viernes, 30 de noviembre de 2012

3º capítulo!


3

El hospital

Como siempre ocurre, lo bueno se acaba pronto, aunque Vico estaba deseando empezar con su trabajo, tenía más ganas de mostrar a su nuevo Director los avances que había obtenido en ese mes de vacaciones en su trabajo de investigación. Había pasado varias veces por el hospital con la moto para ir indagando como era el ambiente, aparentemente era como en el que trabajaba, pero por supuesto como buena interna que era, sabía que la apariencia externa de trabajo y la interna distaban mucho de lo que se podía apreciar desde fuera.

Valiente externamente, pero acojonada internamente arrancó esa mañana la moto para dirigirse a la que sería su nueva jungla. Al llegar tuvo que sacar en el parquin la tarjeta de medico oficial del hospital ante el portero, que la obligó a quitarse el casco.

-         Bienvenida señorita Montenegro – le dijo el portero mostrando una gran sonrisa blanca en su rostro mulato.
-         Muchas gracias, aunque no sé yo si empezaré con buen pie hoy.
-         Ya verá que si, una mujer tan guapa no puede encajar mal aquí.- dijo zalamero el hombre.- Me llamo Juan, para servirla y puede aparcar la moto cerca del ascensor, hay sitios especiales para ellas y estará su niña a buen recaudo se lo garantizo.

Vico le sonrió, a pesar del exceso de elogios ese hombre le había caído bien. Se dirigió a donde él le había dicho y pudo comprobar que habían muchos puestos diseñados para motos, pero solo estaba ocupado uno con una moto roja pasión Kawasaki, le gustó mucho el fino modelo y parecía muy veloz, pero no se podía comparar con su gran moto Harley.
Ataviada aun con el mono, tenía a la espalda la mochila y en una mano el casco con los guantes dentro se dirigió con paso firme a la planta superior, que según mostraba el cartel llevaba directamente a la recepción de urgencias.

Al abrirse las compuertas del ascensor no se sorprendió al ver a gente de un lado para otro como si tuvieran un muñeco de cuerda incrustado por el ano, así era la vida de urgencias, correr para un lado o para el otro para intentar hacer el trabajo de tres personas para salvar la vida, o mejorar la calidad de vida de unos humanos que lejos de ser agradecidos a veces has te insultaban.
Se dirigió a la recepción con una media sonrisa en la boca y estuvo esperando unos segundos bastante largos hasta que la recepcionista quedó libre para atenderla.

-         Buenos días señorita, puede pasar a la sala de espera que en seguida será atendida, rellene mientras tanto estos papeles…- le iba diciendo la recepcionista hasta que Vico la cortó de sopetón con educación.
-         No, disculpe, soy la nueva pediatra de urgencias y estoy un poco perdida, me incorporo hoy.

La recepcionista abrió bastante los ojos sorprendida por la juventud de Vico, pero automáticamente la reconoció.

-         Claro, es usted la Señorita Montenegro ¿No?
-         Si, soy yo. Encantada. – dijo mientras le tendía una mano.

La recepcionista le correspondió el saludo anunciando que su nombre era Teresa y pidiéndole que la siguiera la condujo hasta el despacho del Director.

Teresa era una mujer que había entrado hacía un par de años en la década cincuenta de su vida, tenía algunas arrugas en el rostro causadas por el estrés y la frenética vida de urgencias, pero se la veía muy buena persona aunque un poco alcahueta. En cuanto al director, tenía más o menos veinte años más que ella y se vio muy interesado por su vida. Vico más o menos le relató su experiencia en hospitales y le dio en un dosier el resumen de su investigación, Javier, que así se llamaba, se vio interesadísimo y quería como no, que cuando patentara dicha investigación saliera el nombre de su hospital para ganar prestigio ante la comunidad. Vico lo entendió y supo que al momento se había convertido en lo que más odiaba, la niña mimada del director tan solo por su apellido y por su trabajo. No le importaba siempre y cuando ese hecho no le causara problemas con ninguno de sus compañeros.

Ese mismo día le dieron un despacho, el cual tenía que compartir con otra pediatra. En la puerta rezaba la inscripción.

Despacho de pediatría 5

Dra. Victoria Montenegro
Dra. Megan Miranda

En el despacho había dos mesas amplias de madera cada una con todos los utensilios necesarios, dos camillas y cerca de la puerta dos taquillas para poner los efectos personales. En una estaba la llave puesta así que Vico entró al despacho, lo cerró y abrió las persianas del gran ventanal que iluminó todo como si de un foco enorme se tratara cegándola momentáneamente. Tenía vistas a la azotea del parquin. Comenzó a desvestirse quitándose el mono, y guardando el casco en la taquilla vacía, justo cuando se terminó de quitar el mono y se estaba colocando la camisa que había traído en la mochila la puerta se abrió de sopetón dándole un susto.



Nada más entrar por la puerta del hospital Teresa ya la estaba acosando con todos los pacientes que tenía que atender esa mañana y que esperaban su visita ansiosamente, entró en el despacho, se cambió rápido y subió frenética. Estaba un poco cansada porque la noche anterior la había pasado con Alejandro, no había sido una noche tranquilita sino una velada apasionada, aunque a Megan no le apeteciera. Sabía de algunos hombres que duraban bastante en la cama sin parar y justamente uno de ellos le tenía que tocar a ella, se quejaba porque Alejandro prácticamente había basado la relación que ambos mantenían en sexo y ella necesitaba algo más, no era que quisiera matrimonio ni avanzar más en el compromiso, con ser novios le bastaba y le sobraba, en ocasiones hasta mucho era porque después de un exceso de su compañía Megan se veía en la rara situación de no querer saber nada de él como ahora mismo le pasaba. Y allí se encontraba, recorriendo los pasillos como si de una carrera se tratara intentando por todos los medios no encontrárselo.
Justo cuando acabó de atender a los pacientes que se encontraban en planta fue a tomarse un café con la intención de quedarse tranquilamente en la cafetería reflexionando acerca de su triste vida, pero desistió al ver a su novio hablando con el camarero y decidió refugiarse en la tranquilidad de su despacho, el cual disponía un apacible, gran y cómodo sillón que estaría encantado de recibir en su seno su cuerpo cansado.
Justo al entrar a su despacho uno de los celadores con los que se llevaba muy bien la saludó y entró de espaldas. Cuando se giró aun con la sonrisa en los labios se encontró de sopetón con alguien que bien podía confundirse con modelo o debido a que no tenía pantalones y solo llevaba la camisa verde oficial para los médicos del hospital con una doctora cachonda del porno profesional.

-         Perdón, no sabía que usted estaba aquí. – dijo Megan avergonzada.

Contra todo pronóstico, Vico se puso el pantalón holgado verde sin prisa ninguna y con una sonrisa le contestó.

-         Tranquila mujer, tú debes de ser la doctora Megan Miranda ¿Me equivoco? Yo soy Vico Montenegro. – se presentó tendiéndole una mano
-         ¡Bien! – comentó Megan bastante avergonzada por la situación- Entonces compartiremos despacho, veo que te has acomodado bien. Las batas las tenemos detrás de la puerta, la tuya viene con tu nombre o sino puedes pedírsela a Teresa. La verdad era que necesitábamos una pediatra más, yo estoy desbordada de trabajo.

Vico notó el nerviosismo en la voz de Megan, la había dejado muy turbada el hecho de entrar y encontrársela a ella así de esa forma en lo que seguramente era su “zona privada” y sonrió anchamente.

-         Bueno, acabo de llegar hace apenas unos minutos y estoy bastante desubicada, ¿puedo ir contigo para ir conociendo el hospital y hacerme una idea de cuantos pacientes tengo y quienes son?

Megan la miró y se rio.

-         Por supuesto, te lo iba a ofrecer. Yo acabo de ir a dar una ronda por planta, pero aquí lo primordial son las urgencias, pocos pacientes tenemos en planta y no suelen tener nada grave, el director a nosotras dos en concreto nos quiere más para las urgencias porque somos jóvenes y por nuestra experiencia, aunque tu debiste acabar la carrera hace poco ¿No?
-         La verdad es que no – dijo Vico resignada a la pregunta que siempre le hacían- acabé todo hace unos cuatro años, tengo veintiséis años empecé antes la universidad porque soy superdotada aunque en apariencia no se note.

Y así comenzaron a caminar por los pasillos contándose algunas cosas sobre su vida, Megan tenía dos años más que ella y por lo visto sentía el mismo amor por los animales que ella, a decir verdad tenían muchas cosas en común. Vico se fijó bastante en Megan, era una chica que llamaba demasiado la atención, sus ojos verdes y su piel blanca contrastaban con su pelirrojo y rizado pelo, era flaquita aunque un poco más ancha que Vico y tenía una sonrisa amplia y sincera con una expresión risueña encantadora. Vico se puso a pensar y desde que había conocido a Jess no se sentía atraída por nadie físicamente tan rápido, pero decidió ignorarlo, su nueva vida estaba comenzando y en ella no había cabida para el amor, por lo menos no en breve y tampoco podía fijarse por las buenas en una chica que iba a ser su compañera de trabajo.

-         Tengo pareja, es un plasta, pero muy buena persona, te lo presentaré seguro está en la cafetería.

Ante esa perspectiva Vico no pudo evitar que le diera un pequeño vuelco el estómago, pero decidió ignorarlo con todas su fuerzas. Se dirigieron a la cafetería y efectivamente ahí estaba Alejandro aun hablando parlanchín con el camarero. Megan lo abrazó por la espalda y comentó en voz alta.

-         Vaya, ya veo que mientras unos estamos hasta las orejas de trabajo, otros se cogen su tiempo de descanso junto con el de los pobres que no podemos ni respirar.

Alejandro ante estas palabras se giró, la abrazó y se rio en su cara diciendo:

-         Eso te pasa por hacerme entrar dos horas antes de que empiece mi turno, cierto es que te traje yo porque me dio la gana, pero no pienso hacer horas extras por tu cara bonita.
-         Mira, te quiero presentar a la nueva pediatra, es Victoria Montenegro, ya no estaré desbordada de trabajo, pero no podré quedar después contigo, ella y yo tenemos que encargarnos de los retrasos, solo venía a avisarte. Adiós.

Y dicho esto se dio media vuelta tan pancha y se marchó, Vico sorprendida se fue con ella apretando el paso viendo por última vez la cara de decepción por lo que le acababa de decir su novia y una mirada de deseo dirigida hacia ella misma.

-         No sé por qué creo que me has usado de excusa…- comentó Vico como el que no quería la cosa a Megan.
-         Si- dijo poniéndose un poco colorada- es que esta noche me apetece pasarla sola, él a veces me asfixia mucho, pero bueno supongo que todas las parejas pasan por una etapa parecida.

Vico sonrió, sabía de sobra a que se refería.

-         Si, sé a que te refieres, sobre todo pasa cuando no hay amor, pero bueno, en tu caso supongo que eres demasiado independiente y él dependiente, con el tiempo se soluciona…

Ese fue el inicio de unas conversaciones bastante largas mientras Megan le enseñaba el hospital a Vico. Se llevaban bastante bien y coincidían en la forma de pensar en muchos temas. Vico pensó que con el tiempo podrían ser muy buenas amigas.





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