Cierto
es que miramos al cielo en días lluviosos melancólicos a través de una ventana
y hay dos opciones, o sonreímos porque tenemos una vida plena, feliz, tenemos
todo lo que queremos, nos rodeamos de personas fantásticas y estamos viviendo
la mejor etapa de nuestras vidas y jajajá, y ahora voy a la realidad, la
segunda opción. Miramos por la ventana ese cielo lluvioso pensando que el
tiempo está acorde con nuestra alma, con nuestra vida tétrica, nuestro corazón
hecho pedazos y nos lamentamos por los errores del pasado, por haber perdido a
personas que hubieran marcado la diferencia ahora entre estar bien o mal,
lamentamos la marcha de aquellos días felices que no supimos apreciar y valorar
por estar pendiente de cosas que ahora no tienen importancia alguna y demás,
cosas que querríamos tener y no tenemos, metas a las que quisimos llegar y nos
quedamos a mitad del camino, noches que debieron acabar de una manera
diferente, lágrimas desperdiciadas por la persona menos adecuada.
¿No te
has parado a pensar en lo inconformistas, ambiciosos y egoístas que podemos
llegar a ser? Siempre preocupados por nuestro bienestar, siempre yo, yo, yo y
después si eso yo. A veces quitar la mirada del espejo o de nuestros pies nos
ayuda a ver a quienes tenemos a los lados, en frente o detrás. No te voy a
engañar, la misma mierda nos perseguirá porque todos estarán pendientes de sí
mismos, pero marcando la diferencia, tú a veces puedes aliviar un pequeño mal
de otra persona que quizás no te percates que tiene. Te invito a que alces la
mirada, y mires hacia adelante que es tu futuro, hacia los lados, que es tu
presente y ahí están quienes te ayudarán a seguir adelante y si miras hacia
atrás o dejas a alguien, que solo sea para sonreír, darle las gracias por la
lección que te han hecho aprender y para decir un simpático adiós con la mano.
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