sábado, 20 de abril de 2013

La piscina...


Nada es lo que parece ¿Por qué digo esto? Gadea es una mujer que tiene el mundo a sus pies, un marido maravilloso que gana dinero a espuertas con su exitoso negocio, viven juntos en una casa enorme con varias hectáreas de jardín, una piscina enorme, coches lujosos, vamos que es una reina encerrada en su jaula de oro. ¿En su jaula de oro? Exacto. Dicen que nunca se tiene todo lo que se quiere.
Alex es una chica que estudia al mismo tiempo que trabaja, se encarga de los jardines de la casa de Gadea y precisamente tiempo y dinero no le sobran. Es feliz con poco, su coche aun camina por milagro del cielo y tiene un hermano a sus espaldas al que mantener y una madre enferma. No anda en la opulencia, pero se las arregla como puede e intenta que todo el mundo a su alrededor se sienta bien olvidándose siempre de sí misma.
El momento de libertad de Gadea y el egoísmo de Alex tienen lugar solo cuando están juntas. Gadea se baña en la piscina mientras Álex la observa al mismo tiempo que arregla los setos y el jardín colindante a la piscina. Cuando encuentran la oportunidad debido a que los guardaespaldas de Gadea se despistan ambas se fugan.
Se meten furtivamente en la caseta de las herramientas de la piscina y allí se comienza a dar rienda suelta a la pasión. En esos momentos el sitio de procedencia deja de importar, las riquezas, la pobreza, las ataduras familiares…nada importa. Sólo Gadea y Álex. Caricias, besos, abrazos, dulzura, palabras que ambas necesitan escuchar la una de la otra, sexo…
Lástima que todo vaya a terminar después de casi un año de amor ideal.
El marido de Gadea espera ante la puerta del cuarto de la piscina con una escopeta en la mano pensando en acabar con las dos, ¿Su única duda? Tocar o no la puerta antes de entrar.

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