jueves, 22 de noviembre de 2012

Pacto

Ese miedo que se te aferra a la garganta, aprieta con dedos de sal provenientes de las lágrimas que salen de esos ojos ya cansados de llorar. El sufrimiento que aplasta el corazón como un pie una fruta madura te recorre cada esquinita del cuerpo, envenenando la poca esperanza y aferrándose a aquellos bellos recuerdos, el sol ya no brilla igual, no calienta su fulgor la piel que antaño era sensible al mas mínimo tacto de aquella flor, flor que ahora en las manos desprende el olor de la muerte como tu cabeza, algo murió en ti. En ese momento te das cuenta de que no puedes vivir así, los pies no te responden y siguen ese camino trágico que te lleva a otro final mas trágico en el que está el alivio de no sentir. Pero al dormir, se revuelve contra ti el destino regalándote puñaladas traperas de la inconsciencia, que no conforme con hacerte sufrir despierta, pretende hacerte la tortura china mientras los sueños se tornan en pesadillas. No confías ni en el tiempo, ni en ti misma, la felicidad no retornará hasta que decidas pasar esa página, página que polvorienta, con tachones y borrones pretende seguir anclada a al borde de esa amargura que te oprime el pecho, donde el aire que absorbes ya no es aire, es ese fuego que arrasa con cada fibra con vida que toca a lo largo de su recorrido, más pesado y más lento el corazón cansado bombea esas últimas gotas de sangre con las que al romper la aguja mi piel servirán para sellar el pacto que me haga venderle mi alma a él, a cambio de que me proteja del amor que jamás debí sentir y que ahora al extinguirse sus últimas fuerzas me arrebata la vida lentamente, con saña e injusticia.

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