lunes, 19 de agosto de 2013

Yo siempre seguiré siendo el rey....

Capítulo 3

Me llamo Mario y soy un libro abierto, directo y muy conciso. Por eso me describiré en pocas líneas, mi historia comienza en bachillerato en el año de la castaña, dicen que las cosas buenas se experimentan en la universidad, pero yo me adelanté. Drogas, sexo, alcohol…vamos, llegué a la universidad bastante bien entrado en los conocimientos buenos de la vida. Poco a poco comencé a montar mi pequeño imperio, con el trapicheo por supuesto. Nunca fui atractivo en mi juventud, pero gracias al crecimiento, el cambio de metabolismo y mi gran empeño de estar en forma conseguí convertirme en lo que soy ahora. Un tío guapo, musculoso, inteligente, con trabajo influyente en la sociedad, trapicheos oscuros encubiertos y una mujer que vale oro.
Levanté mi pequeña fortuna a pulso y conseguí hacerme famoso gracias al cuerpo que me trabajé en la universidad, ya que, mi pensamiento de aquel entonces era que si iba a la cárcel, al menos que mi cuerpo mantuviera acojonados a los matones.
Me casé hace poco, no me acuerdo de la fecha exacta porque eso es cosa de mujeres, a mí con saber que mi niña está loquita por mis huesos, es feliz y que todo en mis ámbitos más oscuros va bien me conformo. Para más información, ella no sabe nada sobre mi vida oscura y espero que jamás se entere y no quiero hablar más de este tema.
No es oro todo lo que reluce. Le he puesto los cuernos a mi mujer solo una vez, ella era prostituta de lujo por mucho que la muy guarra se empeñara en decir que era “Acompañante de lujo”, sé al son que bailan esas mujeres y en cuanto la billetera se abrió también sus piernas. Mi historia con esta chica es interesante, su nombre era Vanesa y después de tirármela, descubrí que era una tía con talento, así que me convertí en su manager y la catapulté hasta donde está ahora. Me la seguí tirando hasta que la muchachita dándoselas con ínfulas de famosita me comenzó a pedir más dinero. Después llegaron las discusiones grandes porque quería que redujera mi porcentaje de beneficios y mil detalles más. Al final se buscó a otro manager y yo pasé de todo por mi bien el suyo y el de mi mujer. Al fin y al cabo era otra putita que se las da de superior que sin la ayuda adecuada se estamparía en cualquier esquina.
La que me da pena es mi mujer, Vanesa y ella estaban muy unidas desde que mi mujer estaba en la universidad y ella fue la que me la presentó ya no recuerdo ni cómo. Mi sorpresa fue mayúscula cuando un amigo me la impuso como acompañante para cerrar un asunto de drogas. El trato se cerró excelentemente, descubrí lo puta que podía ser la amiga de mi mujer que me venía con cuentos de que era bollera, pero bien que le gustaba un rabo, doy fe y ya está. Pero claro, al marcharse con otro manager y todo el follón Vanesa se marchó del país y mi mujer hace seis meses que no es la misma. Espero que pronto encuentre otra amiga y se le pase porque no aguanto más llegar a casa y encontrarme a la reina de mi hogar depresiva. Admito que soy un machista de mierda en ocasiones, pero con mi mujer no, ella es mi diosa y el pilar de mi vida.
Y esa es mi historia, mi mundo de día es ser manager, amante y fiel esposo, hombre de negocios, respetado miembro de la comunidad…de noche, soy todo lo contrario, manejo el mundo de la droga en tres ciudades importantes, de fiel no tengo ni las pestañas, el respeto lo consigo a base de golpes, sangre y muerte…Soy el perro fiel de día, que se convierte en lobo de noche. Quien me la hace, lo paga muy caro. ¿Mi estilo a la hora de matar? Porque espero que hayas supuesto que este mundo es peligroso jaja. Pues no dejo rastro, simplemente dejo que otros hagan por mí el trabajo sucio, cuidado, porque puedo señalar en cualquier dirección y lo que yo señalo, tiene tendencia a morirse, no sé bien aún porqué. (ésa es mi amenaza favorita en los negocios)

viernes, 16 de agosto de 2013

Luchar o morir....

Capítulo 2

Bueno, tocan presentaciones, ya que estos capítulos, de una historia indeterminada que la autora ha decidido hacer así porque se levanta por el lado izquierdo de la cama, van de esta manera y dudo que lo vaya a cambiar. Vale, tengo tendencia a enrollarme, pero soy una tía simple.
Me llamo Vanesa, estudio bellas artes aunque ya estoy haciendo un master, soy modelo de fotografía y pasarela, también soy actriz y cago bien por las mañanas. En realidad hace un año no me conocía ni mi madre, actualmente mi queridísimo manager se está planteando ponerme escolta porque me acosan demasiado. Pero vamos con mi historia, cuando no era nadie.
Entré a la universidad por mi propio pie, tenía un par de kilos demás, y carecía del apoyo económico de mis padres ¿Por qué? Porque la hija de un diputado no podía dedicarse a estudiar bellas artes según su cabeza cuadrada. Pues fue sencillo, me largué de casa a mis diecisiete primaveras, busqué  trabajo de secretaria o chica de los recados de los secretarios verdaderos, gracias a que me aproveché de la influencia de mi queridísimo padre y estuve los dos peores años de mi vida poniéndome en forma. Bellas artes se me daba de puta madre, me encantaban todas y cada una de mis asignaturas y matarme en el gimnasio más aún. Estaba también en clases de teatro, fotografía y modelaje. Esos años fueron interesantes por todo lo que aprendí, pero en cuanto a vida social…bajo cero.
En el tercer año, ya con el cuerpo perfecto para que las clases de modelaje surtieran efecto, comencé a eso, a ser modelo y también empecé a cobrar suplementos. Con la ropa adecuada, el estilo adecuado y sacando la estricta educación que mis padres conservadores me habían brindado, me metí en la etapa turbia de mi vida. Yo era dama de compañía, una puta que no follaba salvo en situaciones especiales según mi definición sencilla, fueron varios los eventos a los que fui del brazo de un hombre importante, incluidas varias reuniones políticas a las que mi padre asistía granjeándome así su odio y la exclusión definitiva de la herencia, pero me lo pasé divinamente mirándole a los ojos mientras mi acompañante exhibía mis cualidades a la multitud dándome a conocer en los altos círculos de la sociedad.
En ese tercer año conseguí  dinero, aprobar ese año de universidad y conocer a la que sería el gran amor de mi vida hasta la actualidad. He de aclarar que soy bollera por cierto, ¿Cómo aguanto ser acompañante de hombres? Pues en un trabajo no tiene porqué gustarte todo hija mía, así que mucho alcohol y listo, ¿En cuánto al sexo?  Sí, cobraba un pastón por polvo. Disfrutaba más cuando me contrataban mujeres, porque aunque muchos lo nieguen en las altas esferas también hay lesbianas sueltas y es un gusto y placer anunciar que a más de una el extra de tener sexo no se lo he cobrado. Y sí, ser lesbiana era un motivo más para que mi padre no me quisiera ver ni en pintura, pero de eso se enteró después, vamos, que salí de casa antes que del armario.
Acompañaba esa noche al director de una universidad, no me está permitido decir el nombre de la eminencia por cosas del trabajo y el secreto profesional, y al entrar por la puerta con mis tacones y vestido de Dior, no pude evitar fijarme en la pobre becaria que acompañaba al pringado que se creía alguien por ser el entrevistador oficial de la revista universitaria. Él iba enchaquetado, perfectamente peinado y perfumado. La chica que me llamó la atención en cuestión tenía el pelo recogido en un moño muy cutre, tenía un chaleco marrón con miles de bolsillos, un traje marrón deslucido y unos tacones que tenían pinta de haberse recorrido el mundo antes de llegar allí por casualidad, una grabadora en la mano y con la otra sujetaba los cables del fotógrafo y el micro conectado a la grabadora.
Vale, soy una tía cruel que te mueres y me reí lo más grande ante la pinta de la pobre chica, pero tenía unos ojos, un cuerpo, un pelo…estaba muy buena. Y para que a mí me llame la atención una chica ya tiene que ser especial o rara de cojones, en este caso era ambas cosas.
Cuando el idiota del entrevistador acabó la chica se vio sumida en un caos, le colgaron la cámara, le dieron el micro y salió la pobre directa al aparcamiento con su pase de prensa en la boca. Yo me desembaracé de mi acompañante anunciando que tenía que ir al baño y la seguí.
Mi trabajo era sencillo, sonreír, posar para las fotos con la eminencia que tuviera al lado y estar como una figurita, o sea, más callada que una tumba, así que no notarían mi ausencia hasta dentro de unos largos minutos.
Me quité los tacones al salir del edificio y corrí hasta el aparcamiento y allí la encontré en una camioneta metiendo bártulos en ella.
-          Perdona, se me ha escapado mi perrito, es un chiuaua pequeñito, creo que está debajo de la camioneta ¿Lo has visto? ¿Me ayudarías a encontrarlo? – anuncié con cara de amargada sacando partido a las clases de teatro recibidas.
La chica me miró con cara de susto, asintió varias veces llevada por los nervios y se agachó automáticamente al suelo mirando debajo de la camioneta. Yo me acerqué para que al levantarse ella se encontrara con mis piernas y no pudiera evitar hacerme un repaso enorme al incorporarse. He de decir que esa táctica siempre funciona y es impresionante porque así ocurrió.
-          Perdona, pero no encuen…- Se quedó muda por el camino a partir de mis rodillas.
Demoró la vista en mis caderas, un poco más en mi escote y finalmente llegó a mis ojos que fue donde menos estuvo, porque desvió la mirada muerta de la vergüenza.
Yo me reí con ganas mientras la pobre se ponía más roja que un tomate.
-          Relájate, no se me ha perdido ningún chucho estos cócteles no son aptos para perros, el único que había lo tenía cogido del brazo y tu amigo lo entrevistó.
La chica pareció quedarse muda, hasta que me enteré de su nombre, que tenía dos trabajos y prácticamente su vida y obras. No me hizo falta ni alcohol para eso, sino la postura correcta al sentarme y que mis tetas quedarán bien a la vista. Ignoráis el poder de la seducción señores, con él se consiguen más cosas que con el suero de la verdad, el alcohol o las drogas.
Al rato vinieron a buscarme y yo, alegando que me había torcido un tobillo le deslicé a la muchacha mi tarjeta en un bolsillo y seguí con mi trabajo de esa noche.
Así conocí al amor de mi vida, una manera cutre teniendo en cuenta que estaba como un taxi, en plan “Puta de servicio”, pero ese detalle fue olvidado muy rápidamente, ya que cuando hay amor y sinceridad, lo demás deja de importar.
Con los años nuestra relación fue consolidándose pero no de forma pública, eso nunca, mi primer manager lo dijo claro “Ganas más siendo heterosexual públicamente hablando, en la intimidad por mí como si metes un perro entre tus sábanas, no nos jodas el futuroasí que no la cagues ”.
Cuando mi carrera despegó del todo a mi chica no se le ocurre otra cosa que convencerme de que si ella se casaba con mi manager estaríamos más tiempo juntas. Al principio fue sencillo y descubrí que tenía razón, pero con el tiempo ella encontró  trabajo fijo, yo me movía más por el mundo que la compresa de una coja,  actualmente…
Actualmente la amo más que a mi vida, pero no le hablo desde hace seis meses, quiero que me olvide, que siga con su vida y sea feliz… ¿Yo? No puedo permitirme sentir nada hasta que no salgan adelante por fin mi propia marca de ropa,  mi cadena de fotógrafos y se consolide mi carrera como actriz. Vale, sí, tengo mucho dinero, pero quiero tenerlo asegurado para el futuro porque querría retirarme de mi carrera de modelaje que es la que me daba de comer actualmente.

Y esta es mi asquerosa historia, como de la nada me hice puta para conseguir lo que amaba, como perdí a la única persona que me ha querido a pesar de mis miles de defectos ¿Todo por qué? Porque soy una persona que se ha currado lo que tiene siempre, sé lo que valgo y estoy acostumbrada a salir adelante a pesar de los impedimentos que siempre me han puesto. Al principio tenía sobrepeso  y no servía para modelo, conseguí ser modelo de las más prestigiosas del país, me decían que no saldría adelante en bellas artes y ahora tengo una colección de arte como para montar una galería, otro de mis proyectos, me dijeron que moriría de hambre si quería ser actriz y, joder estoy a dieta permanente, pero no me muero de hambre, en cuanto a mi vida privada…el amor es mi asignatura pendiente…en siguientes capítulos veremos si la apruebo.

jueves, 8 de agosto de 2013

Una historia poco corriente...

Capítulo 1


Si esperas una historia de heroísmo, valentía, romanticismo y demás mejor cierra esta página y búscate otra historia. Ésta no es una de esas que permanecerán grabadas en la historia como himnos y serán dadas en las clases de lengua, ni tan si quiera después de leerla creo que vayas a acordarte nunca más de ella. Pero si decides quedarte, recuerda que si estás en situaciones como las que aquí puedo llegar a describir, para ser feliz, solo tienes que hacer lo contrario a lo que hago yo.
Mi historia comienza dándome cuenta de lo lógico, no era como los demás, me sentía diferente y bueno, no es que estuviera destinada a ser Cat Woman ni una princesa ni hostias. Me di cuenta de que era lesbiana, me gusta más una chica que comer, ahora lo acepto sin ningún problema y me río de todo, pero a la tierna edad de quince años donde todo es un jodido drama, créeme, no fue nada fácil asimilarlo. ¿Qué de quién me enamoro? Jaja, no podía ser de otra persona que de mi profesora de Lengua Española. Si, es que yo la veía todos los días desde primera fila a veces, otras desde la última, pero eso sí, era incapaz de quitarle el ojo de encima porque era mi tipo de mujer.
Y así, en las sombras, pasaron los años mientras yo estaba muy cómoda metida en Narnia profunda. Mis amigas con los chicos era como si bailaran a lo largo de una gran pista de baile y cambiaban de pareja a placer. Claro que el gran salón era el instituto y cuando me refiero a bailar, estoy queriendo decir que se sumergen  en relaciones. Yo permanecía sentada, observando la escena a lo largo de los años que transcurrieron desde que me di cuenta que me llamaba más poderosamente la atención, como le quedaban los vaqueros ajustados a mi joven profesora de lengua que el “potente paquete y músculos” que tenía el joven profesor de gimnasia.
¿A qué me dediqué desde los quince años? A averiguar cosas sobre Dafne, la de lengua, y he de decir, que de éxito no he tenido casi nada. Saco las mejores notas de mi clase y tengo cierta confianza con casi todos mis profesores, pero no consigo pasar de ahí. También puede deberse a que soy extremadamente tímida y poco comunicativa, pero como decía mi amiga Carla, a veces tengo cara de confesionario, y  la gente me acaba contando cosas muy íntimas sin yo mover un dedo para que suelten la lengua. Pero bueno, ese “Don” que según Carla es la bomba, no me sirve para alcanzar el objetivo que quiero, ya que Dafne parece un bunker anti apocalipsis zombie. Pero miento si digo que no me gusta que así sea ella, las personas que se abren a la primera nunca me han gustado y tiendo a desconfiar hasta de mi sombra.
Otro tema que te inquietará es la edad, cuando mi historia comienza tenía quince años y Dafne veintitrés, vamos que, ocho años de nada. Para mi existe un problema a partir de los diez, así que ella entra perfectamente dentro de mis cánones.
Y aquí comienza el problema señoras y señores, a mis quince años no hay problema, a mis dieciséis comencé a dar un poco el cante, bastante en realidad. Todas las adolescentes de mi clase tienen unos niveles de hormonas en sangre que no son ni aceptables, vale, yo también estaba igual, pero la diferencia entre ellas y yo es que ellas pueden gritar su amor a los cuatro vientos, yo sin embargo calladita en un rincón estoy mejor. Nadie sabe que me gustan las mujeres, mucho menos que me muero por la de lengua. Y es que una de las tías más populares del insti, no solo por su inteligencia, sino porque… ¡Vale joder! La opinión de casi todo el mundo es que soy una poco rara al principio, pero muy simpática, extrovertida y demás gilipolladas típica de una chica que le cae divinamente bien a todo Dios, si a eso le sumamos que según todos los tíos estoy muy buena, pues ahí tienes el cóctel en el que me encontraba. Una chica que es acosada por los chavales hormonados que pasa de todos ellos, enamorada de su profe de lengua, sin que nadie sepa que es homosexual y por supuesto acojonada. No conozco a nadie como yo, una de dos, o en este instituto se esconden o en verdad soy un bichito raro que no confía en nadie lo suficiente como para desahogarse del todo. Pero bueno.
Todo no puede ser de color de rosa y cuando empecé a dar el cante pues no quise pasar desapercibida como haría cualquiera. Te resumo, en mi situación, cualquier chica con dos deditos de frente escogería al chico más idiota pero guapo y comenzaría una “relación tapadera” para quitarse de encima las sospechas, yo simplemente soy una idiota demasiado sincera. Antes de hacer daño a un chico, al cual dejaría traumatizado en un futuro, simplemente me quedé en el banquillo del gran baile que mencioné antes. Y como si las chicas de repente tuvieran un complejo extraño de ser buitres, se lanzaron a por mí, su carroña.
Así empezaron insinuaciones, un poco de acoso por aquí, insultos por allá, una pizca de desprecio y bueno, mi vida se redujo a sentarme sola en clase, notar miradas en la nuca porque yo no levantaba la vista de lo que tuviera entre manos o del suelo y demás. Vivía acojonada, todo porque ellos creían que era lesbiana, cosa que era, pero  joder, yo no había dicho esta boca es mía salvo cuando me defendía de las primeras acusaciones.
¿Amigos? Aquellos a los que así consideraba salieron corriendo al primer atisbo de fuego, ¿La típica compañera marginada que me defiende o me entiende y me ayuda? Eso solo pasa en las películas cariño. ¿Profesores? Los hijos de puta de mi clase sabían hacerlo tan bien que todo estaba camuflado, los profesores estaban ciegos directamente, siendo manipulados por los… vamos a llamarlos “secuaces del diablo”.  ¿El típico chico que se apiada de ti? Otra vez, deja de ver pelis, en serio. ¿Una chica que se enamora de mí, de mi edad o mayor que llega y me salva? Podría haber pasado, pero yo no tengo esa suerte.
Y así estaba yo en segundo de bachillerato, aún no había cumplido los diecisiete y tampoco es que hiciera mucha falta, tenía claro que con tanto disgusto en el instituto, en casa y demás moriría joven. Estaba en la única clase en la que me sentía bien, un poco como antes, sentada en la última fila sola. Procuraba no mirar ya a Dafne porque las chicas de mi clase no me quitaban ojo, buscando cualquier atisbo de punto débil para darme en él con toda su fuerza y con el tema Dafne, no estaba dispuesta a permitirlo. Así que me contentaba con mirarla de reojo y atender lo justo y necesario para que ella no pensara que pasaba de su clase. He de admitir que mientras atendía le daba un repaso a ese cuerpo, pero hay detalles que una no puedo evitar.
La hora se me pasó volando, es cierto eso que dicen que cuando te lo pasas bien el tiempo se esfuma. Apesadumbrada cogí mis cosas y salí la primera de la clase, prácticamente volé hasta llegar a la terraza del instituto, el único rincón que podía considerar mío. Saqué un libro que llevaba poco tiempo leyendo y me puse manos a la obra mientras comía tranquilamente. Con todo mi panorama, yo misma decidí aislarme antes de que me hicieran alguna putada jodida, soy idiota en ocasiones, pero tanto no. Lo bueno de ese momento era que no fingía, era yo misma y hacía lo que me apetecía hacer. Y no paraba de sonreír como una idiota porque cuando acabara el descanso tenía otra hora de lengua. Por eso adoraba los miércoles.
El timbre sonó demasiado pronto. Pero volé por la escalera y me hundí fácilmente en el mar de alumnos que volvía del patio de una manera ruidosa y desordenada para ir a su siguiente clase. Pero ese día no tenía todas las papeletas conmigo. Fui a mi taquilla y allí me esperaban un grupo de unos cuatro chicos y seis chicas. Supe que me estaban esperando porque nada más enfocarme los tíos comenzaron a reírse como gorilas y las chicas se pusieron serias con su mejor cara de asco pintada y ese brillo malicioso en los ojos.
Os ahorraré detalles, acabé saliendo del baño con la cabeza empapada en agua. Gracias a las técnicas de supervivencia que vi en la televisión la cerradura saltó con dos patadas bien dadas en el centro de la puerta. En el lavabo me escurrí el pelo y me hice un recogido para disimular que estuviera empapado. Me sequé la cara como pude y disimulé los morados de los brazos y que tenía la camiseta algo mojada con una chaqueta que por suerte llevaba dentro del bolso y muy digna fui a clase de lengua. Llegaba diez minutos tarde, pero al entrar y anunciarle a Dafne que me encontraba algo mal todo estuvo arreglado. Me senté en mi sitio al fondo de la clase y ese día tuve que soportar miradas, risas y frases del estilo “¿Qué mal huele no?” “Alguien no se ha bañado desde hace mucho” “Joder, no sabía que la mierda podía apestar más aún de lo que apesta normalmente”…Os ahorraré muchas perlas de frases, pero éstas son un buen ejemplo la verdad.
Éste era mi día a día, por eso no quería ir a ese infierno al que llaman instituto, por eso me ponía mala con frecuencia y no solo porque me inventara muchas veces que estaba enferma, sino porque a veces los mismos nervios me producían el malestar, pero bueno. Basta de hablar de mí. Esta historia es de dos personas. Así que dejo paso a Dafne,  que ella también tiene mucho que contar. Besos y TO BE CONTINUED como dicen en las series. Por cierto, mi nombre es Laura.


sábado, 3 de agosto de 2013

Querida amiga...

Vamos a hacer un resumen ligero, me has dicho querida amiga que te duele el pecho, tienes ganas de cerrar los ojos constantemente y no por cansancio, constantemente imaginas que tu vida sigue según estaba hace un mes o un espacio de tiempo determinado donde creías que eras feliz, a veces recuerdas lo que has perdido y se te queda un vacío en el estómago y una bocanada de aire frío te golpea el pecho, haciéndote sentir la más cruda de las soledades y el más sórdido de los dolores. Te ves capaz de olvidar por momentos la realidad, sobre todo cuando estás rodeada de gente o distraída, pero así no puedes vivir siempre y por supuesto las noches son lo peor, debido a que tu mente en vez de apagarse en los dulces brazos de Morfeo, viaja a las profundidades del infierno para recordarte las sensaciones malas antes descritas multiplicadas por diez. Lo que finalmente provoca ese llanto que ha sido reprimido durante todo el día y que por fin, libre se decide abrir surcos en tu cara, la cual no merece tal maltrato.
Querida amiga, la aventura del amor es así, por desgracia te ha tocado probar la dulce miel de su cara amable por un momento muy breve, pero la otra cara del amor es la que ahora experimentas, no hace falta que te la describa, ya que anteriormente lo he hecho de una manera muy externa, porque cada persona es un mundo y cada persona siente, vive y sueña de manera diferente, pero tranquila, recuerda respirar, ésa es la solución, no importa el motivo del sufrimiento, no importa el amor, ni el odio, ni el orgullo…Importa que te levantes, seas la de siempre y resurjas como un fénix hacia una nueva vida, porque permíteme decirte cariño, esta no será la única vez que lo vivirás, te pasará muchas veces en tu vida si no tienes la suerte de encontrar al supuesto “Amor de tu vida” en el cual, yo personalmente, estoy empezando a creer que es otro personaje ficticio como los reyes magos, papá Noel, ratoncito Pérez y demás personajes.
Ahora estás hundida, pero recuerda que no eres la única que sufre, hay gente que te ve día a día e intentan animarte, hay más personas sufriendo por cosas peores que tú en el mundo, que aunque ahora eso ahora mismo no te importe, descubrirás que hay cosas más relevantes que un mal de amores.

Amiga, éstas serán mis últimas palabras hoy, te permito que estés mal un breve espacio de tiempo, porque no somos máquinas y el dulce antídoto del olvido de sentimientos no es un néctar que venga pronto a aliviar nuestras ansias de él, pero después de ese breve espacio de tiempo toca levantarse, toca ser esa persona maravillosa que sé que eres y toca enfrentarse a la vida. Quizás tengas la suerte de que jamás te volverán a hundir, tal vez vuelvas a caer, pero sabes que no estás sola y que a tu alrededor siempre hay alguien. Ahora levanta de esa cama, lávate la cara y ponte tu mejor ropa, maquíllate si te gusta y sale al mundo mostrando una gran sonrisa porque ¿Quién sabe? Quizás puedas provocar que la vida te dé la espalda ahora, pero juntas aprovecharemos para meterle mano.