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Si algo había
aprendido con el paso del tiempo, es que las cosas bien planeadas, si se sabían
llevar bien a cabo, tendrían que salir bien. Y con esa satisfacción se dirigió
Megan a casa, con su familia después de salir de casa de Alira.
Estoy tumbada
en mi sillón bebiéndome una cerveza y reflexionando ¿Sobre qué? Primero. Siempre
he sido una mujer muy independiente que ha odiado el compromiso como los
vampiros coger un buen bronceado. Segundo. Obviamente el punto primero se está
viendo anulado porque después de casi un año soy tan dependiente de Megan como
del porro de antes de acostarme. Tercero. Solo la veo con suerte dos veces en
semana como mínimo una vez y por lo tanto me frustro, me enfado y me sale el
demonio de dentro debido al punto dos. Cuarto. Me encantan los misterios, me
encanta lo clandestino y me encanta Megan. Quinto. La única manera en que nos
podemos ver Megan y yo es de la forma que el cuarto punto aclara. Vale,
dejémonos de puntos, que cuando me pongo en plan mi psicóloga de la
adolescencia es como para pegarme un tiro.
No niego que
necesito más, mucho más de Megan de lo que me da, pero soy una chica paciente y
aunque me cueste reconocerlo, creo que Megan sería mi esposa perfecta porque no
me asfixia, me respeta, me quiere, folla de maravilla y en cuanto a gustos nos
parecemos más de lo que pensé al principio de conocer a esa repipi estirada y
desconocida a la que le sacaba fotos para sacar dinero. He de admitir que desde
que ya no me meto con su súper marido ni en su vida privada, dejé de ganar un
dineral de los buenos, pero lo que tiene la vida de la gente famosa es que
siempre está en plena ebullición por lo que dinero y trabajo es lo que menos me
falta.
A lo que iba,
los encuentros con Megan son maravillosos y planeados hasta el exceso cuando es
ella quien los organiza minuciosamente y tremendamente espontáneos cuando los
organizo yo, por lo que en ese sentido como se podrá apreciar somos
completamente compatibles, lo que le falta a una la otra tiene de sobra.
Ardientes, pasionales, mezcla entre suavidad y rudeza…Vamos que esta mujer me
vuelve loca y no entiendo por qué no la conocí antes. La noche anterior tuve un
sueño muy extraño, le pedía matrimonio, imagínate el tamaño de mi locura por
ella.
Había un
aspecto que me preocupaba, era el de no conocer a su hija, básicamente yo no
quería, nunca se me habían dado bien los críos y aunque Megan no había ni
mencionado este tema ni por el forro, bueno, yo planeando mi futuro próximo,
notaba como ese instante se acercaba.
Megan y yo
habíamos llegado a un trato muy satisfactorio para ambas, yo le daba una foto
comprometida que había sacado en el pasado y ella me hacía algo satisfactorio
que se le pasara por la cabeza, obviamente, las fotos en realidad se quedaban
en mi ordenador y yo simplemente le daba una copia impresa y hacía como que lo
borraba del ordenador, después todo era pulcramente recuperado y almacenado.
Nunca he borrado una foto que haya sacado y nunca lo haré. Pero me gustaba ver
como Megan comenzaba a confiar más en mí y se sentía tranquila y protegida
junto a mí con un gesto tan simple como ese. ¿Qué le estuviera engañando porque
en el fondo las fotos yo las tenía? Pues no me preocupaba porque no se iba a
enterar y punto. Mis promesas no se rompen cuando las hago y el primer paso que
di con ella para seguir viéndonos y estando juntas fue que esas fotos no serían
vistas por otros ojos más que los de ella y los míos.
Le ahorraré
cualquier sufrimiento a mi Diosa de Ébano, pero cuando llegue el momento adecuado
para mí le daré las fotos que confirmarán que su marido no es como ella cree y
me ilusiono con pensar que ella lo mandará a la mierda y yo me quedaré con Megan
y con la niña como recompensa, aunque con esta última tendré que aprender a
tratar y cuanto antes mejor.
Y esos son mis
pensamientos y esas cosas, ahora llevando mi labio superior a la nariz me
pregunto cuánto tardará en llegar, necesito esos labios con urgencia, esas
manos con prisa y ese cuerpo entero YA.
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