Es
innegable que la quieres, pero no la quieres de esa manera romántica como
cualquier chico o chica puede querer a su pareja, no. Tú la quieres, pero la
quieres tener amarrada a la pata de tu cama, a tu vida, a ti mismo impidiendo
que haga vida normal. Tú tienes tus ligues, tus rollos de una noche o incluso
hasta pareja estable desde hace años, pero ella no puede tener lo mismo que tú,
porque solo la quieres para ti y con los ataques de celos que te entran
romperías el mundo entero por ella, porque por supuesto ella es tuya, tú la
quieres, pero eres un cobarde que se esconde tras la fachada de
gran señor, anuncias que ella no te conviene por X motivo, te jactas gritando
que ella es poca cosa para ti o simplemente te haces el chulo y le dices a tus
amigotes que solo es una tía a la que te tiras para vaciar los huevos cuando
hay necesidad.
Lo
triste es que en el fondo la amas y eres tan cobarde, que te escudas utilizándola como
un pañuelo de usar y tirar sabiendo que por ella darías la vuelta al mundo, los
comentarios que los demás dicen sobre ella te duelen, pero no son más que una reacción
que provocan tus palabras cargadas de veneno hacia ella que ansían decir todo
lo contrario.
Tú
supuestamente eres feliz con otra, a ella sí que le prometes el cielo y se lo
das, mientras nuestra muchacha languidece porque no le das ni promesas sino que
al contrario, la machacas diciéndole claramente el papel que juega en tu vida,
sabiendo que es sólo un juguete transitorio de un niño que se cree hombre y que
tarde o temprano tirará, sabe que en el fondo nunca serás para ella porque te
conoce, aunque tú te hayas empeñado en que no, ella sabe de ti más cosas de las
que crees, porque cuando tu conciencia se despista aflora el amor que le tienes
y en esos momentos eres capaz de lo mejor, pero cuando tu conciencia vuelve a
entrar en acción vuelves a sacar a la bestia siendo capaz de lo peor y de
decirle palabras que sabes que le duelen como mil puñales, sabe de sobra que no
es sino una simple ficha más de parchís del inmenso juego de tu vida, pero no
es capaz de escapar, salir de esa jaula, que ni si quiera es de oro, donde la
tienes y volar en libertad en busca de otra persona más valiente que tú y que por supuesto, la merezca y sepa ganársela como tú nunca has sabido.
Pero
solo te digo una cosa amigo, el día en que ella escape de tus brazos y la veas
feliz por fin y aprendas a valorarla por no tenerla más a tu disposición,
llorarás las lágrimas más amargas de toda tu vida y yo estaré a la sombra,
observándote atentamente y regocijándome del momento, con una sonrisa leve en
los labios y en la mirada la satisfacción de ver como el tiempo pone a cada uno
en su lugar y da a cada uno lo que merece.
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