Nada es
lo que parece ¿Por qué digo esto? Gadea es una mujer que tiene el mundo a sus
pies, un marido maravilloso que gana dinero a espuertas con su exitoso negocio,
viven juntos en una casa enorme con varias hectáreas de jardín, una piscina
enorme, coches lujosos, vamos que es una reina encerrada en su jaula de oro.
¿En su jaula de oro? Exacto. Dicen que nunca se tiene todo lo que se quiere.
Alex es
una chica que estudia al mismo tiempo que trabaja, se encarga de los jardines
de la casa de Gadea y precisamente tiempo y dinero no le sobran. Es feliz con
poco, su coche aun camina por milagro del cielo y tiene un hermano a sus
espaldas al que mantener y una madre enferma. No anda en la opulencia, pero se
las arregla como puede e intenta que todo el mundo a su alrededor se sienta
bien olvidándose siempre de sí misma.
El
momento de libertad de Gadea y el egoísmo de Alex tienen lugar solo cuando
están juntas. Gadea se baña en la piscina mientras Álex la observa al mismo
tiempo que arregla los setos y el jardín colindante a la piscina. Cuando
encuentran la oportunidad debido a que los guardaespaldas de Gadea se despistan
ambas se fugan.
Se
meten furtivamente en la caseta de las herramientas de la piscina y allí se
comienza a dar rienda suelta a la pasión. En esos momentos el sitio de
procedencia deja de importar, las riquezas, la pobreza, las ataduras
familiares…nada importa. Sólo Gadea y Álex. Caricias, besos, abrazos, dulzura,
palabras que ambas necesitan escuchar la una de la otra, sexo…
Lástima
que todo vaya a terminar después de casi un año de amor ideal.
El
marido de Gadea espera ante la puerta del cuarto de la piscina con una escopeta
en la mano pensando en acabar con las dos, ¿Su única duda? Tocar o no la puerta
antes de entrar.
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