sábado, 15 de junio de 2013

Los baños....

Los baños, siempre han sido un lugar de aseo necesario e imperioso, conocedor de nuestras mayores glorias y de nuestros momentos más penosos. Ese wc, el lavabo, el bidet y por último ese maravilloso sitio donde, no importa si sea bañera, plato de ducha o jacuzzi, puede ser tanto un lugar básico de higiene personal, un spa donde relajar esos músculos tensos, el lugar perfecto para desahogar tus penas, masturbarse tal vez  o el mayor y más amplio escenario. Admítelo, has sonreído al recordar algunas de las escenas que has vivido en ese lugar. Por supuesto que la imaginación vuela y no solo es un lugar en el que uno deba estar solo obligatoriamente, una madre baña a sus hijos, hermanos pequeños se bañan juntos, en familia bañamos al perro,  el matrimonio se relaja dándose un baño de sales, los enamorados dan rienda suelta a la pasión y al deseo en el plato de ducha. Por supuesto también pueden ocurrir escenas no tan placenteras o graciosas. Y aquí es cuando recordamos la película famosa de Hitchcock cuando el cuchillito, la pobre chica asustada que grita, zas, zas, zas y muere.

Pues en todo esto me encontraba yo reflexionando cuando salí, de en mi caso plato de ducha, cogí una toalla que tenía cerca y me la enrollé en el cuerpo, siempre he necesitado valor para dar ese paso he de admitirlo. Me giré para buscar una toalla para poner en el suelo, siempre me olvidaba de ese paso porque soy una despistada, mientras caminaba y estiraba la mano iba pensando en el delicioso aroma a vainilla que desprendía gracias a mi nuevo gel de ducha cuando resbalé con el agua que descendía rápida por mi pelo y mi cuerpo y encharcaba al suelo y en la caída me partí el cuello ocasionando mi muerte. Está claro que, el baño, es uno de los sitios más placenteros o terroríficos, pero uno de los más indecentes para la pobre persona que te encuentre tiesa, muerta y desnuda. Al menos tengo el consuelo de que huelo bien.

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