Como un
disparo certero, que da en la diana. La alegría del cazador comienza con ver la
sangre, sin embargo la presa siente que todo se para. Mira hacia abajo y ve un
hueco sangrante donde antes solo había piel y músculo, el dolor le atenaza el
cuerpo y la mente mientras siente que ya no habrá un latido más en su pecho, su
corazón ha sido destrozado por un objeto tan pequeño y mortal, tan rápidamente
que apenas se dio cuenta cuando fue la última vez que respiró. Cae al vacío
mientras su cuerpo abraza el suelo rápidamente, como un peso muerto que es en
lo que se acaba de convertir. En un segundo, su vida a cambiado en un segundo
sin apenas darse cuenta de que tenía tantas cosas que hacer, tantos sueños,
tantos planes por cumplir. El cazador simplemente se alegra, cobra su presa a
la cual a perseguido con pasión, fervor y ganas, sin darse apenas cuenta que
acaba de matar a un ser vivo, que solo quería vivir. ¿No somos acaso a veces
así en el amor? ¿No ilusionamos sabiendo que todo tendrá final tarde o temprano
sólo porque no nos apetece estar solos en determinado momento? Tarde o temprano
llega el momento en el que tendrás el corazón de la otra persona a tiro y
créeme, sé que dispararás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario