Hacía mucho tiempo que se encontraba inseguro emocionalmente, pero desde que decidió romper con su pareja hacía dos años, nada ni nadie lo había hecho encontrar esa seguridad de nuevo. Caminaba cabizbajo, con las manos en los bolsillos de la chaqueta, postura algo encorvada y sin mantener los ojos fijos en ninguna parte. Hacía el frío típico de aquellas épocas de invierno y una brisa que a cada minuto que pasaba iba aumentando su intensidad.
Todo pareció cambiar de repente cuando se tropezó con la que sería el amor de su vida, pelo recogido con algunos mechones rebeldes que se negaban a ser atrapados en el moño, sonrisa amplia y perfectamente alineada y blanca, ojos grandes marrones que despedían esa alegría por la vida de la que él carecía. Tenia una chaqueta negra elegante y unos pantalones vaqueros ajustados y unos All Star negros en los pies. Las manos curiosamente parecían la de una niña de infantil que acabara de descubrir lo que eran las temperas y se hubiera pintado mas ella que el dibujo, pero esa sensación se le pasó al comprobar que acababa de salir de un edificio donde un gran cartel rezaba "Facultad de Bellas Artes".
Un tropezón debido a que él se quedó en el limbo mirándola y que ella ni si quiera se había percatado de su presencia les granjeó la oportunidad para quedar a tomar algo, oportunidad que fue el comienzo de una relación amorosa muy intensa, apasionada y fructífera con el paso de los años al verse ambos recompensados con un hijo.
Con el tiempo se aburrieron el uno del otro por olvidar esa fuerza e impulso que los empujó a estar juntos y la búsqueda por parte de ambos de afecto fuera del matrimonio, por ello ahora se encontraban en esa sala, separados por abogados peleándose por el fruto de aquel amor, que una vez juraron ambos que podría con todas las adversidades.
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