Coger
el teléfono en la mano como si fuera tu salvavidas, aunque sabes que en el
fondo no hay vida que salvar, se rompió en aquel momento en que fuiste dura, en
el momento en que decidiste sobrevivir a pesar de que el corazón se te
rompiera. Si, las lágrimas ya han dejado surcos en tus mejillas después de días
y días que no te has molestado en ponerles freno pero ¿Qué más da? Poco hay por
lo que luchar si ése nombre, su nombre, solo es eso, muchas letras juntas en la
pantalla del móvil que sujetas fuertemente, a solo una tecla de contarle en el
infierno en que te has metido tú sola, bajar el orgullo, pedir perdón y llevar
todo el tren hasta la última estación, si es que las vías no están cortadas por
el camino. Y mientras ahí sigues, con el teléfono en la mano, las lágrimas y
tus películas mentales por compañía…
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