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Sorpresa
inesperada
Después de la jornada
Megan y Vico acabaron sentadas en el sillón del despacho que ambas compartían,
fue un día bastante duro y ellas estaban rendidas, así que decidieron
marcharse.
-
Ha sido un día
bastante duro, será mejor que nos vayamos a casa. – comentó Megan.
-
Si, no veo la
hora de llegar a casa, darme una ducha, cuidar de mi perrito un rato y
acostarme con el estómago lleno.
-
¡Me encantan
los perros! – comentó Megan,
Se mantuvieron un tiempo
calladas mientras Vico abrió la taquilla y se vistió con su mono de cuero, al mirarse la una a la otra se
quedaron sorprendidas, Megan no llevaba mono, pero si chaqueta y pantalones
duros de cuero y ambas llevaban el casco en la mano.
-
¿La Kawasaki
es tuya? – preguntó Vico sorprendida.
-
Si, ¿Tu
también tienes moto? Seríamos las únicas, aquí los demás parecen tenerles
pánico, supongo que con tanto accidentado que llega a urgencias es normal.
-
Si, pero a mi
ya a estas alturas me da igual.
Ambas se dirigieron
parloteando acerca de las motos hasta el garaje y Megan al ver la moto de Vico se
quedó boquiabierta, era una máquina de relojería que muy pocos podían
permitirse, y con dos besos, acabaron el día.
Mientras conducía hacia su
casa a Megan le picó demasiado la curiosidad y decidió investigar sobre su
nueva compañera de trabajo, tenía algo que la atraía de una manera muy
magnética y decidió llegar hasta el fondo para descubrir que escondía aquella
muchacha. Habían pasado muchas horas hablando, pero casi había evitado las
preguntas más comprometidas y no había rebelado mucho de su pasado. Sabía que
había gente que era más tímida que otra, pero nunca había conocido a alguien
con tanto que ocultar y si algo fascinaba a Megan, eso eran los misterios.
Al día siguiente Vico se
levantó temprano como siempre y fue a correr al parque con Clito, como cada
mañana evitó cualquier pensamiento negativo por si a su moral le daba por
entrar en escena y arruinarle un día entero y mientras corría solo pensaba en
las cosas más inmediatas que tenía que hacer ese día. Clito correteaba a su
alrededor mirándola, definitivamente pensó que el único que estaría dispuesto a
seguirla al fin del mundo y a dar su vida por ella era ese perro que la miraba
y la quería como si una diosa se tratara.
Al acabar de correr y aun
faltando media hora para acabar su sesión matutina decidió acostarse entre
medio de unos matorrales usando una palmera como almohada, Clito se acostó a su
lado apoyando como siempre su enorme cabezota en su estómago, con los ojos
cerrados pensó en el hospital y en su trabajo el cual estaba a punto de acabar.
Pasado el tiempo se
levantó y se fue a su casa, ese día que se le venía encima amenazaba con ser
largo, ya que tenía doble turno, pasaría todo ese día y la noche allí para
después tener dos días libres para descansar.
Fue ajetreado, Megan y
ella apenas se vieron en todo el día hasta la noche. Por lo visto tenían las
mismas guardias y Vico se alegró mucho de comprobarlo aunque en el fondo no
quisiera.
-
Bueno, ¿me
piensas contar algo de tu vida o te lo tendré que sacar con cuentagotas? –
preguntó divertida Megan.
-
¿Qué quieres
que te cuente que no sepas?
Megan se llevó a la boca
con calma una lechuga de su ensalada y se puso a pensar torciendo la cabeza y
mirando para otro sitio de una manera muy graciosa.
-
Bueno, sé de
donde eres, sé que te gustan las motos, sé que eres superdotada, sé que te
gustan los animales y que tienes un perro…
-
Vale, pues
vivo cerca de aquí en una urbanización al lado de un parque precioso, vivía en
otra ciudad muy distante y lejana que no quiero recordar, no me gusta mucho
cocinar, me encanta leer, soy una loca del deporte y no sé…lo demás creo que lo
sabes por la búsqueda que hiciste en google.
Megan abrió mucho los
ojos, resulta que Vico era muchísimo más lista de lo que parecía y no se
refería a inteligencia, sino a desconfianza y como no…llamarlo zorrería.
-
Me parece
fascinante tu vida…- comentó Megan avergonzada.
-
¿Qué parte?,
la de que mi familia es una de las más ricas del país, que esté en este rincón
del mundo sola o que sea hija única. – preguntó Vico poniendo su expresión
favorita, la de autosuficiente.
-
Pues que no
tengas novio o pareja estable, no sé, resulta raro porque eres muy atractiva,
tienes un buen trabajo, vamos, todos los ingredientes para estar espantándote a
los hombres como moscas. – comentó riendo inocentemente.
-
Será que no
encuentro a la persona adecuada. – respondió sin apuros.
No tenía intención de
rebelar su homosexualidad a la primera de cambio, bastantes problemas le había
causado últimamente, además no entendía porque la gente le daba tanta
importancia al hecho de con quien compartes tu vida o quien te calienta la cama
por las noches.
Se dio prisa en acabar
cuanto antes su ronda porque quería echarse una leve cabezadita y llegar y
acostarse en el sillón de su despacho fue un placer inesperado que le infundió
un sueño casi inmediato.
Megan acabó pronto su
ronda y fue directa a su despacho para descansar allí un ratito tranquila, al
entrar se encontró a Vico durmiendo en el sillón y sonrió, a ella también le
costaban esos turnos una barbaridad. Sacó de su taquilla una manta que había traído
de casa y cubrió con ella a Vico, le levantó la cabeza y se sentó apoyando
suavemente de nuevo la cabeza de Vico en su regazo.
Sorprendentemente no pegó
ojo, sino los mantuvo fijos en Vico, definitivamente tenía una cara preciosa,
fina, blanca como la cal que contrastaba con su pelo ondulado negro azabache,
unas orejitas muy graciosas pequeñitas y picudas…y así permanecía mientras la
miraba embelesada.
Media hora después el
teléfono de Vico sonó sobresaltándolas a las dos, Vico pareció desubicada pero
a los dos segundos ya estaba sentada en al lado de Megan con el teléfono en la
oreja.
-
¿Quien es? –
preguntó con voz de adormilada.
-
Si muy bien,
gracias por preguntar ¿Y tú? – preguntó al teléfono. – no, no quiero que vengas
ni de broma es más, al despedirme de ti te dije que me olvidaras es tarde,
deberías estar durmiendo.
Y así siguió una
conversación que acabó unos largos minutos después. Megan notó que la llamada
había alterado a Vico, pero no le hizo ninguna pregunta.
-
Lo siento, me
dejé dormir y no pensé en que vendrías. – comentó sonriendo levemente después
de un ratito.
-
Me las he
apañado bien, duermes como un tronco.
-
Si, una
cualidad que me viene de perlas con este trabajo, me llamó mi ex, o bueno no
era mi ex tampoco, discutimos porque quiere venir, pero no se lo voy a
permitir. – comentó Vico un poco apesadumbrada y sin saber canalizar muy bien
lo que le quería decir.
-
Tranquila, no
pasa nada, tampoco te iba a pedir explicaciones aunque quiero que sepas que
aquí estoy para lo que quieras, me he dado cuenta desde que llegaste a este
hospital que estás bastante sola y casi no conoces a nadie, pero mira haremos
una cosa, - dijo cogiéndole el móvil de la mano a Vico – te dejo mi número de
móvil y cuando tu quieras me llamas, ya sea para hablar, para salir, para ver
pelis, para lo que quieras.
-
Muchas
gracias. – dijo sorprendida Vico.
Y justo cuando iba a
comentarle algo más sonó el teléfono anunciando que las necesitaban en
urgencias.
Ya por la mañana acabó de
atender a un niño que tenía un brazo roto y se fue a vestir para ir a su casa y
reunirse con Clito. Pero al abrir la puerta se encontró de golpe con Jess
sentada en el despacho esperándola. Aun no acababa de creérselo cuando se le
lanzó a los brazos y a la boca.
Justo en ese momento como
la típica película en la que los furtivos amantes tienen mala suerte entró Megan viendo todo el
espectáculo en primera fila quedándose muy sorprendida.
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