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El
hospital
Como siempre ocurre, lo
bueno se acaba pronto, aunque Vico estaba deseando empezar con su trabajo,
tenía más ganas de mostrar a su nuevo Director los avances que había obtenido
en ese mes de vacaciones en su trabajo de investigación. Había pasado varias veces
por el hospital con la moto para ir indagando como era el ambiente,
aparentemente era como en el que trabajaba, pero por supuesto como buena
interna que era, sabía que la apariencia externa de trabajo y la interna
distaban mucho de lo que se podía apreciar desde fuera.
Valiente externamente,
pero acojonada internamente arrancó esa mañana la moto para dirigirse a la que
sería su nueva jungla. Al llegar tuvo que sacar en el parquin la tarjeta de
medico oficial del hospital ante el portero, que la obligó a quitarse el casco.
-
Bienvenida
señorita Montenegro – le dijo el portero mostrando una gran sonrisa blanca en
su rostro mulato.
-
Muchas
gracias, aunque no sé yo si empezaré con buen pie hoy.
-
Ya verá que
si, una mujer tan guapa no puede encajar mal aquí.- dijo zalamero el hombre.-
Me llamo Juan, para servirla y puede aparcar la moto cerca del ascensor, hay
sitios especiales para ellas y estará su niña a buen recaudo se lo garantizo.
Vico le sonrió, a pesar
del exceso de elogios ese hombre le había caído bien. Se dirigió a donde él le
había dicho y pudo comprobar que habían muchos puestos diseñados para motos,
pero solo estaba ocupado uno con una moto roja pasión Kawasaki, le gustó mucho
el fino modelo y parecía muy veloz, pero no se podía comparar con su gran moto
Harley.
Ataviada aun con el mono, tenía
a la espalda la mochila y en una mano el casco con los guantes dentro se
dirigió con paso firme a la planta superior, que según mostraba el cartel
llevaba directamente a la recepción de urgencias.
Al abrirse las compuertas
del ascensor no se sorprendió al ver a gente de un lado para otro como si
tuvieran un muñeco de cuerda incrustado por el ano, así era la vida de
urgencias, correr para un lado o para el otro para intentar hacer el trabajo de
tres personas para salvar la vida, o mejorar la calidad de vida de unos humanos
que lejos de ser agradecidos a veces has te insultaban.
Se dirigió a la recepción
con una media sonrisa en la boca y estuvo esperando unos segundos bastante
largos hasta que la recepcionista quedó libre para atenderla.
-
Buenos días
señorita, puede pasar a la sala de espera que en seguida será atendida, rellene
mientras tanto estos papeles…- le iba diciendo la recepcionista hasta que Vico
la cortó de sopetón con educación.
-
No, disculpe,
soy la nueva pediatra de urgencias y estoy un poco perdida, me incorporo hoy.
La recepcionista abrió
bastante los ojos sorprendida por la juventud de Vico, pero automáticamente la
reconoció.
-
Claro, es
usted la Señorita Montenegro ¿No?
-
Si, soy yo. Encantada.
– dijo mientras le tendía una mano.
La recepcionista le
correspondió el saludo anunciando que su nombre era Teresa y pidiéndole que la
siguiera la condujo hasta el despacho del Director.
Teresa era una mujer que
había entrado hacía un par de años en la década cincuenta de su vida, tenía
algunas arrugas en el rostro causadas por el estrés y la frenética vida de
urgencias, pero se la veía muy buena persona aunque un poco alcahueta. En
cuanto al director, tenía más o menos veinte años más que ella y se vio muy
interesado por su vida. Vico más o menos le relató su experiencia en hospitales
y le dio en un dosier el resumen de su investigación, Javier, que así se
llamaba, se vio interesadísimo y quería como no, que cuando patentara dicha
investigación saliera el nombre de su hospital para ganar prestigio ante la
comunidad. Vico lo entendió y supo que al momento se había convertido en lo que
más odiaba, la niña mimada del director tan solo por su apellido y por su
trabajo. No le importaba siempre y cuando ese hecho no le causara problemas con
ninguno de sus compañeros.
Ese mismo día le dieron un
despacho, el cual tenía que compartir con otra pediatra. En la puerta rezaba la
inscripción.
Despacho de
pediatría 5
Dra. Victoria
Montenegro
Dra. Megan
Miranda
En el despacho había dos
mesas amplias de madera cada una con todos los utensilios necesarios, dos
camillas y cerca de la puerta dos taquillas para poner los efectos personales.
En una estaba la llave puesta así que Vico entró al despacho, lo cerró y abrió
las persianas del gran ventanal que iluminó todo como si de un foco enorme se
tratara cegándola momentáneamente. Tenía vistas a la azotea del parquin.
Comenzó a desvestirse quitándose el mono, y guardando el casco en la taquilla
vacía, justo cuando se terminó de quitar el mono y se estaba colocando la
camisa que había traído en la mochila la puerta se abrió de sopetón dándole un
susto.
Nada más entrar por la
puerta del hospital Teresa ya la estaba acosando con todos los pacientes que
tenía que atender esa mañana y que esperaban su visita ansiosamente, entró en
el despacho, se cambió rápido y subió frenética. Estaba un poco cansada porque
la noche anterior la había pasado con Alejandro, no había sido una noche
tranquilita sino una velada apasionada, aunque a Megan no le apeteciera. Sabía
de algunos hombres que duraban bastante en la cama sin parar y justamente uno
de ellos le tenía que tocar a ella, se quejaba porque Alejandro prácticamente
había basado la relación que ambos mantenían en sexo y ella necesitaba algo
más, no era que quisiera matrimonio ni avanzar más en el compromiso, con ser
novios le bastaba y le sobraba, en ocasiones hasta mucho era porque después de
un exceso de su compañía Megan se veía en la rara situación de no querer saber
nada de él como ahora mismo le pasaba. Y allí se encontraba, recorriendo los
pasillos como si de una carrera se tratara intentando por todos los medios no
encontrárselo.
Justo cuando acabó de
atender a los pacientes que se encontraban en planta fue a tomarse un café con
la intención de quedarse tranquilamente en la cafetería reflexionando acerca de
su triste vida, pero desistió al ver a su novio hablando con el camarero y decidió
refugiarse en la tranquilidad de su despacho, el cual disponía un apacible,
gran y cómodo sillón que estaría encantado de recibir en su seno su cuerpo
cansado.
Justo al entrar a su
despacho uno de los celadores con los que se llevaba muy bien la saludó y entró
de espaldas. Cuando se giró aun con la sonrisa en los labios se encontró de
sopetón con alguien que bien podía confundirse con modelo o debido a que no
tenía pantalones y solo llevaba la camisa verde oficial para los médicos del
hospital con una doctora cachonda del porno profesional.
-
Perdón, no
sabía que usted estaba aquí. – dijo Megan avergonzada.
Contra todo pronóstico,
Vico se puso el pantalón holgado verde sin prisa ninguna y con una sonrisa le
contestó.
-
Tranquila
mujer, tú debes de ser la doctora Megan Miranda ¿Me equivoco? Yo soy Vico
Montenegro. – se presentó tendiéndole una mano
-
¡Bien! –
comentó Megan bastante avergonzada por la situación- Entonces compartiremos
despacho, veo que te has acomodado bien. Las batas las tenemos detrás de la
puerta, la tuya viene con tu nombre o sino puedes pedírsela a Teresa. La verdad
era que necesitábamos una pediatra más, yo estoy desbordada de trabajo.
Vico notó el nerviosismo
en la voz de Megan, la había dejado muy turbada el hecho de entrar y encontrársela
a ella así de esa forma en lo que seguramente era su “zona privada” y sonrió
anchamente.
-
Bueno, acabo
de llegar hace apenas unos minutos y estoy bastante desubicada, ¿puedo ir
contigo para ir conociendo el hospital y hacerme una idea de cuantos pacientes
tengo y quienes son?
Megan la miró y se rio.
-
Por supuesto,
te lo iba a ofrecer. Yo acabo de ir a dar una ronda por planta, pero aquí lo
primordial son las urgencias, pocos pacientes tenemos en planta y no suelen
tener nada grave, el director a nosotras dos en concreto nos quiere más para
las urgencias porque somos jóvenes y por nuestra experiencia, aunque tu debiste
acabar la carrera hace poco ¿No?
-
La verdad es
que no – dijo Vico resignada a la pregunta que siempre le hacían- acabé todo
hace unos cuatro años, tengo veintiséis años empecé antes la universidad porque
soy superdotada aunque en apariencia no se note.
Y así comenzaron a caminar
por los pasillos contándose algunas cosas sobre su vida, Megan tenía dos años
más que ella y por lo visto sentía el mismo amor por los animales que ella, a
decir verdad tenían muchas cosas en común. Vico se fijó bastante en Megan, era
una chica que llamaba demasiado la atención, sus ojos verdes y su piel blanca
contrastaban con su pelirrojo y rizado pelo, era flaquita aunque un poco más
ancha que Vico y tenía una sonrisa amplia y sincera con una expresión risueña
encantadora. Vico se puso a pensar y desde que había conocido a Jess no se
sentía atraída por nadie físicamente tan rápido, pero decidió ignorarlo, su
nueva vida estaba comenzando y en ella no había cabida para el amor, por lo
menos no en breve y tampoco podía fijarse por las buenas en una chica que iba a
ser su compañera de trabajo.
-
Tengo pareja,
es un plasta, pero muy buena persona, te lo presentaré seguro está en la
cafetería.
Ante esa perspectiva Vico
no pudo evitar que le diera un pequeño vuelco el estómago, pero decidió
ignorarlo con todas su fuerzas. Se dirigieron a la cafetería y efectivamente
ahí estaba Alejandro aun hablando parlanchín con el camarero. Megan lo abrazó
por la espalda y comentó en voz alta.
-
Vaya, ya veo
que mientras unos estamos hasta las orejas de trabajo, otros se cogen su tiempo
de descanso junto con el de los pobres que no podemos ni respirar.
Alejandro ante estas
palabras se giró, la abrazó y se rio en su cara diciendo:
-
Eso te pasa
por hacerme entrar dos horas antes de que empiece mi turno, cierto es que te
traje yo porque me dio la gana, pero no pienso hacer horas extras por tu cara
bonita.
-
Mira, te
quiero presentar a la nueva pediatra, es Victoria Montenegro, ya no estaré
desbordada de trabajo, pero no podré quedar después contigo, ella y yo tenemos
que encargarnos de los retrasos, solo venía a avisarte. Adiós.
Y dicho esto se dio media
vuelta tan pancha y se marchó, Vico sorprendida se fue con ella apretando el
paso viendo por última vez la cara de decepción por lo que le acababa de decir
su novia y una mirada de deseo dirigida hacia ella misma.
-
No sé por qué
creo que me has usado de excusa…- comentó Vico como el que no quería la cosa a
Megan.
-
Si- dijo
poniéndose un poco colorada- es que esta noche me apetece pasarla sola, él a
veces me asfixia mucho, pero bueno supongo que todas las parejas pasan por una
etapa parecida.
Vico sonrió, sabía de
sobra a que se refería.
-
Si, sé a que
te refieres, sobre todo pasa cuando no hay amor, pero bueno, en tu caso supongo
que eres demasiado independiente y él dependiente, con el tiempo se soluciona…
Ese fue el inicio de unas
conversaciones bastante largas mientras Megan le enseñaba el hospital a Vico. Se
llevaban bastante bien y coincidían en la forma de pensar en muchos temas. Vico
pensó que con el tiempo podrían ser muy buenas amigas.