Recibí
un beso de sus labios justo antes de entrar en el baño, me dio su bolso para
que se lo aguantara y mientras ella cerraba la puerta yo me apoyé en los
lavabos esperando. Mi mente se fue de paseo unos segundos mientras mi novia no
paraba de parlotear de un tema típico de los suyos al que no prestaba atención.
Estaba dentro de aquel cubículo apestoso, lo que me despertó, lejos de ser algo
que mi novia dijera, fue la presencia repentina de ella. Entró al baño como
Pedro por su casa, se lavó las manos sin dejar de mirarme por el espejo, cosa
normal porque yo también me di la vuelta para seguirla mirando, pelo largo
castaño, gafas grandes negras que se quitó para colgárselas de la camiseta de dibujos animados, se lavó la cara, sus ojos
azules cerrados y una expresión de placer, los labios carnosos sonrieron
conscientes de que mi mirada acariciaba todo su ser mientras el agua resbalaba
por su piel directa de nuevo al lavabo.
Aun
mojada se acercó, me besó suavemente en los labios y cada vez aceleramos más. De
repente me mordió dulcemente el labio inferior, se separó de mi cuerpo y se fue
picándome un ojo. Volví a la realidad a la vez que ella desaparecía por una
puerta y mi novia apareció por la del cubículo asqueroso donde se había metido
para hacer aguas menores.
-
Cari ¿Me has escuchado? ¿Qué haces con la mano extendida a la salida?
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