Atrás quedaron los tiempos en que destrozada me acercaba a
su puerta, tocaba el timbre, le dejaba un paquete a su hermana y con paso
apesadumbrado me alejaba de allí, sabiendo que con cada paso se me rompía el
alma, el corazón y moría en mi una parte de mi propio ser que sabía, era
esencial para mi posterior supervivencia. De repente, sin más, a mi espalda se
oyen pasos apresurados y una mano toma mi hombro, me giro con las lágrimas a
punto de parapetarse por los acantilados de mi cara y allí estamos, dos idiotas
que se aman y que por pensar demasiado las cosas, por no ser valientes en
conjunto y por separado y caprichos del destino, están a punto de quebrar y
separarse por siempre. Pero las almas gemelas no pueden hacerlo, así que con un
abrazo, una sonrisa y un beso sellan el pacto que las llevará a la felicidad,
donde no todo es perfecto o deseablemente posible, pero se tienen la una a la
otra para superar al mundo entero.
Mientras tanto, en este tiempo,mi tiempo, me acerco temblorosa a su
puerta, le doy a su hermana el paquete, me alejo, llego después de una larga
caminata al coche y cuando arranco el contacto, queda sellada la aparición de
alguien nuevo, alguien que es mil veces peor que la persona que tocó la puerta,
llena de miedos, rencores y desesperación, la peor versión de mí misma…Alguien
que ya no puedo considerar ser Yo.