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Traslado
El aterrizaje había ido genial,
y pensó que por lo menos algo empezaba bien en su nueva vida. Recogió el equipaje,
que menos mal no se había extraviado, y se dirigió resuelta, pisando fuerte con
los tacones a donde estaban los taxistas esperando como lobos a que un cliente
se despistara para clavarle una tarifa más alta.
El pobre Alfredo tenía un
día de perros y parecía completarse cuando su jefe, el cual no lo llamaba desde
hacía más de un año para comprobar como llevaba sus propiedades en Granada y
Sevilla, lo llamó ese día para pedirle que si podía coger la limusina para
llevar a su hija desde el aeropuerto al nuevo piso que adquirió el magnate. Se
imaginaba a una jovencilla pija, malcriada, chula y prepotente, pero mientras
mantenía ese cartel en alto con el nombre de Victoria Montenegro en grande
todas esas ideas preconcebidas se le cayeron a los pies.
Vico estaba cansada de
espantar al moscardón del chófer que le había puesto su padre, sabía que lo
hacía por su bien, pero tenía la sensación, como siempre, de que su familia no
la conocía en absoluto. Le encantaba estar a su bola, descubriendo cosas por su
cuenta y dando rienda suelta a su independencia que poseía desde que había
venido al mundo.
Había tratado al chófer
con la mayor amabilidad de la que fue capaz, teniendo en cuenta que no paraba
de acosar su intimidad mirando por el espejo retrovisor y de hacerle preguntas
incómodas sobre su vida que ella no tenía ningún interés en contestar. Después
de haber dejado su equipaje en el hall de la gran casa terrera que su padre
acababa de poner a su nombre, el sonido de la limusina la despertó de lo que
entonces había creído un sueño. Eran comienzos del verano y tenía un largo mes
de vacaciones que le había concedido el hospital a causa del traslado y ya se
sentía un poco perdida.
La primera semana la
dedicó a familiarizarse con la gran casa, lo que más le gustaba era el piso de
parquet que sabía que su padre le había instalado con conocimiento de ello, lo
segundo fue la cocina, era muy amplia, con muebles funcionales muy modernos,
barra americana y una gran mesa para invitados. Tenía un baño enorme que
constaba de una ducha, un jacuzzi redondo un lavabo amplio con un espejo enorme
con buenos focos y demás utensilios y muebles de un baño corriente. El
dormitorio era idéntico al de su antigua casa, ese detalle fue uno de los que
más agradeció y por último la gran sala de estar que tenía tres grandes
sillones de tela negra, cojines blancos y rojos, en el medio de los tres
muebles una gran mesa decorativa y justo en frente un gran mueble biblioteca
donde ya había colocado sus libros y en el centro de el un hueco en el que se
hallaba encajada una tele de cuarenta y dos pulgadas. Lo único más diferente
que su casa era que en vez de patio trasero tenía una amplia azotea donde ya,
sospechaba que su padre, habían colocado todo lo necesario para Clito, que
llegó tres días después que ella en avión.
Gracias a la cantidad de
memorias externas, DVD y pen drive pudo retomar su trabajo de nuevo. Comenzaba
todas sus mañanas con ejercicio, se iba a correr por el parque, desde las seis
de la mañana hasta las ocho sin descansos prolongados, con sus cascos de música
y Clito a su lado, después iba a casa, trabajaba hasta las dos, almorzaba y
seguía trabajando hasta las cinco y después el resto de la tarde hasta las diez
podía hacer cualquier cosa que se le pasara por la cabeza, después se conectaba
a internet mientras cenaba y hablaba con sus amigos hasta que a las once u once
y media se iba a la cama hasta el día siguiente.
No se relacionaba mucho
con el vecindario, la verdad era que estaba en lo que muchos llamarían barrio
de pijos y según ella la mayoría de las casas se podía considerar casas
dormitorio, ya que solo eran utilizadas por sus habitantes como eso. Pensó con
gracia también mientras se le ocurría eso, que ella también utilizaría la suya
de igual modo cuando pasara ese idílico mes de vacaciones, pero se olvidó
pronto de la idea cuando sumergió la cabeza en el burbujeante jacuzzi.
Desde que llegó a Sevilla una idea
descabellada le rondaba la cabeza y esa mañana se despertó con unas ansias y
sentimiento de independencia a lo que antes la amarraba que la idea tomó forma
definitiva en la cabeza. Fue al gran garaje esa mañana, dedicando un par de
horas de trabajo para asuntos de trabajo, y cogió uno de los dos coches que su
padre le había dejado allí a su disposición. Uno era un llamativo descapotable
rojo y el otro un discreto golf GTI negro, se decantó por este último para ir
al centro comercial más próximo.
Una vez allí no perdió el
tiempo, fue directamente a un concesionario de motos y después de mucho mirar
se decantó por una muy grande de la marca Harley que no era de estilo antiguo,
sino de las modernas, parecida a la Kawasaki. Después de pedir la moto por
encargo especial y personalizado, se dirigió al centro comercial para adquirir
todo el equipamiento necesario.
Al llegar a casa soltó
todas las bolsas que había traído del centro comercial y se acostó en uno de
los grandes sillones muy cansada, Clito fue testigo de como poco a poco cerró
los ojos y también de su despertar, que se produjo a la hora de almorzar. Y así
transcurrieron dos semanas hasta que llegó la moto a su casa. Cuando la tuvo en
su garaje la miró de arriba abajo emocionada y maravillada ante tremenda
máquina americana. Se puso sus nuevas botas de cuero, su mono especial de
motorista, los guantes negros y su casco enterizo y salió de su aburrido barrio
a toda pastilla como un rayo negro que cortaba la carretera. Fue un chute de
adrenalina maravilloso, recorrió varios kilómetros alucinando con la velocidad,
la potencia, el ronroneo del motor mientras estaba parada y las miradas que le
dirigía la gente al verla pasar, en esos breves momentos fue feliz y agradeció
a su padre la gran cantidad de dinero que le había ingresado en la cuenta.
Esa noche se paró a pensar
en su familia mientras fumaba de la gran pipa de agua que tenía en su
dormitorio. Ciertamente su madre no quería verla ni saber de ella ni en broma y
su padre, para el cual ella siempre había sido la niñita de sus ojos, se veía
en la obligación de velar por el bien de todos y la había medio desterrado con
cariño para que fuera feliz lejos de allí y no tuviera que soportar las
distintas fases por las que su madre pasaba. “Será por un tiempo Abby” le había
dicho su padre al marcharse y despedirse de él la última vez que ella fue a su
casa, pero Vico sabía que tendría que pasar mucho tiempo antes de que su madre
y el resto de la familia pudiera aceptarlo. También le vinieron a la cabeza
recuerdos de cuando era pequeña, desde que tenía conciencia había sido así, no
era algo que había descubierto con el tiempo, le gustaban las chicas como a
algunas personas les gusta más el chocolate blanco que el negro, era algo tan
inevitable como respirar y llevaba años callándolo. Recordó su época en el
instituto, había pasado por todas las etapas inimaginables, la época de no
quiero saber nada de nadie, ni si quiera amistad, después poco a poco comenzó a
hacer amigos, a continuación llegaron las presiones por parte de sus amigas, a
todas les gustaba algún chico o estaban saliendo con alguno y ella era la
típica que no soltaba prenda de su vida privada, para ellas era que a Vico le
gustaba hacerse la interesante, para ella era terror a que la rechazaran. Poco
después de las presiones llegó la no aceptación, se intentaba auto convencer de
que no sentía lo que sentía por una de sus mejores amigas y se entregó a los
brazos de un chico, menos mal que el muchacho en cuestión era una muy buena
persona y aguantaba como podía los aparentes cambios repentinos de afecto que
le demostraba Vico, hasta que se cansó. Dejó al chaval al poco tiempo y les
confesó a sus amigas que no quería salir con ningún chico porque era lesbiana,
fue muy duro al principio, se le atascaban las palabras y estuvo al borde del
llanto en más de una ocasión durante la explicación, pero contra todo
pronóstico sus amigas la arroparon por completo y la tranquilizaron, según
ellas no había problema ninguno, pero Vico veía uno muy claro el cual se
resolvería años después cuando la pilló besando a una chica en su casa… Poco
después de decírselo a sus amigas pasó a la etapa de querer descubrir, se iba y
arrastraba a sus amigas a bares de ambiente y más de una chica de su edad o un
poco mayor y en ocasiones alguna menor caía en sus redes. Una cosa estaba
clara, si Vico de adulta estaba muy buena, de adolescente estaba muchísimo
mejor, no es que hagan mucho tiempo de eso, pero con la carrera de medicina ya
no podía hacer tanto ejercicio como hacía antes y la figura cambia, pero aunque
ella no lo quisiera admitir, no había gran diferencia físicamente hablando de
cuando ella tenía la tierna edad de dieciséis o diecisiete a la que tenía
ahora. Y por último empezó los estudios seriamente, lo que le restaba mucho
tiempo y después de un par de desengaños amorosos con unas cuantas chicas y más
o menos seis novios de tapadera para guardar las apariencias allí estaba, lo
único que era capaz de mantener eran relaciones como las que tenía con Jess,
amigas que de vez en cuando se buscaban para compartir algo más que penas,
alcohol y risas.
Su vida era un poco
desastre pero estaba estable emocionalmente y eso era lo que importaba, o al
menos estaba estable antes de su “gran salida del armario”, ahora estaba un
poco confundida, sobre todo al irse a Sevilla, se sentía un poco sola, pero
eran etapas que ella supondría que pasarían rápido, por lo menos estaba
convencida que al empezar el trabajo volvería a tener el mismo poco tiempo para
su vida privada y no porque el trabajo lo exigiera, sino porque se pensaba
dedicar en cuerpo y alma a lo único que no le había fallado en su vida de
momento.
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