Capítulo 1
Si
esperas una historia de heroísmo, valentía, romanticismo y demás mejor cierra
esta página y búscate otra historia. Ésta no es una de esas que permanecerán
grabadas en la historia como himnos y serán dadas en las clases de lengua, ni
tan si quiera después de leerla creo que vayas a acordarte nunca más de ella.
Pero si decides quedarte, recuerda que si estás en situaciones como las que
aquí puedo llegar a describir, para ser feliz, solo tienes que hacer lo
contrario a lo que hago yo.
Mi
historia comienza dándome cuenta de lo lógico, no era como los demás, me sentía
diferente y bueno, no es que estuviera destinada a ser Cat Woman ni una
princesa ni hostias. Me di cuenta de que era lesbiana, me gusta más una chica
que comer, ahora lo acepto sin ningún problema y me río de todo, pero a la
tierna edad de quince años donde todo es un jodido drama, créeme, no fue nada
fácil asimilarlo. ¿Qué de quién me enamoro? Jaja, no podía ser de otra persona
que de mi profesora de Lengua Española. Si, es que yo la veía todos los días
desde primera fila a veces, otras desde la última, pero eso sí, era incapaz de
quitarle el ojo de encima porque era mi tipo de mujer.
Y así,
en las sombras, pasaron los años mientras yo estaba muy cómoda metida en Narnia
profunda. Mis amigas con los chicos era como si bailaran a lo largo de una gran
pista de baile y cambiaban de pareja a placer. Claro que el gran salón era el
instituto y cuando me refiero a bailar, estoy queriendo decir que se sumergen en relaciones. Yo permanecía sentada, observando
la escena a lo largo de los años que transcurrieron desde que me di cuenta que
me llamaba más poderosamente la atención, como le quedaban los vaqueros
ajustados a mi joven profesora de lengua que el “potente paquete y músculos”
que tenía el joven profesor de gimnasia.
¿A qué
me dediqué desde los quince años? A averiguar cosas sobre Dafne, la de lengua,
y he de decir, que de éxito no he tenido casi nada. Saco las mejores notas de
mi clase y tengo cierta confianza con casi todos mis profesores, pero no
consigo pasar de ahí. También puede deberse a que soy extremadamente tímida y poco
comunicativa, pero como decía mi amiga Carla, a veces tengo cara de
confesionario, y la gente me acaba
contando cosas muy íntimas sin yo mover un dedo para que suelten la lengua.
Pero bueno, ese “Don” que según Carla es la bomba, no me sirve para alcanzar el
objetivo que quiero, ya que Dafne parece un bunker anti apocalipsis zombie.
Pero miento si digo que no me gusta que así sea ella, las personas que se abren
a la primera nunca me han gustado y tiendo a desconfiar hasta de mi sombra.
Otro
tema que te inquietará es la edad, cuando mi historia comienza tenía quince
años y Dafne veintitrés, vamos que, ocho años de nada. Para mi existe un
problema a partir de los diez, así que ella entra perfectamente dentro de mis
cánones.
Y aquí
comienza el problema señoras y señores, a mis quince años no hay problema, a
mis dieciséis comencé a dar un poco el cante, bastante en realidad. Todas las
adolescentes de mi clase tienen unos niveles de hormonas en sangre que no son
ni aceptables, vale, yo también estaba igual, pero la diferencia entre ellas y
yo es que ellas pueden gritar su amor a los cuatro vientos, yo sin embargo
calladita en un rincón estoy mejor. Nadie sabe que me gustan las mujeres, mucho
menos que me muero por la de lengua. Y es que una de las tías más populares del
insti, no solo por su inteligencia, sino porque… ¡Vale joder! La opinión de
casi todo el mundo es que soy una poco rara al principio, pero muy simpática,
extrovertida y demás gilipolladas típica de una chica que le cae divinamente
bien a todo Dios, si a eso le sumamos que según todos los tíos estoy muy buena,
pues ahí tienes el cóctel en el que me encontraba. Una chica que es acosada por
los chavales hormonados que pasa de todos ellos, enamorada de su profe de
lengua, sin que nadie sepa que es homosexual y por supuesto acojonada. No
conozco a nadie como yo, una de dos, o en este instituto se esconden o en
verdad soy un bichito raro que no confía en nadie lo suficiente como para
desahogarse del todo. Pero bueno.
Todo no
puede ser de color de rosa y cuando empecé a dar el cante pues no quise pasar
desapercibida como haría cualquiera. Te resumo, en mi situación, cualquier
chica con dos deditos de frente escogería al chico más idiota pero guapo y
comenzaría una “relación tapadera” para quitarse de encima las sospechas, yo
simplemente soy una idiota demasiado sincera. Antes de hacer daño a un chico,
al cual dejaría traumatizado en un futuro, simplemente me quedé en el banquillo
del gran baile que mencioné antes. Y como si las chicas de repente tuvieran un
complejo extraño de ser buitres, se lanzaron a por mí, su carroña.
Así
empezaron insinuaciones, un poco de acoso por aquí, insultos por allá, una
pizca de desprecio y bueno, mi vida se redujo a sentarme sola en clase, notar
miradas en la nuca porque yo no levantaba la vista de lo que tuviera entre
manos o del suelo y demás. Vivía acojonada, todo porque ellos creían que era
lesbiana, cosa que era, pero joder, yo
no había dicho esta boca es mía salvo cuando me defendía de las primeras
acusaciones.
¿Amigos?
Aquellos a los que así consideraba salieron corriendo al primer atisbo de
fuego, ¿La típica compañera marginada que me defiende o me entiende y me ayuda?
Eso solo pasa en las películas cariño. ¿Profesores? Los hijos de puta de mi
clase sabían hacerlo tan bien que todo estaba camuflado, los profesores estaban
ciegos directamente, siendo manipulados por los… vamos a llamarlos “secuaces
del diablo”. ¿El típico chico que se
apiada de ti? Otra vez, deja de ver pelis, en serio. ¿Una chica que se enamora
de mí, de mi edad o mayor que llega y me salva? Podría haber pasado, pero yo no
tengo esa suerte.
Y así
estaba yo en segundo de bachillerato, aún no había cumplido los diecisiete y
tampoco es que hiciera mucha falta, tenía claro que con tanto disgusto en el
instituto, en casa y demás moriría joven. Estaba en la única clase en la que me
sentía bien, un poco como antes, sentada en la última fila sola. Procuraba no
mirar ya a Dafne porque las chicas de mi clase no me quitaban ojo, buscando
cualquier atisbo de punto débil para darme en él con toda su fuerza y con el
tema Dafne, no estaba dispuesta a permitirlo. Así que me contentaba con mirarla
de reojo y atender lo justo y necesario para que ella no pensara que pasaba de
su clase. He de admitir que mientras atendía le daba un repaso a ese cuerpo,
pero hay detalles que una no puedo evitar.
La hora
se me pasó volando, es cierto eso que dicen que cuando te lo pasas bien el
tiempo se esfuma. Apesadumbrada cogí mis cosas y salí la primera de la clase,
prácticamente volé hasta llegar a la terraza del instituto, el único rincón que
podía considerar mío. Saqué un libro que llevaba poco tiempo leyendo y me puse
manos a la obra mientras comía tranquilamente. Con todo mi panorama, yo misma
decidí aislarme antes de que me hicieran alguna putada jodida, soy idiota en
ocasiones, pero tanto no. Lo bueno de ese momento era que no fingía, era yo
misma y hacía lo que me apetecía hacer. Y no paraba de sonreír como una idiota
porque cuando acabara el descanso tenía otra hora de lengua. Por eso adoraba
los miércoles.
El
timbre sonó demasiado pronto. Pero volé por la escalera y me hundí fácilmente
en el mar de alumnos que volvía del patio de una manera ruidosa y desordenada
para ir a su siguiente clase. Pero ese día no tenía todas las papeletas
conmigo. Fui a mi taquilla y allí me esperaban un grupo de unos cuatro chicos y
seis chicas. Supe que me estaban esperando porque nada más enfocarme los tíos
comenzaron a reírse como gorilas y las chicas se pusieron serias con su mejor
cara de asco pintada y ese brillo malicioso en los ojos.
Os
ahorraré detalles, acabé saliendo del baño con la cabeza empapada en agua.
Gracias a las técnicas de supervivencia que vi en la televisión la cerradura
saltó con dos patadas bien dadas en el centro de la puerta. En el lavabo me
escurrí el pelo y me hice un recogido para disimular que estuviera empapado. Me
sequé la cara como pude y disimulé los morados de los brazos y que tenía la
camiseta algo mojada con una chaqueta que por suerte llevaba dentro del bolso y
muy digna fui a clase de lengua. Llegaba diez minutos tarde, pero al entrar y
anunciarle a Dafne que me encontraba algo mal todo estuvo arreglado. Me senté
en mi sitio al fondo de la clase y ese día tuve que soportar miradas, risas y
frases del estilo “¿Qué mal huele no?” “Alguien no se ha bañado desde hace
mucho” “Joder, no sabía que la mierda podía apestar más aún de lo que apesta
normalmente”…Os ahorraré muchas perlas de frases, pero éstas son un buen
ejemplo la verdad.
Éste
era mi día a día, por eso no quería ir a ese infierno al que llaman instituto,
por eso me ponía mala con frecuencia y no solo porque me inventara muchas veces
que estaba enferma, sino porque a veces los mismos nervios me producían el
malestar, pero bueno. Basta de hablar de mí. Esta historia es de dos personas.
Así que dejo paso a Dafne, que ella
también tiene mucho que contar. Besos y TO BE CONTINUED como dicen en las
series. Por cierto, mi nombre es Laura.
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