viernes, 30 de noviembre de 2012

3º capítulo!


3

El hospital

Como siempre ocurre, lo bueno se acaba pronto, aunque Vico estaba deseando empezar con su trabajo, tenía más ganas de mostrar a su nuevo Director los avances que había obtenido en ese mes de vacaciones en su trabajo de investigación. Había pasado varias veces por el hospital con la moto para ir indagando como era el ambiente, aparentemente era como en el que trabajaba, pero por supuesto como buena interna que era, sabía que la apariencia externa de trabajo y la interna distaban mucho de lo que se podía apreciar desde fuera.

Valiente externamente, pero acojonada internamente arrancó esa mañana la moto para dirigirse a la que sería su nueva jungla. Al llegar tuvo que sacar en el parquin la tarjeta de medico oficial del hospital ante el portero, que la obligó a quitarse el casco.

-         Bienvenida señorita Montenegro – le dijo el portero mostrando una gran sonrisa blanca en su rostro mulato.
-         Muchas gracias, aunque no sé yo si empezaré con buen pie hoy.
-         Ya verá que si, una mujer tan guapa no puede encajar mal aquí.- dijo zalamero el hombre.- Me llamo Juan, para servirla y puede aparcar la moto cerca del ascensor, hay sitios especiales para ellas y estará su niña a buen recaudo se lo garantizo.

Vico le sonrió, a pesar del exceso de elogios ese hombre le había caído bien. Se dirigió a donde él le había dicho y pudo comprobar que habían muchos puestos diseñados para motos, pero solo estaba ocupado uno con una moto roja pasión Kawasaki, le gustó mucho el fino modelo y parecía muy veloz, pero no se podía comparar con su gran moto Harley.
Ataviada aun con el mono, tenía a la espalda la mochila y en una mano el casco con los guantes dentro se dirigió con paso firme a la planta superior, que según mostraba el cartel llevaba directamente a la recepción de urgencias.

Al abrirse las compuertas del ascensor no se sorprendió al ver a gente de un lado para otro como si tuvieran un muñeco de cuerda incrustado por el ano, así era la vida de urgencias, correr para un lado o para el otro para intentar hacer el trabajo de tres personas para salvar la vida, o mejorar la calidad de vida de unos humanos que lejos de ser agradecidos a veces has te insultaban.
Se dirigió a la recepción con una media sonrisa en la boca y estuvo esperando unos segundos bastante largos hasta que la recepcionista quedó libre para atenderla.

-         Buenos días señorita, puede pasar a la sala de espera que en seguida será atendida, rellene mientras tanto estos papeles…- le iba diciendo la recepcionista hasta que Vico la cortó de sopetón con educación.
-         No, disculpe, soy la nueva pediatra de urgencias y estoy un poco perdida, me incorporo hoy.

La recepcionista abrió bastante los ojos sorprendida por la juventud de Vico, pero automáticamente la reconoció.

-         Claro, es usted la Señorita Montenegro ¿No?
-         Si, soy yo. Encantada. – dijo mientras le tendía una mano.

La recepcionista le correspondió el saludo anunciando que su nombre era Teresa y pidiéndole que la siguiera la condujo hasta el despacho del Director.

Teresa era una mujer que había entrado hacía un par de años en la década cincuenta de su vida, tenía algunas arrugas en el rostro causadas por el estrés y la frenética vida de urgencias, pero se la veía muy buena persona aunque un poco alcahueta. En cuanto al director, tenía más o menos veinte años más que ella y se vio muy interesado por su vida. Vico más o menos le relató su experiencia en hospitales y le dio en un dosier el resumen de su investigación, Javier, que así se llamaba, se vio interesadísimo y quería como no, que cuando patentara dicha investigación saliera el nombre de su hospital para ganar prestigio ante la comunidad. Vico lo entendió y supo que al momento se había convertido en lo que más odiaba, la niña mimada del director tan solo por su apellido y por su trabajo. No le importaba siempre y cuando ese hecho no le causara problemas con ninguno de sus compañeros.

Ese mismo día le dieron un despacho, el cual tenía que compartir con otra pediatra. En la puerta rezaba la inscripción.

Despacho de pediatría 5

Dra. Victoria Montenegro
Dra. Megan Miranda

En el despacho había dos mesas amplias de madera cada una con todos los utensilios necesarios, dos camillas y cerca de la puerta dos taquillas para poner los efectos personales. En una estaba la llave puesta así que Vico entró al despacho, lo cerró y abrió las persianas del gran ventanal que iluminó todo como si de un foco enorme se tratara cegándola momentáneamente. Tenía vistas a la azotea del parquin. Comenzó a desvestirse quitándose el mono, y guardando el casco en la taquilla vacía, justo cuando se terminó de quitar el mono y se estaba colocando la camisa que había traído en la mochila la puerta se abrió de sopetón dándole un susto.



Nada más entrar por la puerta del hospital Teresa ya la estaba acosando con todos los pacientes que tenía que atender esa mañana y que esperaban su visita ansiosamente, entró en el despacho, se cambió rápido y subió frenética. Estaba un poco cansada porque la noche anterior la había pasado con Alejandro, no había sido una noche tranquilita sino una velada apasionada, aunque a Megan no le apeteciera. Sabía de algunos hombres que duraban bastante en la cama sin parar y justamente uno de ellos le tenía que tocar a ella, se quejaba porque Alejandro prácticamente había basado la relación que ambos mantenían en sexo y ella necesitaba algo más, no era que quisiera matrimonio ni avanzar más en el compromiso, con ser novios le bastaba y le sobraba, en ocasiones hasta mucho era porque después de un exceso de su compañía Megan se veía en la rara situación de no querer saber nada de él como ahora mismo le pasaba. Y allí se encontraba, recorriendo los pasillos como si de una carrera se tratara intentando por todos los medios no encontrárselo.
Justo cuando acabó de atender a los pacientes que se encontraban en planta fue a tomarse un café con la intención de quedarse tranquilamente en la cafetería reflexionando acerca de su triste vida, pero desistió al ver a su novio hablando con el camarero y decidió refugiarse en la tranquilidad de su despacho, el cual disponía un apacible, gran y cómodo sillón que estaría encantado de recibir en su seno su cuerpo cansado.
Justo al entrar a su despacho uno de los celadores con los que se llevaba muy bien la saludó y entró de espaldas. Cuando se giró aun con la sonrisa en los labios se encontró de sopetón con alguien que bien podía confundirse con modelo o debido a que no tenía pantalones y solo llevaba la camisa verde oficial para los médicos del hospital con una doctora cachonda del porno profesional.

-         Perdón, no sabía que usted estaba aquí. – dijo Megan avergonzada.

Contra todo pronóstico, Vico se puso el pantalón holgado verde sin prisa ninguna y con una sonrisa le contestó.

-         Tranquila mujer, tú debes de ser la doctora Megan Miranda ¿Me equivoco? Yo soy Vico Montenegro. – se presentó tendiéndole una mano
-         ¡Bien! – comentó Megan bastante avergonzada por la situación- Entonces compartiremos despacho, veo que te has acomodado bien. Las batas las tenemos detrás de la puerta, la tuya viene con tu nombre o sino puedes pedírsela a Teresa. La verdad era que necesitábamos una pediatra más, yo estoy desbordada de trabajo.

Vico notó el nerviosismo en la voz de Megan, la había dejado muy turbada el hecho de entrar y encontrársela a ella así de esa forma en lo que seguramente era su “zona privada” y sonrió anchamente.

-         Bueno, acabo de llegar hace apenas unos minutos y estoy bastante desubicada, ¿puedo ir contigo para ir conociendo el hospital y hacerme una idea de cuantos pacientes tengo y quienes son?

Megan la miró y se rio.

-         Por supuesto, te lo iba a ofrecer. Yo acabo de ir a dar una ronda por planta, pero aquí lo primordial son las urgencias, pocos pacientes tenemos en planta y no suelen tener nada grave, el director a nosotras dos en concreto nos quiere más para las urgencias porque somos jóvenes y por nuestra experiencia, aunque tu debiste acabar la carrera hace poco ¿No?
-         La verdad es que no – dijo Vico resignada a la pregunta que siempre le hacían- acabé todo hace unos cuatro años, tengo veintiséis años empecé antes la universidad porque soy superdotada aunque en apariencia no se note.

Y así comenzaron a caminar por los pasillos contándose algunas cosas sobre su vida, Megan tenía dos años más que ella y por lo visto sentía el mismo amor por los animales que ella, a decir verdad tenían muchas cosas en común. Vico se fijó bastante en Megan, era una chica que llamaba demasiado la atención, sus ojos verdes y su piel blanca contrastaban con su pelirrojo y rizado pelo, era flaquita aunque un poco más ancha que Vico y tenía una sonrisa amplia y sincera con una expresión risueña encantadora. Vico se puso a pensar y desde que había conocido a Jess no se sentía atraída por nadie físicamente tan rápido, pero decidió ignorarlo, su nueva vida estaba comenzando y en ella no había cabida para el amor, por lo menos no en breve y tampoco podía fijarse por las buenas en una chica que iba a ser su compañera de trabajo.

-         Tengo pareja, es un plasta, pero muy buena persona, te lo presentaré seguro está en la cafetería.

Ante esa perspectiva Vico no pudo evitar que le diera un pequeño vuelco el estómago, pero decidió ignorarlo con todas su fuerzas. Se dirigieron a la cafetería y efectivamente ahí estaba Alejandro aun hablando parlanchín con el camarero. Megan lo abrazó por la espalda y comentó en voz alta.

-         Vaya, ya veo que mientras unos estamos hasta las orejas de trabajo, otros se cogen su tiempo de descanso junto con el de los pobres que no podemos ni respirar.

Alejandro ante estas palabras se giró, la abrazó y se rio en su cara diciendo:

-         Eso te pasa por hacerme entrar dos horas antes de que empiece mi turno, cierto es que te traje yo porque me dio la gana, pero no pienso hacer horas extras por tu cara bonita.
-         Mira, te quiero presentar a la nueva pediatra, es Victoria Montenegro, ya no estaré desbordada de trabajo, pero no podré quedar después contigo, ella y yo tenemos que encargarnos de los retrasos, solo venía a avisarte. Adiós.

Y dicho esto se dio media vuelta tan pancha y se marchó, Vico sorprendida se fue con ella apretando el paso viendo por última vez la cara de decepción por lo que le acababa de decir su novia y una mirada de deseo dirigida hacia ella misma.

-         No sé por qué creo que me has usado de excusa…- comentó Vico como el que no quería la cosa a Megan.
-         Si- dijo poniéndose un poco colorada- es que esta noche me apetece pasarla sola, él a veces me asfixia mucho, pero bueno supongo que todas las parejas pasan por una etapa parecida.

Vico sonrió, sabía de sobra a que se refería.

-         Si, sé a que te refieres, sobre todo pasa cuando no hay amor, pero bueno, en tu caso supongo que eres demasiado independiente y él dependiente, con el tiempo se soluciona…

Ese fue el inicio de unas conversaciones bastante largas mientras Megan le enseñaba el hospital a Vico. Se llevaban bastante bien y coincidían en la forma de pensar en muchos temas. Vico pensó que con el tiempo podrían ser muy buenas amigas.





martes, 27 de noviembre de 2012

2º Capítulo!


2

Traslado

El aterrizaje había ido genial, y pensó que por lo menos algo empezaba bien en su nueva vida. Recogió el equipaje, que menos mal no se había extraviado, y se dirigió resuelta, pisando fuerte con los tacones a donde estaban los taxistas esperando como lobos a que un cliente se despistara para clavarle una tarifa más alta.

El pobre Alfredo tenía un día de perros y parecía completarse cuando su jefe, el cual no lo llamaba desde hacía más de un año para comprobar como llevaba sus propiedades en Granada y Sevilla, lo llamó ese día para pedirle que si podía coger la limusina para llevar a su hija desde el aeropuerto al nuevo piso que adquirió el magnate. Se imaginaba a una jovencilla pija, malcriada, chula y prepotente, pero mientras mantenía ese cartel en alto con el nombre de Victoria Montenegro en grande todas esas ideas preconcebidas se le cayeron a los pies.

Vico estaba cansada de espantar al moscardón del chófer que le había puesto su padre, sabía que lo hacía por su bien, pero tenía la sensación, como siempre, de que su familia no la conocía en absoluto. Le encantaba estar a su bola, descubriendo cosas por su cuenta y dando rienda suelta a su independencia que poseía desde que había venido al mundo.

Había tratado al chófer con la mayor amabilidad de la que fue capaz, teniendo en cuenta que no paraba de acosar su intimidad mirando por el espejo retrovisor y de hacerle preguntas incómodas sobre su vida que ella no tenía ningún interés en contestar. Después de haber dejado su equipaje en el hall de la gran casa terrera que su padre acababa de poner a su nombre, el sonido de la limusina la despertó de lo que entonces había creído un sueño. Eran comienzos del verano y tenía un largo mes de vacaciones que le había concedido el hospital a causa del traslado y ya se sentía un poco perdida.

La primera semana la dedicó a familiarizarse con la gran casa, lo que más le gustaba era el piso de parquet que sabía que su padre le había instalado con conocimiento de ello, lo segundo fue la cocina, era muy amplia, con muebles funcionales muy modernos, barra americana y una gran mesa para invitados. Tenía un baño enorme que constaba de una ducha, un jacuzzi redondo un lavabo amplio con un espejo enorme con buenos focos y demás utensilios y muebles de un baño corriente. El dormitorio era idéntico al de su antigua casa, ese detalle fue uno de los que más agradeció y por último la gran sala de estar que tenía tres grandes sillones de tela negra, cojines blancos y rojos, en el medio de los tres muebles una gran mesa decorativa y justo en frente un gran mueble biblioteca donde ya había colocado sus libros y en el centro de el un hueco en el que se hallaba encajada una tele de cuarenta y dos pulgadas. Lo único más diferente que su casa era que en vez de patio trasero tenía una amplia azotea donde ya, sospechaba que su padre, habían colocado todo lo necesario para Clito, que llegó tres días después que ella en avión.

Gracias a la cantidad de memorias externas, DVD y pen drive pudo retomar su trabajo de nuevo. Comenzaba todas sus mañanas con ejercicio, se iba a correr por el parque, desde las seis de la mañana hasta las ocho sin descansos prolongados, con sus cascos de música y Clito a su lado, después iba a casa, trabajaba hasta las dos, almorzaba y seguía trabajando hasta las cinco y después el resto de la tarde hasta las diez podía hacer cualquier cosa que se le pasara por la cabeza, después se conectaba a internet mientras cenaba y hablaba con sus amigos hasta que a las once u once y media se iba a la cama hasta el día siguiente.

No se relacionaba mucho con el vecindario, la verdad era que estaba en lo que muchos llamarían barrio de pijos y según ella la mayoría de las casas se podía considerar casas dormitorio, ya que solo eran utilizadas por sus habitantes como eso. Pensó con gracia también mientras se le ocurría eso, que ella también utilizaría la suya de igual modo cuando pasara ese idílico mes de vacaciones, pero se olvidó pronto de la idea cuando sumergió la cabeza en el burbujeante jacuzzi.

 Desde que llegó a Sevilla una idea descabellada le rondaba la cabeza y esa mañana se despertó con unas ansias y sentimiento de independencia a lo que antes la amarraba que la idea tomó forma definitiva en la cabeza. Fue al gran garaje esa mañana, dedicando un par de horas de trabajo para asuntos de trabajo, y cogió uno de los dos coches que su padre le había dejado allí a su disposición. Uno era un llamativo descapotable rojo y el otro un discreto golf GTI negro, se decantó por este último para ir al centro comercial más próximo.

Una vez allí no perdió el tiempo, fue directamente a un concesionario de motos y después de mucho mirar se decantó por una muy grande de la marca Harley que no era de estilo antiguo, sino de las modernas, parecida a la Kawasaki. Después de pedir la moto por encargo especial y personalizado, se dirigió al centro comercial para adquirir todo el equipamiento necesario.

Al llegar a casa soltó todas las bolsas que había traído del centro comercial y se acostó en uno de los grandes sillones muy cansada, Clito fue testigo de como poco a poco cerró los ojos y también de su despertar, que se produjo a la hora de almorzar. Y así transcurrieron dos semanas hasta que llegó la moto a su casa. Cuando la tuvo en su garaje la miró de arriba abajo emocionada y maravillada ante tremenda máquina americana. Se puso sus nuevas botas de cuero, su mono especial de motorista, los guantes negros y su casco enterizo y salió de su aburrido barrio a toda pastilla como un rayo negro que cortaba la carretera. Fue un chute de adrenalina maravilloso, recorrió varios kilómetros alucinando con la velocidad, la potencia, el ronroneo del motor mientras estaba parada y las miradas que le dirigía la gente al verla pasar, en esos breves momentos fue feliz y agradeció a su padre la gran cantidad de dinero que le había ingresado en la cuenta.

Esa noche se paró a pensar en su familia mientras fumaba de la gran pipa de agua que tenía en su dormitorio. Ciertamente su madre no quería verla ni saber de ella ni en broma y su padre, para el cual ella siempre había sido la niñita de sus ojos, se veía en la obligación de velar por el bien de todos y la había medio desterrado con cariño para que fuera feliz lejos de allí y no tuviera que soportar las distintas fases por las que su madre pasaba. “Será por un tiempo Abby” le había dicho su padre al marcharse y despedirse de él la última vez que ella fue a su casa, pero Vico sabía que tendría que pasar mucho tiempo antes de que su madre y el resto de la familia pudiera aceptarlo. También le vinieron a la cabeza recuerdos de cuando era pequeña, desde que tenía conciencia había sido así, no era algo que había descubierto con el tiempo, le gustaban las chicas como a algunas personas les gusta más el chocolate blanco que el negro, era algo tan inevitable como respirar y llevaba años callándolo. Recordó su época en el instituto, había pasado por todas las etapas inimaginables, la época de no quiero saber nada de nadie, ni si quiera amistad, después poco a poco comenzó a hacer amigos, a continuación llegaron las presiones por parte de sus amigas, a todas les gustaba algún chico o estaban saliendo con alguno y ella era la típica que no soltaba prenda de su vida privada, para ellas era que a Vico le gustaba hacerse la interesante, para ella era terror a que la rechazaran. Poco después de las presiones llegó la no aceptación, se intentaba auto convencer de que no sentía lo que sentía por una de sus mejores amigas y se entregó a los brazos de un chico, menos mal que el muchacho en cuestión era una muy buena persona y aguantaba como podía los aparentes cambios repentinos de afecto que le demostraba Vico, hasta que se cansó. Dejó al chaval al poco tiempo y les confesó a sus amigas que no quería salir con ningún chico porque era lesbiana, fue muy duro al principio, se le atascaban las palabras y estuvo al borde del llanto en más de una ocasión durante la explicación, pero contra todo pronóstico sus amigas la arroparon por completo y la tranquilizaron, según ellas no había problema ninguno, pero Vico veía uno muy claro el cual se resolvería años después cuando la pilló besando a una chica en su casa… Poco después de decírselo a sus amigas pasó a la etapa de querer descubrir, se iba y arrastraba a sus amigas a bares de ambiente y más de una chica de su edad o un poco mayor y en ocasiones alguna menor caía en sus redes. Una cosa estaba clara, si Vico de adulta estaba muy buena, de adolescente estaba muchísimo mejor, no es que hagan mucho tiempo de eso, pero con la carrera de medicina ya no podía hacer tanto ejercicio como hacía antes y la figura cambia, pero aunque ella no lo quisiera admitir, no había gran diferencia físicamente hablando de cuando ella tenía la tierna edad de dieciséis o diecisiete a la que tenía ahora. Y por último empezó los estudios seriamente, lo que le restaba mucho tiempo y después de un par de desengaños amorosos con unas cuantas chicas y más o menos seis novios de tapadera para guardar las apariencias allí estaba, lo único que era capaz de mantener eran relaciones como las que tenía con Jess, amigas que de vez en cuando se buscaban para compartir algo más que penas, alcohol y risas.
Su vida era un poco desastre pero estaba estable emocionalmente y eso era lo que importaba, o al menos estaba estable antes de su “gran salida del armario”, ahora estaba un poco confundida, sobre todo al irse a Sevilla, se sentía un poco sola, pero eran etapas que ella supondría que pasarían rápido, por lo menos estaba convencida que al empezar el trabajo volvería a tener el mismo poco tiempo para su vida privada y no porque el trabajo lo exigiera, sino porque se pensaba dedicar en cuerpo y alma a lo único que no le había fallado en su vida de momento. 

sábado, 24 de noviembre de 2012

Vico... Capítulo 1

1

¿Por qué?

Tomándose un Martini durante el viaje en avión, medio apesadumbrada, iba pensando en cómo la realidad había cambiado en un mes, un mes en el que todo su mundo de mentiras a lo largo de su vida había llegado a su fin.
Trabajaba en su ciudad natal, en el Hospital Universitario, tenía veinticinco años y había vivido su niñez de una manera muy acomodada, ya que sus padres eran grandes empresarios y podían concederle todo capricho a la que era la única hija del matrimonio. Ella siempre había sido una mujer ejemplar, excelente estudiante, buena hija, buena amiga y buena compañera de clase y también buena amante, aunque muchos desconocían esa cualidad como es normal.

Todo empezó después de dejar a su sexto novio oficial, para ella un don nadie que solo quería dar el braguetazo para enchufarse a una de las familias más ricas del país, y para su familia el hombre perfecto para ella. Su madre sobre todo, puso el grito en el cielo porque le parecía un error de los grandes, ya que ella parecía querer para su hija la vida que nunca tuvo y vivir a través de ella, típico error que algunas madres cometen. Su padre nunca estuvo tan serio y sin embargo dijo secamente “Si crees que no es lo suficientemente bueno para ti hiciste bien en enseñarle donde está la puerta, aunque me gustaba de lameculos”, se rio al recordar esto último, su padre aparentemente era muy serio pero en la intimidad del hogar y con un buen vaso de vino, de él se podía esperar cualquier cosa.
Con una sensación rara en el cuerpo esa noche salió de casa de sus padres dispuesta a enrollarse en su nórdico y ponerse tranquilamente junto a Clito, su gran perro Pastor alemán a ver alguna película que la hiciera desahogarse a través de una historia trágica, pero algo cambió y fue el mensaje de texto que recibió al bajarse del coche justo en frente de su casa.

Me enteré de que por fin dejaste a ese idiota, ¡ya era hora! ¿Me vas a dar en tu vida el papel que me merezco? Me paso por tu casa. Bss Jess.

No tenía ganas de verla, pero nada más pensar en sus curvas y la posibilidad de pasar una noche en una compañía menos peluda que su perro se le hacía bastante más atractivo el nuevo plan. Y el hecho de que en realidad le apetecía fervientemente un buen polvo quizás fueron motivos suficientes para convencerla un poco. Mientras tanto estaba como una idiota parada fuera del coche con una mano sujetando el móvil y una mente calenturienta deleitándose con una serie de imágenes que ruborizarían a cualquiera.
Entró en la casa y sintió un calor abrasador, con frecuencia se olvidaba que fuera hacía un frío de muerte en pleno invierno. Se quitó la chaqueta, el gorro de lana, los guantes, la bufanda y demás prendas de abrigo y las colgó lentamente en el perchero. Sintió que algo raro pasaba al no ver a Clito saludándola efusivamente como siempre hacía, pero también pensó que al perro le encantaba el jardín y que seguramente el gran bobalicón de cincuenta kilos estuviera durmiendo en el balcón. Cogió el teléfono inalámbrico para disponerse a hacer la llamada a Jess y se sentó en el gran sillón de cuero negro que adornaba su sala de estar con estilo chill out. Marcó el número que se sabía de memoria y a los dos toques la destinataria de dicha llamada respondió.

-          ¿De verdad me está llamando la gran Victoria Montenegro o son imaginaciones mías? – dijo una voz bastante sexy al otro lado de la línea de teléfono.
-          Si Jess, soy yo. Si quieres venir date prisa, estoy a punto de quedarme frita en el sofá. Por cierto, no emplees tus armas de seducción conmigo, sabes que me gusta tu voz. – comentó riendo por lo bajo.
-          Lo sé Vic, pero para tu desgracia no son las únicas armas de seducción que sé que te gustan y que por desgracia para ti poseo.

Y con esa breve frase le colgó. A Vico le gustaba esa chica, por su físico, por lo directa que era, lo sensual que podía llegar a ser y porque en la cama era una auténtica diosa de ébano, pero no se veía embarcada en una relación seria ni con ella, porque en cuanto se acababa el sexo entre ellas no hacían más que discutir, ni con nadie del sexo opuesto. Ese era su gran secreto, era lesbiana encerrada en un férreo papel de heterosexual y tenía que mantenerlo a toda costa por el bien de su familia y porque ella no se sentía a gusto consigo misma.
Se levantó del sofá dispuesta a cenar aunque fuera un vaso de leche, antes de que su amamante viniera furtivamente para calentarle algo más que la cama. Subió al segundo piso, donde se encontraba una habitación que casi nadie podía permitirse por esa zona, la planta constaba de una sola habitación en la que en el fondo, justo debajo de un gran ventanal, se encontraba una grandísima cama de dos por dos encima de una tarima de madera, un armario empotrado gigante a uno de los lados, un baño separado del resto de la habitación por unas paredes finas semitransparentes, al otro lado un escritorio y grandes estanterías para todos sus libros y trabajos y una guitarra eléctrica con un amplificador, una guitarra acústica, otra española y una batería.
La casa era enorme y sí, parecía la de una adolescente, pero a Vico le encantaba y encontrarse tan a gusto en ella solo afianzaba que su vida no estaba echa para ser compartida con nadie. Quería vivir sola, a su aire y sin nadie que la controlase.
Cual fue su sorpresa al terminar de subir la escalera, cuando se encontró toda la habitación iluminada por el tenue resplandor de velas, pétalos de rosas rojas esparcidos por todo el suelo hasta la cama y a esa rubia imponente desnuda encima de su cama con una pose casual.
No hubo palabras, Vico se acercó a la cama y comenzó a besar y a acariciar a Jess como si el mundo se fuera a acabar, Jess le quitó la ropa frenéticamente y hasta aquí me está permitido contar.

A la mañana siguiente fue el comienzo del gran desastre. Se levantaron tarde, ya que Vico tenía ese día libre por haber realizado doble turno el día anterior y sin prisas ningunas ambas fueron a prepararse tranquilamente el desayuno. Como cada mañana después del desayuno Vico salió al patio trasero, donde tenía un pequeño jardín en donde su pobre perro se había pasado la noche encerrado por capricho de Jess. Vico bien sabía que a Jess no le gustaban los perros pero aun así le dio exactamente igual, ella no era nada suyo como para decirle ni pedirle que cambiara ningún aspecto de su vida y Clito, era un aspecto que no cambiaría por nada del mundo. Observando como el gran perro le daba los buenos días y correspondiéndole al saludo, Vico fue encendiendo su cigarrillo típico de cada mañana, mientras Jess le daba la tabarra sobre los inconvenientes de fumar. A veces la chica olvidaba el pequeño detalle de que era médico y conocía más que de sobra los efectos del tabaco sobre la salud, pero la dejó hablar resignada por no saber como pedirle delicadamente que se fuera de su casa.
Poco después ambas acabaron enzarzadas en una discusión muy brusca sobre su relación, Vico harta de la situación le volvió a decir otra vez lo que ya le había recordado en otras innumerables ocasiones, que ella no podía llegar a sentir nada por Jess y que dejara ya de comportarse como una novia histérica. Jess sabía de sobra lo que había pero se negaba a dejar escapar a Vico, la consideraba muy buena novia a pesar de su mal carácter, de su perro y de no querer admitir abiertamente su sexualidad, pero Vico se le escurría de los dedos y la obligaba a tener que recurrir a rebajarse a ser una simple follamiga para poder mendigar algo de su cariño aunque solo fuera físico.
Vico como siempre se fue a la cocina a mirar por el gran ventanal mientras encendía otro cigarro, Jess la acababa de poner de los nervios y ella solo quería pasar ese día de la manera más tranquila posible.

Jess después de calmarse de la gran llantina que la asaltó en medio de la discusión fue a la cocina para encontrarse con Vico y se apoyó en la jamba de la puerta observándola fumar mientras apoyaba su cuerpo en uno de los laterales del ventanal negro. Ciertamente era preciosa, alta, morena, con un pelo que más de una modelo mataría por tener, negro azabache, unos ojos penetrantes azules como el cielo, una figura muy modélica, delgada, unos labios carnosos espectaculares y lo mejor…allí estaba ella casi desnuda a no ser por una camisa azul de botones que le quedaba enorme, seguramente un recuerdo de alguno de sus novios y un culote blanco.
Cuando Vico fue consciente del escrutinio se giró y fue a abrazar a Jess.

-          No me gusta tener que decirte siempre lo mismo, no me puedo enamorar de ti ni de nadie por mucho que quiera Jess, es inevitable, lo siento.
-          Lo sé.- dijo Jess medio ahogada otra vez por las lágrimas.

Y justo en ese momento, como si fuera una película, de terror en este caso, cuando Vico besaba a Jess en medio de la sala apareció la madre de Vico abriendo la puerta de par en par y llamándola a grito pelado como siempre hacía, se quedó como en pausa viéndolo todo como si de desconocidos se tratase hasta que Vico advirtiendo la mirada de escándalo que Jess había puesto se había girado para ver lo que ella veía y la realidad se impuso en las vidas de Vico y su madre como si de un jarro de agua fría al despertar se tratase.

Los acontecimientos siguientes se basaron en gritos, preguntas, lamentaciones, insultos y vejaciones. Jess aguantó el tipo, estuvo allí al lado de Vico todo el rato hasta que amablemente Vico la envió a su casa para que su madre y ella pudieran seguir despellejándose vivas echándose cosas en cara. Ahora que estaba en el avión no recordaba todo con exactitud, eso de que por culpa de la adrenalina puedes perder la cabeza no anda muy desencaminado de lo que ella vivió en ese día. Solo recuerda haber ido a casa de sus padres con su madre, haberse encerrado en el gran despacho de su padre con él y haber estado hablando largos minutos que se hicieron casi eternos. Su padre tomó la decisión más acertada por todos, esa decisión se basaba en que Vico tenía que marcharse por su bien y el de la familia en general, Vico no quería irse muy lejos ya que aun tenía que acabar un trabajo de investigación que estaba haciendo en el hospital y después de mucho hablar con sus jefes y con su padre allí se encontraba, en un avión de camino a Sevilla.

La despedida con sus amigos había sido entre divertida y dramática, armaron una fiesta enorme y la llamaron “La salida del armario a lo grande” aunque a ella no es que le hiciera mucha gracia, habían reído, habían llorado, contado anécdotas y demás cosas pero ahora se encontraba sola en ese avión en primera clase, rumbo hacia un destino incierto con una copa de Martini con una aceitunita que giraba a su voluntad en el vaso como la ruleta de la suerte en la que su vida se había convertido.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Pacto

Ese miedo que se te aferra a la garganta, aprieta con dedos de sal provenientes de las lágrimas que salen de esos ojos ya cansados de llorar. El sufrimiento que aplasta el corazón como un pie una fruta madura te recorre cada esquinita del cuerpo, envenenando la poca esperanza y aferrándose a aquellos bellos recuerdos, el sol ya no brilla igual, no calienta su fulgor la piel que antaño era sensible al mas mínimo tacto de aquella flor, flor que ahora en las manos desprende el olor de la muerte como tu cabeza, algo murió en ti. En ese momento te das cuenta de que no puedes vivir así, los pies no te responden y siguen ese camino trágico que te lleva a otro final mas trágico en el que está el alivio de no sentir. Pero al dormir, se revuelve contra ti el destino regalándote puñaladas traperas de la inconsciencia, que no conforme con hacerte sufrir despierta, pretende hacerte la tortura china mientras los sueños se tornan en pesadillas. No confías ni en el tiempo, ni en ti misma, la felicidad no retornará hasta que decidas pasar esa página, página que polvorienta, con tachones y borrones pretende seguir anclada a al borde de esa amargura que te oprime el pecho, donde el aire que absorbes ya no es aire, es ese fuego que arrasa con cada fibra con vida que toca a lo largo de su recorrido, más pesado y más lento el corazón cansado bombea esas últimas gotas de sangre con las que al romper la aguja mi piel servirán para sellar el pacto que me haga venderle mi alma a él, a cambio de que me proteja del amor que jamás debí sentir y que ahora al extinguirse sus últimas fuerzas me arrebata la vida lentamente, con saña e injusticia.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Busco personas!

Busco personas, personas que sepan valorarse unas a otras, que pidan explicaciones ante lo injusto y valoren el esfuerzo realizado ante los grandes y pequeños logros, personas que no se pisen unas a otras por un mero reconocimiento de las que se "suponen" son superiores a ellas, personas que sepan colaborar, cuidarse y ayudarse a crecer unas a otras. Personas, busco personas que no conozcan la falsedad y la sinceridad sea su emblema, que no conozcan el egoísmo aunque en realidad prefiero que si lo conozcan, que lo conozcan y que intenten evitarlo porque saben que es malo y con él no llegan a ninguna parte, busco personas que quieran ir a mejor, que cada paso que den tenga como mínimo la intención de buscar un futuro mejor y que sepan distinguir entre un error y algo hecho con maldad, busco personas que compartan, que crean en lo imposible y que hagan de eso mismo una realidad. Busco personas que sepan vivir en armonía y conozcan el verdadero significado del amor, la verdad, la bondad, la esperanza y la libertad.

Busco y busco pero no encuentro a esas idílicas personas que describo anteriormente, a veces creo encontrarlas, pero solo fragmentos de esa blancura inmaculada que es manchada con la negrura de los fallos. Busco y busco, pero no encuentro mas que mezclas, pero no esa pureza. ¿Cómo voy a encontrar la perfección en este mundo perfecto si ni si quiera la imperfección quiere aspirar a ello? Quédate sólo con lo mejor que puedas encontrar y da gracias por haberte topado con ello por casualidad y guárdalo como un tesoro o sino tarde o temprano te arrepentirás. 

jueves, 1 de noviembre de 2012

Historia

Pasaron los años y yo la seguía viendo igual, preciosa, intentando pasar desapercibida a ojos de los demás, sabiendo que se comporta de esa manera tan especial que permitió en aquellos años que te enamoraras de ella por completo y hasta la médula.
Si hubiera elegido mi motor de esperanza e ilusión en aquellos tiempos, sin lugar a dudas te hubiera escogido a ti.
Pero el tiempo pasó, tú te alejaste de mi y me alejaste de ti, pero a veces en la soledad de mi cama no puedo evitar acordarme de ti en silencio y vuelvo a enamorarme de aquel recuerdo, aquella persona que solías ser, toda sentimientos, corazón y alma.
Sin embargo ahora veo en qué te has convertido y ganas me dan de darme media vuelta y no volver a mirarte, pero sigo ahí como un perro fiel ante su dueña. Te has convertido en ese pelele que nunca has merecido ser, en un muñequito que mientras otras matarían por amar, querer, cuidar y valorar por siempre, tú, muñequito triste enamorado de quien no debes, te ves obligado a hacer lo que nunca se debe hacer, mendigar el cariño, el respeto y el amor que por derecho te corresponden.
Me cuesta mantener la boca cerrada, porque siempre serás esa persona especial para mi y me duele verte sufrir cada día, aunque mas me duele ver como saltas, te enamoras más y eres feliz ante migajas que te tiran de amor que te has ganado a base de insistencia de mendigo. Pero solo me queda callar.
Yo también he cambiado y aprendí hace mucho que nunca serás para mi y que este destino cruel que vives día a día te lo has ganado a pulso tu sola. Por lo que a base de esfuerzo he aprendido a pasar página y a dejarme amar por otras personas que si que me valoran, pero en el capítulo de mi vida que te pertenece, siempre tengo ese marcador para volver y ver que fuiste y en qué te has convertido.
No puedo evitar notar, sentir y palpar esos pocos momentos a solas en los que estamos tú y yo, sin influencias externas de tu amor ni del mío. Ése momento en el que las máscaras caen y los sentimientos afloran y tal vez por unos minutos volvemos a ser como en antaño, solo TU y YO, pero el momento no es el mismo, las razones tampoco, nuestros corazones se alejan por distintas sendas y tú te hundes en el fango con todo el dolor de mi alma, porque siempre he sido tu heroína, aquella que acudía sin que la llamaras tanto para enjugar lágrimas perdidas, como para sacarte de tu casa a hacer locuras por las esquinas...esa época pasó, ahora yo voy por mi camino, tú te mueres en la esquina siendo consumida por un amor que no es amor, es codicia, y yo con este complejo de inutilidad surco el camino de mi vida con el sol de cara, sin permitirme ver qué hay hacia delante...pero a veces, no puedo evitar mirar hacia la sombra de mi pasado y con una lágrima en la mejilla recordarte.