jueves, 12 de julio de 2012
Sangre
La suave cuchilla acariciaba la suave piel blanca, mientras las lágrimas no paraban de rodar por las mejillas. Solo una pregunta ronda su cabeza ¿Por qué? y por mucho que piensa y piensa, no encuentra una razón que la haga volver a la tierra. Todos lo sabían, todos estaban al tanto de las intenciones que surcaban la mente de esa persona por la cual suspira ahora, ayer y cada noche de su vida. No encuentra una razón para su ausencia, no encuentra una razón para quedarse, no encuentra una excusa que la haga disuadirse y ríos y ríos de agua caen sin poder remediarlo, sin sentido, no tendría porqué hacerlo, pero no se ve capaz de abrir los ojos al día siguiente y respirar su ausencia. La cuchilla deja de acariciar y por allí por donde pasa deja rotas las fibras de su alma, mientras la lava caliente corre hacia abajo, roja y cálida como sus abrazos y sus besos, los cuales le quedan tan lejos ahora de la memoria, que el dolor que le causa su recuerdo se le clava en el alma aun más. No quiere llamar la atención, no quiere palabras de consuelo. Quiere que la dejen sola, con su miedo, su cobardía y su dolor.
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