mis padres esperaban otra cosa de mí, todo vestiditos rosas, tomar el té, novios y demás gilipolladas, pero lejos de eso, salí rockera (Toco los fines de semana con un grupo), mi aspecto siempre será como una buena rockera que se precie pues, extravagante, de negro casi siempre, cadenas, chupa de cuero, mi amada moto (se llama princesa) mis gafas de sol, ojeras de no dormir bien y demás. Lo único de lo que puede estar orgullosa mi madre es del maquillaje, fue lo único que me quedé de su educación aparte del carácter agriado con el tiempo a base de miles de peleas y una voz desgarrada que me sirve de puta madre como vocalista que soy de mi grupo.

      Me fui de casa a los dieciocho cagando leches con la que en aquel entonces pensé que era el amor de mi vida, una tía que me sacaba veinte años y me prometía dinero, sexo y amor, todo lo que una ilusa puede desear, pero pronto descubrí que era una desequilibrada mental a la que no aguantaría ni por todo el dinero del mundo, me aproveché de ella, (sé que está mal que lo diga) pero una tiene que sobrevivir como sea, estuve dos años con ella, el tiempo suficiente para que ella me pagara y yo terminara un curso de fotografía profesional. Justo el día que lo acabé salí corriendo de su casa con el mejor contrato profesional que me han hecho en la vida (aun me gano la vida de él) y nada, aquí estoy, en este bar, siendo quizás una chica complicada, que tiene lo que quiere.

     En el trabajo se puede decir que soy infalible, la revista me pide unas fotos determinadas y yo, sea como sea, se las consigo. A veces también les hago revelaciones como fotos que ellos no habrían ni soñado tener. Justo ahora, en la ranura especial que tengo en mis botas tengo una tarjeta donde hay fotos como para hundirle la vida al marido de Morgana, fotos preciosas también de la niña, de Morgana y esa última sección que no saldría nunca a la luz, donde se ve a la queridísima abogada de lujo bañándose en el gimnasio. Y si, pueden llamarme fetichista o lo que quieran, pero cuando hay algo que me gusta, o encuentro una joya de la corona, que es como a mí me gusta llamarlo, me la quedo para mi colección personal. Tengo memorias llenas de fotos de fotos que quizás mucha gente consideraría de pervertida, de rara, de no sé, tengo fotos de ancianos de la mano, de chicas llorando en el parque, de niños felices jugando a la pelota poniéndose perdidos de barro…He de admitir que éstas son las primeras que tengo de una chica desnuda, pero bueno, algunas tenían que ser las primeras y éstas se lo merecían. La abogada tenía un cuerpo escultural, no era perfecto como los de las modelos, pero a pesar de las estrías del embarazo y la flacidez en algunas partes que se notaba que estaba desapareciendo casi del todo y solo quedaban los reductos más difíciles de eliminar. Pero a pesar de todas estas nimiedades corporales, Morgana tenía algo que llamaba mucho la atención, era una persona muy atractiva, quizás fuera por su voz, por su manera de expresarse, por sus gestos, movimientos…No lo tenía claro, pero lo que no puedo negar es que me causó una impresión espectacular, que me gustaba mucho y la besé por puro placer de sentir esos labios carnosos en los míos, y ahora estaba deseando llegar a casa para desfogarme con Sofía en mi habitación.
-              - Pensando en la reina de Roma, por aquí te asomas preciosa – dije cuando vi aparecer a Sofía.
Siempre me había encantado camelarme a mis chicas, verles esa carita de sorpresa y gusto no tenía precio.
-             -  Tan zalamera como siempre cariño.- ¿Te gusta mi pelo? Me lo corté hoy solo para ti. Y también me puse este conjunto especial.
     
      Le eché una ojeada muy descarada, tacones altos de aguja rojos, falda ajustada negra y muy, muy corta, camisa negra de escote generoso, como siempre un botón de más desabrochaba que dejaba a la vista las puertas abiertas del cielo sin un San pedro para vigilarlas y su pelo, corto de manera cuadrada hasta un poco más abajo de la barbilla perfectamente planchado. Sofía es una chica impresionante, pero esperaba que no se pusiera con tonterías esta noche.

-            -  Estás espectacular cariño. – le dije sin más lanzándole una mirada descarada a su escote.

-              - Ya veo. ¿Me dejas tomarme algo o prefieres no verme más la ropa puesta?
-              -  Lo segundo, pero si quieres hacer lo primero tampoco me disgusta.

     Se tomó un café cargado mientras parloteaba, pero llegó un momento de la conversación, la cual no me interesaba, que me hizo poner los cinco sentidos.

-              - Alira, quiero algo más. – dijo con la cabeza baja y la vista fija en mi café.
-              - Pues pide lo que quieras amor, sabes que esta noche invito yo. – Nunca estaba demás eludir el tema, pero dudaba que colara.
-             -  Eso no es tonta, quiero decir de ti y de mí, de nuestra relación.

Suspiré, precisamente hoy no tenía ni cuerpo ni ganas para mantener esa conversación, estaba cansada, de mal humor, solo me apetecía echar un polvo salvaje e irme a dormir. Pero ella consciente de eso precisamente se aprovechaba de la situación, odiaba eso ¿Por qué las tías son tan complicadas joder?

-               - No estoy de humor y lo sabes, no soy esa gama de grises que quieres ver en mí Nena, desde que nos conocimos sabes que esto es o blanco o negro. O me tienes de manera sexual de vez en cuando como amante libre y sin ataduras o no me tendrás como nada. Tú eliges y sabes que que es lo que puedes soportar.

Vi como bajó más la cabeza y sinceramente me dio mucha pena, sé que ella ve en mí a esa princesa azul que nunca llegaré a ser ni en sueños y no estoy dispuesta a alimentar esas esperanzas destructivas.

-              - Prefiero tenerte así que no tenerte. – dijo muy bajito, casi en un susurro como si se le hubiera roto algo por dentro.

     No estaba para dramas, fui a pagar y al llegar ella ya tenía su bolso colgado y me esperaba con una sonrisa, sé que la sonrisa es falsa no soy idiota, pero se lo agradecí con toda el alma. De camino a mi casa, que estaba a dos pasos, no hablamos mucho, notaba su excitación cuando íbamos de la mano, al abrir las puertas del portal del edificio, nada más entrar me lanzó sin piedad ninguna contra la pared y sin darme tiempo siquiera a reponerme me enderezó me sujetó mi corto pelo y me besó de una manera tan pasional, que he de decir que mojé bragas automáticamente. Subimos en el ascensor sin parar de besarnos y meternos mano, he de decir que adoro las faldas y más cuando la propietaria no lleva ropa interior.

     Llegar a la cama fue la gloria y desprenderse de manera salvaje y brutal de la ropa fue un placer. Incansables saciábamos nuestras angustias, penas, deseos, esperanzas y anhelos dándonos placer, un estallido de gritos tras otro resonaban en el cuarto.

     He de admitir que estaba muy bien, pero lo pasé mal, en mi cabeza donde normalmente no hay nadie en concreto salvo la chica que tengo entre manos, ese día tenía a una abogada espectacular, casada y con una niña preciosa.

     Sofía quedó dormida a las horas, pero yo aún tenía cuerda para rato y no precisamente sexual, sino que otra mujer vino a visitarme, y a esta yo jamás le daba plantón. Es mi musa y cuando ella viene es a ella a quien sirvo.

     Cuando quise darme cuenta en mis manos tenía una canción recién compuesta, los cascos donde escuchaba mi guitarra colgados al cuello, el micrófono recién usado allí mirándome como satisfecho y mis párpados cayéndose de sueño.

     A la mañana siguiente mi cama estaba vacía, una nota con un “Te quiero y espero que algún día te des cuenta de que tú me necesitas y también me quieres” escrito y yo, no podía con mi vida.

     En la nevera la foto de una tía desnuda con unos guantes de boxeo, regalo de mis amigas del gimnasio, me saludaba diciendo en un bocadillo “Buenos días mi campeona” Sonreí, siempre me hacía reír esa imagen y cogí los hielos.

     Me dirigí a mi minibar saqué el ron y me preparé mi copa mañanera al mismo tiempo que me liaba un porrito de maría de la buena. “La llamaré Morgan, Morgana es demasiado serio” fue mi primer pensamiento serio de ese día que acababa de comenzar.