Nervioso,
agitado y corriendo consiguió llegar al paso de peatón, justo en frente está la
cafetería donde su chico ideal lo esperaba ya seguramente desde hacía rato.
Había llegado apurado después de salir del trabajo a su casa, se había duchado
y peinado más rápido que nunca, se puso sus pantalones vaqueros rotos
favoritos, llevaba una camisa blanca con un dibujo del correcaminos, su
favorita, sus pulseras mugrientas de hacía meses y unos all star ya
desgastados, los de la suerte, perfumado hasta el extremo y con el corazón a
mil porque había esperado e imaginado ese día de mil maneras diferente durante
toda la semana, ahora sin embargo en vez de estar tranquilo como miles de
ocasiones anteriores, estaba como estaba. Las manos parecían una fuente, mirada
perdida y el semáforo en rojo que no se dignaba a cambiar a verde. Hay momentos
en que algo en concreto te llama la atención y no puedes evitar fijar la vista,
pues él consiguió fijarla en un chico que esperaba a que el semáforo se
cambiara y le sonreía directamente a él, mirada dulce, un gorro gris, sonrisa
ladeada, camiseta verde de Hulk, pantalones pirata, zapatillas. El corazón le
latía más y más fuerte mientras alzaba la mano a ese Dios apolíneo que era su
cita y le saludaba. Sin más el semáforo
cambia a verde y ambos salen disparados como en una carrera de velocidad y se
encuentran en el medio del paso de peatón, sin preámbulo alguno se abrazan y se
besan.
Al día
siguiente las noticias del periódico no hacen sino advertir de los problemas de
política, el equipo de futbol ganador y perdedor de la semana, los problemas de
economía y los problemas que ocasiona el alcoholismo escogiendo el ejemplo
sucedido el día anterior en un paso de peatón en el que dos jóvenes fueron
atropellados y muertos en el acto mientras cruzaban por dicha zona.