domingo, 30 de junio de 2013

Siempre...

Llegamos a creernos realmente invencibles, justo en la cima de nuestras vidas, desde aquella primera vez que en aquel instituto cruzamos las miradas, no sé si fue el destino, la atracción de los cuerpos o la física y la química que generó el roce de nuestras bocas al experimentar con nuestros cuerpos la manera que encontramos inicialmente de dar rienda suelta a nuestro amor. Lo que sé es que surgió y lo supimos mantener, contra viento y marea las dos juntas cogidas de la mano llegamos a rincones del mundo que apenas llegamos a soñar y a veces solo con cerrar los ojos, aunque en verdad viajamos bastante. No había reto que juntas se nos resistiera, cualquier enfado con una muestra mínima de cariño por parte de ambas se disipaba y la mayor de las cargas se hacía ligera si se compartía. Diecisiete años juntas y parece mentira, gritos, no solo de pasión, momentos, lugares, como, porqués, y cuando compartidos… Dos vidas unidas en la eternidad desde una simple mirada, una necesidad la una por la otra que cuando se manifestaba dolía físicamente, ansiedad que se veía disipada en momentos tanto sexuales como simplemente viendo la tele encogidas en un sillón que habían pagado juntas con esfuerzo.
Su lugar favorito sin duda era la cama, aquella en la que Miriam pasó las mejores situaciones junto a Carmen, pero también las peores. Esa cama fue testigo de muchos momentos, pero los que se quedaron marcados para siempre fueron en los que las lágrimas rodaban, el diagnóstico de cáncer de mama de Miriam, el regreso de la operación en la que perdió el pecho, los esfuerzos de Carmen por ser un apoyo firme e incondicional, la quimioterapia, los momentos de demostración de afecto cuando Miriam se veía con fuerzas, la recuperación completa y sin más, la recaída por metástasis a la enfermedad…

Ahora Carmen estaba sola, acostada en el césped con unas flores ante la tumba de su único amor, ese dolor físico la estaba destruyendo desde su ausencia de esta vida, lloraba desconsolada mientras en su mente sonaba como un mantra las últimas palabras que le dijo a Miriam “Quédate conmigo”. La respuesta de Miriam fue tocarle el pecho justo encima del corazón y las palabras “Desde la primera mirada te prometí que era tuya y que jamás me separaría de ti, y siempre cumplo mis promesas”

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