lunes, 8 de julio de 2013

Si ellos pueden, nosotras también! =)

Pasarse toda la tarde pensando no era el fuerte de Sandra precisamente, pero ese día tocaba. Por supuesto no era una fecha normal para ella, ni para Mónica tampoco. Cumplían ya cinco maravillosos años juntas y ya era hora de dar un paso. El paso que marcara la diferencia. Sandra quería pedirle que se fueran a vivir juntas, no importaba a donde dado que ambas tenían trabajo y estaba segura de que juntas podrían comenzar en cualquier lado, ya que aunque muchos se empeñan en decir que no, donde hay amor todo es posible con el tiempo.
Llevarla a un sitio bonito cerrarle los ojos en algún mirador de noche y susurrarle al oído la petición, ir a su casa entrar en su cuarto y pedírselo sin más, preparar una cita romántica y después de hacer el amor decírselo… eran muchas las opciones que se le ocurrían, pero ninguna terminaba de convencerla. Pero al final una idea muy buena se le pasó por la cabeza. Mariachis en su balcón, trepar por aquella enredadera cutre que mil veces había usado para colarse en su casa para que sus padres no la pillaran y darle un beso, eso sí, la petición se la haría abajo.
Era su noche y estaba nerviosísima. Al final había rechazado la opción de trepar porque quería estar bien vestida para la situación, así que allí estaba a las once de la noche plantada en su jardín, nunca mejor dicho, con una rosa roja y otra blanca en las manos esperando a los mariachis como quien espera por Dios. Pero no aparecían.
Sandra olvidó que Mónica solía salir en pijama al balcón a fumarse el último cigarro del día y en cuanto lo encendía la llamaba para darse las buenas noches. Corrió justo a tiempo para esconderse y que Mónica no la viera pero el móvil sonó delatándola. Salió de debajo del balcón con las mejillas al rojo vivo y le explicó qué hacía allí, el suceso con los mariachis que seguramente se habían equivocado de camino. Mónica sonrió un poco pero no hacía sino decirse lo especial que era su novia y la suerte que tenía.
Al final Sandra trepó por la enredadera con tacones incluidos, las rosas en la boca y el corazón latiéndole a mil por hora. Al llegar al balcón con un beso el pacto del inicio de sus vidas juntas en solitario quedó sellado y el último comentario de Mónica al cerrar su balcón para dar paso a la intimidad suya y de su pareja fue:

-          Hubiera dado lo que fuera por haber tenido dos ojos abajo mientras trepabas!

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