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Ración
de dos platos frios…
-
Vamos a volar
de aquí – le comentó Vico sin más.
-
¿A dónde?
-
A donde el
viento nos lleve, pero lo justo y necesario para volver al trabajo a tiempo,
eso si, estos cuatro días de vacaciones son completamente nuestros amor.
Y con un beso sellaron el
acuerdo mientras arrancaba la moto y volaron como si solo fueran una mancha por
las calles.
Era una delicia tenerla, allí
sujetándose a su cintura, acelerando más y más mientras sentía su calor a
través de la ropa y del viento que se empeñaba en azotarlas una y otra vez sin
piedad.
Le había parecido un sueño
el momento del parque, sintió como se le hundía el mundo y la vida entera al
darse cuenta de la inmensidad de sentimientos que quería borrar para siempre de
su vida.
Tal y como le comentó
después a Megan, no podía ser que después de encontrar al amor de tu vida, la
cosa se quedara así, sin más. Megan casada con un hombre que no supo hacerla
feliz nunca y Vico allí, en una esquina de su propia vida alimentándose de
recuerdos de amores esporádicos mientras el corazón le latía en la lejanía por
ella. Megan estuvo completamente de acuerdo, por supuesto.
Cuando se conoce al amor
de tu vida, lejos de sentirte como en una nube, sintiendo que todas esas piezas
que antes no encajaban ahora si que encajan y demás comentarios de amor y
perfección sobre el tema que puedas escuchar por ahí, te sientes lo más perdido
o perdida de este mundo, de repente sientes que esas piezas que no encajaban
antes, ahora tienen menos motivo para encajar, no encuentras la razón de porqué
te sientes así ni porque necesitas desesperadamente de esa persona hasta que te
dignas a abrir los ojos y abres tu corazón y tu mente a la posibilidad que
desde un principio viste claramente, la vida y el amor son simples pero nos
empeñamos en complicarlo todo, ¡Bendita complicación! Porque perdería mucho
encanto el asunto si todo fuera tan fácil y sencillo.
Cuando Vico paró el motor
estaban en una casona enorme, sencilla por fuera sin muchos adornos, pero por
dentro era una exquisitez, aparte de estar perfectamente amueblada y ser muy acogedora
era un sueño hecho realidad.
Toda estaba repleta de
grandes ventanales que daban a un jardín interior enorme y la casa tenía todas
las comodidades tecnológicas que pudieran existir, aparte de un equipo de
sirvientes especializados cada uno en su área la mar de contentos de servirlas
a ambas en todas y cada una de sus necesidades.
Lo primero que Vico hizo
fue darles vacaciones a todo el servicio durante esos días que Megan y ella
iban a estar ahí, no quería a nadie más ajeno a ellas dos en aquellos momentos
de sus vidas.
Tenían por delante cuatro
días maravillosos y el primero lo comenzaron probando la sauna que tenían en la
planta más baja de la casona y las piscinas climatizadas. Todo por supuesto
adornado con besos, charlas, manos traviesas. Pero el trasfondo de culpabilidad
que ambas sentían a veces salía a la luz, y justo cuando acabaron de cenar y
estaban acostadas la una junto a la otra en el jardín interior de la casona
observando el cielo despejado y a la gran luna llena que imponente las miraba
desde su oscura cúpula, fue una de esas ocasiones.
Les daba una pena horrible
haber dejado a todo el mundo así en la boda, sobre todo a Alejandro, no se
merecía un desplante tan grande, pero lamentarse por cosas ya pasadas es inútil
y ya al volver a sus vidas reales ya tendrían tiempo de dar explicaciones
juntas y de enfrentarse al mundo si hacía falta.
Una vez se levantaron del césped
subieron a la habitación principal, casi no llegan debido a que por el camino
los besos y su voracidad iban en aumento y la ropa cada vez recibía más tirones
inmerecidos.
Medio desnudas ya entraron
a la habitación y Vico con una última patada cerró la puerta sumiendo la casa
en silencio salvo una habitación…Y hasta aquí me está permitido contar.
Megan se despertó primero
y envuelta en una sábana decidió ducharse, cada habitación tenía su propio baño
así que no tuvo problemas. Envuelta en una toalla al salir vio que Vico aun
seguía durmiendo así que envuelta en la toalla bajó a la cocina y le preparó el
desayuno. Dejó la cocina echa un desastre como es normal, pero no le importó
mucho al prometerse al estar por fuera de la puerta cerrada de la habitación
con la bandeja preparada que iría luego a recogerlo. Suavemente entró y
encontró a su bella durmiente aun soñando.
La despertó con suaves
besos y desayunaron juntas de la comida de la bandeja mientras Vico se
preguntaba a sí misma de donde había podido sacar Megan la rosa blanca que
tenían en un baso adornando el desayuno, ya que allí no habían plantadas rosas
ningunas según los informes de estado de sus propiedades que le había mandado
su asesor.
Las preguntas se le
esfumaron de la cabeza a medida que aumentaban los besos y caricias al acabarse
el desayuno.
Pasaron ese día igual que
el anterior con la diferencia que en vez de disfrutar de la sauna, se dedicaron
a ver películas. Ya por la noche Vico se ofreció a hacer la cena y Megan se
levantó y se asomó un poco al gran ventanal de la habitación para ver como Vico
atravesaba un pedazo de jardín para meterse en la cocina. Sonriendo volvió a
acostarse para terminar de ver una de las pelis que habían empezado.
Megan no tardó en quedarse
dormida mientras esperaba, ninguna de las dos había dormido muy bien desde
hacía mucho tiempo y ambas pronto necesitarían un día de puro relax sin tanta
actividad por parte de ambas, así que decidió aprovechar en ese momento
confiando en que Vico tardaría bastante rato en hacer esa maravillosa cena que
le había prometido.
Forzó la puerta de entrada
y entraron, fue muy fácil dejar las rosas cada mañana en el jardín, pero las
dos tortolitas estaban tan metidas en su mundo de fantasía y amor que la
desconfiada de Vico no se había dado cuenta de nada. Se conocía aquella casa de
memoria y más o menos por los ruidos y por la observación que llevaba haciendo
aquellos dos días sabía que la habitación estaba ocupada a no ser que a la
pareja le diera morbo probar en otros sitios.
Nada más entrar
sigilosamente al jardín supo que alguien estaba en la cocina y alguien en la
habitación por las luces, pero ya todo estaba planeado así que dedicó a
observar la función.
Vico subió las escaleras
con la gran bandeja en la mano luchando para no tropezar, sabía que a Megan le
iba a encantar lo que había preparado, porque era su plato favorito, lo sabía
porque haciendo trampas lo había mirado en su Facebook. Pero al abrir la puerta
el panorama no estaba como para comer y mucho menos para alegría alguna.
Megan estaba a su izquierda
pegada al ventanal con el chándal fino que Vico le había prestado, la melena
suelta y despeinada y expresión de terror en la mirada. A su derecha estaba
Alejandro apoyado en el armario empotrado, con una botella de ron en una mano y
una pistola en la otra callado mirándolas a ambas.
Con una calma que no sabía
que tenía Vico dejó la bandeja en una de las lujosas cómodas y se colocó al
lado de Megan.
-
¿Qué haces
aquí? – Preguntó Megan en un susurro.
-
¿Tienes el
descaro de preguntarme qué hago aquí? – Contestó Alejandro con una voz que
delataba lo borracho que estaba. – Pues pasaba por aquí con esta botella, me
encontré esta pistola, y el olor a putas me llegó solo, y me dije ¿Por qué no?
Y vine de caza.
-
Obviamente no
estás bien Alejandro, vamos conmigo, te das una ducha, se te pasa la borrachera
y hablaremos como gente civilizada. – Comentó Vico como si estuviera hablando
con uno de sus pacientes del hospital.
Alejandro perezosamente
cambió la mirada de Megan a Vico, levantó la pistola y dijo a voz en grito.
-
¡Tú no te
atrevas a hablarme! Llegaste con tus malas artes, tu perversión, me destrozaste
la vida llevándote a quien más amo, haciéndome ambas el mayor desplante que he
sufrido en mi vida. ¿Sabes lo que es estar en ese altar, que tu mujer se
arranque el vestido delante de toda mi familia, su familia y amigos y que vaya
detrás de su fulana? No, no te lo puedes imaginar, porque ya tienes lo que quieres,
eres millonaria tienes a una mujer, la mejor mujer que he visto en mi vida comiéndote
el coño y pareces intocable, pero te dejaste algo por el camino. Me refiero a
mi, no permitiré que te la lleves.
El silencio se impuso por
un momento, la tensión podía cortarse con un cuchillo perfectamente y Alejandro
con el pulso tembloroso no dejaba de apuntar un rato a Megan y otro rato a Vico
mientras sudaba como un cerdo. Se bebió lo que le quedaba de alcohol en la
botella y la tiró a una esquina haciéndola añicos.
-
Ale, la culpa
no es suya – dijo Megan en susurros mirando a Vico – fui yo la que te dejó
plantado, fui yo la que huyó como una rata y te dejó en vergüenza, por favor
tira la pistola al suelo y hablemos, te compensaré te lo juro.
De repente un sonido de
aplausos sonó en la habitación y por la puerta entró Jess, vestía de negro de
la cabeza a los pies y lentamente mientras aplaudía se colocó al lado de
Alejandro, se puso las manos en la cintura y con voz insolente y juguetona
dijo:
-
Menos mal que
admites tu culpa, es tú culpa Megan que estemos en esta situación, te hubieras
casado, no hubieras engatusado a Vico, y ninguno estaríamos en esta situación.
La incredulidad estaba
pintada en la cara de Vico, pero tuvo valor para responder.
-
Ya no me
sorprende que estés tú detrás de todo esto Jess, siempre había algo que no me
cuajaba en ti, esa obsesión conmigo no es sana, vas a acabar por destruirme si
no cedo a tus caprichos y eso es algo que ya no estoy dispuesta a hacer.
Alejandro la culpa es mía como bien dices, yo llegué de lejos, yo engatusé a
Megan y solo yo te hice quedar en vergüenza.
Megan comenzó a gritar y a
llamar loca a Vico, echándose la culpa, Alejandro gritaba que se callaran, Jess
reía y Vico trataba de calmar a Megan.
Cuando el silencio se
hizo, Alejandro habló con contundencia.
-
Megan ¿Volverás
conmigo, serás mía al igual que yo tuyo y me amarás como antes?
Durante unos segundos el
silencio más gélido de sus vidas se interpuso, Megan se acercó a Vico y le dio
la mano.
-
No puedo –
contestó – Ya no puedo, Ale, ella es a quien quiero.
-
Bien –
contestó Alejandro mientras movía el cañón de la pistola vacilante entre las
dos.
-
Recuerda
nuestro trato Alejandro – Mencionó Jess de pasada.
Y algo hizo click en la
mente de Vico…
Movimientos, gritos, un
disparo, piernas aflojándose llegando al suelo, sangre manando del pecho…
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