1
¿Por
qué?
Tomándose un Martini
durante el viaje en avión, medio apesadumbrada, iba pensando en cómo la realidad
había cambiado en un mes, un mes en el que todo su mundo de mentiras a lo largo
de su vida había llegado a su fin.
Trabajaba en su ciudad
natal, en el Hospital Universitario, tenía veinticinco años y había vivido su
niñez de una manera muy acomodada, ya que sus padres eran grandes empresarios y
podían concederle todo capricho a la que era la única hija del matrimonio. Ella
siempre había sido una mujer ejemplar, excelente estudiante, buena hija, buena
amiga y buena compañera de clase y también buena amante, aunque muchos
desconocían esa cualidad como es normal.
Todo empezó después de
dejar a su sexto novio oficial, para ella un don nadie que solo quería dar el
braguetazo para enchufarse a una de las familias más ricas del país, y para su
familia el hombre perfecto para ella. Su madre sobre todo, puso el grito en el
cielo porque le parecía un error de los grandes, ya que ella parecía querer
para su hija la vida que nunca tuvo y vivir a través de ella, típico error que
algunas madres cometen. Su padre nunca estuvo tan serio y sin embargo dijo
secamente “Si crees que no es lo suficientemente bueno para ti hiciste bien en
enseñarle donde está la puerta, aunque me gustaba de lameculos”, se rio al
recordar esto último, su padre aparentemente era muy serio pero en la intimidad
del hogar y con un buen vaso de vino, de él se podía esperar cualquier cosa.
Con una sensación rara en
el cuerpo esa noche salió de casa de sus padres dispuesta a enrollarse en su
nórdico y ponerse tranquilamente junto a Clito, su gran perro Pastor alemán a
ver alguna película que la hiciera desahogarse a través de una historia
trágica, pero algo cambió y fue el mensaje de texto que recibió al bajarse del
coche justo en frente de su casa.
Me enteré de que por fin dejaste a ese idiota, ¡ya era hora! ¿Me vas a
dar en tu vida el papel que me merezco? Me paso por tu casa. Bss Jess.
No tenía ganas de verla,
pero nada más pensar en sus curvas y la posibilidad de pasar una noche en una
compañía menos peluda que su perro se le hacía bastante más atractivo el nuevo
plan. Y el hecho de que en realidad le apetecía fervientemente un buen polvo
quizás fueron motivos suficientes para convencerla un poco. Mientras tanto
estaba como una idiota parada fuera del coche con una mano sujetando el móvil y
una mente calenturienta deleitándose con una serie de imágenes que ruborizarían
a cualquiera.
Entró en la casa y sintió
un calor abrasador, con frecuencia se olvidaba que fuera hacía un frío de
muerte en pleno invierno. Se quitó la chaqueta, el gorro de lana, los guantes,
la bufanda y demás prendas de abrigo y las colgó lentamente en el perchero.
Sintió que algo raro pasaba al no ver a Clito saludándola efusivamente como
siempre hacía, pero también pensó que al perro le encantaba el jardín y que
seguramente el gran bobalicón de cincuenta kilos estuviera durmiendo en el
balcón. Cogió el teléfono inalámbrico para disponerse a hacer la llamada a Jess
y se sentó en el gran sillón de cuero negro que adornaba su sala de estar con
estilo chill out. Marcó el número que se sabía de memoria y a los dos toques la
destinataria de dicha llamada respondió.
-
¿De verdad me
está llamando la gran Victoria Montenegro o son imaginaciones mías? – dijo una
voz bastante sexy al otro lado de la línea de teléfono.
-
Si Jess, soy
yo. Si quieres venir date prisa, estoy a punto de quedarme frita en el sofá.
Por cierto, no emplees tus armas de seducción conmigo, sabes que me gusta tu
voz. – comentó riendo por lo bajo.
-
Lo sé Vic,
pero para tu desgracia no son las únicas armas de seducción que sé que te
gustan y que por desgracia para ti poseo.
Y con esa breve frase le
colgó. A Vico le gustaba esa chica, por su físico, por lo directa que era, lo
sensual que podía llegar a ser y porque en la cama era una auténtica diosa de
ébano, pero no se veía embarcada en una relación seria ni con ella, porque en
cuanto se acababa el sexo entre ellas no hacían más que discutir, ni con nadie
del sexo opuesto. Ese era su gran secreto, era lesbiana encerrada en un férreo
papel de heterosexual y tenía que mantenerlo a toda costa por el bien de su
familia y porque ella no se sentía a gusto consigo misma.
Se levantó del sofá
dispuesta a cenar aunque fuera un vaso de leche, antes de que su amamante
viniera furtivamente para calentarle algo más que la cama. Subió al segundo
piso, donde se encontraba una habitación que casi nadie podía permitirse por
esa zona, la planta constaba de una sola habitación en la que en el fondo,
justo debajo de un gran ventanal, se encontraba una grandísima cama de dos por
dos encima de una tarima de madera, un armario empotrado gigante a uno de los
lados, un baño separado del resto de la habitación por unas paredes finas
semitransparentes, al otro lado un escritorio y grandes estanterías para todos
sus libros y trabajos y una guitarra eléctrica con un amplificador, una
guitarra acústica, otra española y una batería.
La casa era enorme y sí,
parecía la de una adolescente, pero a Vico le encantaba y encontrarse tan a
gusto en ella solo afianzaba que su vida no estaba echa para ser compartida con
nadie. Quería vivir sola, a su aire y sin nadie que la controlase.
Cual fue su sorpresa al
terminar de subir la escalera, cuando se encontró toda la habitación iluminada
por el tenue resplandor de velas, pétalos de rosas rojas esparcidos por todo el
suelo hasta la cama y a esa rubia imponente desnuda encima de su cama con una
pose casual.
No hubo palabras, Vico se
acercó a la cama y comenzó a besar y a acariciar a Jess como si el mundo se
fuera a acabar, Jess le quitó la ropa frenéticamente y hasta aquí me está
permitido contar.
A la mañana siguiente fue
el comienzo del gran desastre. Se levantaron tarde, ya que Vico tenía ese día
libre por haber realizado doble turno el día anterior y sin prisas ningunas
ambas fueron a prepararse tranquilamente el desayuno. Como cada mañana después
del desayuno Vico salió al patio trasero, donde tenía un pequeño jardín en
donde su pobre perro se había pasado la noche encerrado por capricho de Jess.
Vico bien sabía que a Jess no le gustaban los perros pero aun así le dio
exactamente igual, ella no era nada suyo como para decirle ni pedirle que
cambiara ningún aspecto de su vida y Clito, era un aspecto que no cambiaría por
nada del mundo. Observando como el gran perro le daba los buenos días y
correspondiéndole al saludo, Vico fue encendiendo su cigarrillo típico de cada
mañana, mientras Jess le daba la tabarra sobre los inconvenientes de fumar. A
veces la chica olvidaba el pequeño detalle de que era médico y conocía más que
de sobra los efectos del tabaco sobre la salud, pero la dejó hablar resignada
por no saber como pedirle delicadamente que se fuera de su casa.
Poco después ambas
acabaron enzarzadas en una discusión muy brusca sobre su relación, Vico harta
de la situación le volvió a decir otra vez lo que ya le había recordado en
otras innumerables ocasiones, que ella no podía llegar a sentir nada por Jess y
que dejara ya de comportarse como una novia histérica. Jess sabía de sobra lo
que había pero se negaba a dejar escapar a Vico, la consideraba muy buena novia
a pesar de su mal carácter, de su perro y de no querer admitir abiertamente su
sexualidad, pero Vico se le escurría de los dedos y la obligaba a tener que
recurrir a rebajarse a ser una simple follamiga para poder mendigar algo de su
cariño aunque solo fuera físico.
Vico como siempre se fue a
la cocina a mirar por el gran ventanal mientras encendía otro cigarro, Jess la
acababa de poner de los nervios y ella solo quería pasar ese día de la manera
más tranquila posible.
Jess después de calmarse
de la gran llantina que la asaltó en medio de la discusión fue a la cocina para
encontrarse con Vico y se apoyó en la jamba de la puerta observándola fumar
mientras apoyaba su cuerpo en uno de los laterales del ventanal negro.
Ciertamente era preciosa, alta, morena, con un pelo que más de una modelo
mataría por tener, negro azabache, unos ojos penetrantes azules como el cielo,
una figura muy modélica, delgada, unos labios carnosos espectaculares y lo
mejor…allí estaba ella casi desnuda a no ser por una camisa azul de botones que
le quedaba enorme, seguramente un recuerdo de alguno de sus novios y un culote
blanco.
Cuando Vico fue consciente
del escrutinio se giró y fue a abrazar a Jess.
-
No me gusta
tener que decirte siempre lo mismo, no me puedo enamorar de ti ni de nadie por
mucho que quiera Jess, es inevitable, lo siento.
-
Lo sé.- dijo
Jess medio ahogada otra vez por las lágrimas.
Y justo en ese momento,
como si fuera una película, de terror en este caso, cuando Vico besaba a Jess
en medio de la sala apareció la madre de Vico abriendo la puerta de par en par
y llamándola a grito pelado como siempre hacía, se quedó como en pausa viéndolo
todo como si de desconocidos se tratase hasta que Vico advirtiendo la mirada de
escándalo que Jess había puesto se había girado para ver lo que ella veía y la
realidad se impuso en las vidas de Vico y su madre como si de un jarro de agua
fría al despertar se tratase.
Los acontecimientos
siguientes se basaron en gritos, preguntas, lamentaciones, insultos y
vejaciones. Jess aguantó el tipo, estuvo allí al lado de Vico todo el rato
hasta que amablemente Vico la envió a su casa para que su madre y ella pudieran
seguir despellejándose vivas echándose cosas en cara. Ahora que estaba en el
avión no recordaba todo con exactitud, eso de que por culpa de la adrenalina
puedes perder la cabeza no anda muy desencaminado de lo que ella vivió en ese
día. Solo recuerda haber ido a casa de sus padres con su madre, haberse
encerrado en el gran despacho de su padre con él y haber estado hablando largos
minutos que se hicieron casi eternos. Su padre tomó la decisión más acertada
por todos, esa decisión se basaba en que Vico tenía que marcharse por su bien y
el de la familia en general, Vico no quería irse muy lejos ya que aun tenía que
acabar un trabajo de investigación que estaba haciendo en el hospital y después
de mucho hablar con sus jefes y con su padre allí se encontraba, en un avión de
camino a Sevilla.
La despedida con sus amigos
había sido entre divertida y dramática, armaron una fiesta enorme y la llamaron
“La salida del armario a lo grande” aunque a ella no es que le hiciera mucha
gracia, habían reído, habían llorado, contado anécdotas y demás cosas pero
ahora se encontraba sola en ese avión en primera clase, rumbo hacia un destino
incierto con una copa de Martini con una aceitunita que giraba a su voluntad en
el vaso como la ruleta de la suerte en la que su vida se había convertido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario