martes, 2 de abril de 2013

Cuarto capítulo No es lo que parece .... =)


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Si algo había aprendido con el paso del tiempo, es que las cosas bien planeadas, si se sabían llevar bien a cabo, tendrían que salir bien. Y con esa satisfacción se dirigió Megan a casa, con su familia después de salir de casa de Alira.

Estoy tumbada en mi sillón bebiéndome una cerveza y reflexionando ¿Sobre qué? Primero. Siempre he sido una mujer muy independiente que ha odiado el compromiso como los vampiros coger un buen bronceado. Segundo. Obviamente el punto primero se está viendo anulado porque después de casi un año soy tan dependiente de Megan como del porro de antes de acostarme. Tercero. Solo la veo con suerte dos veces en semana como mínimo una vez y por lo tanto me frustro, me enfado y me sale el demonio de dentro debido al punto dos. Cuarto. Me encantan los misterios, me encanta lo clandestino y me encanta Megan. Quinto. La única manera en que nos podemos ver Megan y yo es de la forma que el cuarto punto aclara. Vale, dejémonos de puntos, que cuando me pongo en plan mi psicóloga de la adolescencia es como para pegarme un tiro.
No niego que necesito más, mucho más de Megan de lo que me da, pero soy una chica paciente y aunque me cueste reconocerlo, creo que Megan sería mi esposa perfecta porque no me asfixia, me respeta, me quiere, folla de maravilla y en cuanto a gustos nos parecemos más de lo que pensé al principio de conocer a esa repipi estirada y desconocida a la que le sacaba fotos para sacar dinero. He de admitir que desde que ya no me meto con su súper marido ni en su vida privada, dejé de ganar un dineral de los buenos, pero lo que tiene la vida de la gente famosa es que siempre está en plena ebullición por lo que dinero y trabajo es lo que menos me falta.
A lo que iba, los encuentros con Megan son maravillosos y planeados hasta el exceso cuando es ella quien los organiza minuciosamente y tremendamente espontáneos cuando los organizo yo, por lo que en ese sentido como se podrá apreciar somos completamente compatibles, lo que le falta a una la otra tiene de sobra. Ardientes, pasionales, mezcla entre suavidad y rudeza…Vamos que esta mujer me vuelve loca y no entiendo por qué no la conocí antes. La noche anterior tuve un sueño muy extraño, le pedía matrimonio, imagínate el tamaño de mi locura por ella.
Había un aspecto que me preocupaba, era el de no conocer a su hija, básicamente yo no quería, nunca se me habían dado bien los críos y aunque Megan no había ni mencionado este tema ni por el forro, bueno, yo planeando mi futuro próximo, notaba como ese instante se acercaba.
Megan y yo habíamos llegado a un trato muy satisfactorio para ambas, yo le daba una foto comprometida que había sacado en el pasado y ella me hacía algo satisfactorio que se le pasara por la cabeza, obviamente, las fotos en realidad se quedaban en mi ordenador y yo simplemente le daba una copia impresa y hacía como que lo borraba del ordenador, después todo era pulcramente recuperado y almacenado. Nunca he borrado una foto que haya sacado y nunca lo haré. Pero me gustaba ver como Megan comenzaba a confiar más en mí y se sentía tranquila y protegida junto a mí con un gesto tan simple como ese. ¿Qué le estuviera engañando porque en el fondo las fotos yo las tenía? Pues no me preocupaba porque no se iba a enterar y punto. Mis promesas no se rompen cuando las hago y el primer paso que di con ella para seguir viéndonos y estando juntas fue que esas fotos no serían vistas por otros ojos más que los de ella y los míos.
Le ahorraré cualquier sufrimiento a mi Diosa de Ébano, pero cuando llegue el momento adecuado para mí le daré las fotos que confirmarán que su marido no es como ella cree y me ilusiono con pensar que ella lo mandará a la mierda y yo me quedaré con Megan y con la niña como recompensa, aunque con esta última tendré que aprender a tratar y cuanto antes mejor.
Y esos son mis pensamientos y esas cosas, ahora llevando mi labio superior a la nariz me pregunto cuánto tardará en llegar, necesito esos labios con urgencia, esas manos con prisa y ese cuerpo entero YA.

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