Siempre he
pensado que es un pastel salir de la cárcel, aunque hayas estado en un calabozo
retenida simplemente. Los cabrones de la revista tardaron más de dos horas en
ir a pagar mi fianza y aun así me dijeron “Deberías darnos las gracias” Como si
arriesgar mi culo para que ellos se forren no fuera suficiente.
Por fin estaba
libre que era lo que importaba, y a pesar de que los de la policía se creían
poseedores de las pruebas que, tarde o temprano, creían que me mandarían a la
trena, resulta que mi habilidad con las manos va más allá de lo que muchos
piensan, en la tarjeta que ellos confiscaron habían un par de fotos simples en
las que se podía apreciar a Morgana en la calle, a su marido y a la niña, pero
siempre podría excusarme diciendo que a la niña le íbamos a pixelar la cara en
la publicación. No sabía bien cómo se las iban a ingeniar los abogados de la
revista para la que trabajo, pero me sacarían de aquella tal y como me han
sacado de mil más.
Es duro
ganarse la vida metiéndote en la vida de la gente, eso lo sé yo por experiencia
como ya se habrá podido notar, pero una tiene que vestirse, comer, vivir bajo
techo y demás cosas. Hombre, que yo me he excedido porque no tengo ningún
problema en admitir que soy una puta inconformista caprichosa, no como cualquier
cosa, vivo en el centro de la ciudad en un ático que es una delicia y me visto
de una manera extravagante, sí, pero cara de mantener. Para el caso es que
ahora me encuentro en una cafetería esperando a Sofía, tengo ganas de perderme
de nuevo entre esos muslos y olvidar el cacheo exhaustivo de esa policía que
lejos de ser la típica de pueblo quemada, gorda, fea… la señorita según pude
averiguar acababa de salir de la academia y vamos, que me dejó más salida que
el pico de una plancha.
Soy franca si,
se podrá notar con la frialdad y quizás vulgaridad con la que hablo, pero en el
fondo soy una buena tía, no me gusta jugar con sentimientos y en las noches de
luna llena, puedo ser la chica más romántica que puedas encontrar a este lado
de la ciudad. Pero me han jodido tanto en el amor que, efectivamente, ya no
creo en él, hago lo que sea por no enamorarme y disfrutar mi vida a tope siendo
el águila intocable que vuela lejos de todo. Obviamente busco el amor, pero
justo cuando lo encuentro me escapo cuan ninja de una trampa, no quiero verme
involucrada en “Te quiero” en pleno polvo y mucho menos viviendo con una
bollera amargada necesitada de mimos constantes y dependiente de mi médula
hasta para ir al baño. Soy demasiado independiente para esas tonterías y puede
que en eso me parezca a mi padre, siempre tengo ese lado masculino del que
estoy orgullosa de haber heredado.
Sí, soy
bollera por si no se había notado y tuve una adolescencia traumática, en
realidad no, simplemente mis padres esperaban otra cosa de mí, todo vestiditos
rosas, tomar el té, novios y demás gilipolladas, pero lejos de eso, salí
rockera (Toco los fines de semana con un grupo), mi aspecto siempre será como
una buena rockera que se precie pues, extravagante, de negro casi siempre,
cadenas, chupa de cuero, mi amada moto (se llama princesa) mis gafas de sol,
ojeras de no dormir bien y demás. Lo único de lo que puede estar orgullosa mi
madre es del maquillaje, fue lo único que me quedé de su educación aparte del
carácter agriado con el tiempo a base de miles de peleas y una voz desgarrada
que me sirve de puta madre como vocalista que soy de mi grupo.
Me fui de casa
a los dieciocho cagando leches con la que en aquel entonces pensé que era el
amor de mi vida, una tía que me sacaba veinte años y me prometía dinero, sexo y
amor, todo lo que una ilusa puede desear, pero pronto descubrí que era una
desequilibrada mental a la que no aguantaría ni por todo el dinero del mundo,
me aproveché de ella, (sé que está mal que lo diga) pero una tiene que
sobrevivir como sea, estuve dos años con ella, el tiempo suficiente para que
ella me pagara y yo terminara un curso de fotografía profesional. Justo el día
que lo acabé salí corriendo de su casa con el mejor contrato profesional que me
han hecho en la vida (aun me gano la vida de él) y nada, aquí estoy, en este
bar, siendo quizás una chica complicada, que tiene lo que quiere.
En el trabajo
se puede decir que soy infalible, la revista me pide unas fotos determinadas y
yo, sea como sea, se las consigo. A veces también les hago revelaciones como
fotos que ellos no habrían ni soñado tener. Justo ahora, en la ranura especial
que tengo en mis botas tengo una tarjeta donde hay fotos como para hundirle la
vida al marido de Morgana, fotos preciosas también de la niña, de Morgana y esa
última sección que no saldría nunca a la luz, donde se ve a la queridísima
abogada de lujo bañándose en el gimnasio. Y si, pueden llamarme fetichista o lo
que quieran, pero cuando hay algo que me gusta, o encuentro una joya de la
corona, que es como a mí me gusta llamarlo, me la quedo para mi colección
personal. Tengo memorias llenas de fotos de fotos que quizás mucha gente
consideraría de pervertida, de rara, de no sé, tengo fotos de ancianos de la
mano, de chicas llorando en el parque, de niños felices jugando a la pelota
poniéndose perdidos de barro…He de admitir que éstas son las primeras que tengo
de una chica desnuda, pero bueno, algunas tenían que ser las primeras y éstas
se lo merecían. La abogada tenía un cuerpo escultural, no era perfecto como los
de las modelos, pero a pesar de las estrías del embarazo y la flacidez en
algunas partes que se notaba que estaba desapareciendo casi del todo y solo
quedaban los reductos más difíciles de eliminar. Pero a pesar de todas estas
nimiedades corporales, Morgana tenía algo que llamaba mucho la atención, era
una persona muy atractiva, quizás fuera por su voz, por su manera de
expresarse, por sus gestos, movimientos…No lo tenía claro, pero lo que no puedo
negar es que me causó una impresión espectacular, que me gustaba mucho y la
besé por puro placer de sentir esos labios carnosos en los míos, y ahora estaba
deseando llegar a casa para desfogarme con Sofía en mi habitación.
- - Pensando
en la reina de Roma, por aquí te asomas preciosa – dije cuando vi aparecer a
Sofía.
Siempre me
había encantado camelarme a mis chicas, verles esa carita de sorpresa y gusto
no tenía precio.
- - Tan
zalamera como siempre cariño.- ¿Te gusta mi pelo? Me lo corté hoy solo para ti.
Y también me puse este conjunto especial.
Le eché una
ojeada muy descarada, tacones altos de aguja rojos, falda ajustada negra y muy,
muy corta, camisa negra de escote generoso, como siempre un botón de más
desabrochaba que dejaba a la vista las puertas abiertas del cielo sin un San
pedro para vigilarlas y su pelo, corto de manera cuadrada hasta un poco más abajo
de la barbilla perfectamente planchado. Sofía es una chica impresionante, pero
esperaba que no se pusiera con tonterías esta noche.
- - Estás
espectacular cariño. – le dije sin más lanzándole una mirada descarada a su
escote.
- - Ya
veo. ¿Me dejas tomarme algo o prefieres no verme más la ropa puesta?
- - Lo
segundo, pero si quieres hacer lo primero tampoco me disgusta.
Se tomó un
café cargado mientras parloteaba, pero llegó un momento de la conversación, la
cual no me interesaba, que me hizo poner los cinco sentidos.
- - Alira,
quiero algo más. – dijo con la cabeza baja y la vista fija en mi café.
- - Pues
pide lo que quieras amor, sabes que esta noche invito yo. – Nunca estaba demás
eludir el tema, pero dudaba que colara.
- - Eso
no es tonta, quiero decir de ti y de mí, de nuestra relación.
Suspiré,
precisamente hoy no tenía ni cuerpo ni ganas para mantener esa conversación,
estaba cansada, de mal humor, solo me apetecía echar un polvo salvaje e irme a
dormir. Pero ella consciente de eso precisamente se aprovechaba de la
situación, odiaba eso ¿Por qué las tías son tan complicadas joder?
- - No
estoy de humor y lo sabes, no soy esa gama de grises que quieres ver en mí
Nena, desde que nos conocimos sabes que esto es o blanco o negro. O me tienes
de manera sexual de vez en cuando como amante libre y sin ataduras o no me
tendrás como nada. Tú eliges y sabes que que es lo que puedes soportar.
Vi como bajó
más la cabeza y sinceramente me dio mucha pena, sé que ella ve en mí a esa
princesa azul que nunca llegaré a ser ni en sueños y no estoy dispuesta a
alimentar esas esperanzas destructivas.
- - Prefiero
tenerte así que no tenerte. – dijo muy bajito, casi en un susurro como si se le
hubiera roto algo por dentro.
No estaba para
dramas, fui a pagar y al llegar ella ya tenía su bolso colgado y me esperaba
con una sonrisa, sé que la sonrisa es falsa no soy idiota, pero se lo agradecí
con toda el alma. De camino a mi casa, que estaba a dos pasos, no hablamos
mucho, notaba su excitación cuando íbamos de la mano, al abrir las puertas del
portal del edificio, nada más entrar me lanzó sin piedad ninguna contra la
pared y sin darme tiempo siquiera a reponerme me enderezó me sujetó mi corto
pelo y me besó de una manera tan pasional, que he de decir que mojé bragas
automáticamente. Subimos en el ascensor sin parar de besarnos y meternos mano,
he de decir que adoro las faldas y más cuando la propietaria no lleva ropa
interior.
Llegar a la
cama fue la gloria y desprenderse de manera salvaje y brutal de la ropa fue un
placer. Incansables saciábamos nuestras angustias, penas, deseos, esperanzas y
anhelos dándonos placer, un estallido de gritos tras otro resonaban en el
cuarto.
He de admitir
que estaba muy bien, pero lo pasé mal, en mi cabeza donde normalmente no hay
nadie en concreto salvo la chica que tengo entre manos, ese día tenía a una
abogada espectacular, casada y con una niña preciosa.
Sofía quedó
dormida a las horas, pero yo aún tenía cuerda para rato y no precisamente
sexual, sino que otra mujer vino a visitarme, y a esta yo jamás le daba
plantón. Es mi musa y cuando ella viene es a ella a quien sirvo.
Cuando quise
darme cuenta en mis manos tenía una canción recién compuesta, los cascos donde
escuchaba mi guitarra colgados al cuello, el micrófono recién usado allí
mirándome como satisfecho y mis párpados cayéndose de sueño.
A la mañana
siguiente mi cama estaba vacía, una nota con un “Te quiero y espero que algún
día te des cuenta de que tú me necesitas y también me quieres” escrito y yo, no
podía con mi vida.
En la nevera
la foto de una tía desnuda con unos guantes de boxeo, regalo de mis amigas del
gimnasio, me saludaba diciendo en un bocadillo “Buenos días mi campeona”
Sonreí, siempre me hacía reír esa imagen y cogí los hielos.
Me dirigí a mi
minibar saqué el ron y me preparé mi copa mañanera al mismo tiempo que me liaba
un porrito de maría de la buena. “La llamaré Morgan, Morgana es demasiado
serio” fue mi primer pensamiento serio de ese día que acababa de comenzar.
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