viernes, 14 de diciembre de 2012

Capítulo 8! =)


8

Ración de dos platos frios…


-          Vamos a volar de aquí – le comentó Vico sin más.
-          ¿A dónde?
-          A donde el viento nos lleve, pero lo justo y necesario para volver al trabajo a tiempo, eso si, estos cuatro días de vacaciones son completamente nuestros amor.

Y con un beso sellaron el acuerdo mientras arrancaba la moto y volaron como si solo fueran una mancha por las calles.
Era una delicia tenerla, allí sujetándose a su cintura, acelerando más y más mientras sentía su calor a través de la ropa y del viento que se empeñaba en azotarlas una y otra vez sin piedad.

Le había parecido un sueño el momento del parque, sintió como se le hundía el mundo y la vida entera al darse cuenta de la inmensidad de sentimientos que quería borrar para siempre de su vida.

Tal y como le comentó después a Megan, no podía ser que después de encontrar al amor de tu vida, la cosa se quedara así, sin más. Megan casada con un hombre que no supo hacerla feliz nunca y Vico allí, en una esquina de su propia vida alimentándose de recuerdos de amores esporádicos mientras el corazón le latía en la lejanía por ella. Megan estuvo completamente de acuerdo, por supuesto.

Cuando se conoce al amor de tu vida, lejos de sentirte como en una nube, sintiendo que todas esas piezas que antes no encajaban ahora si que encajan y demás comentarios de amor y perfección sobre el tema que puedas escuchar por ahí, te sientes lo más perdido o perdida de este mundo, de repente sientes que esas piezas que no encajaban antes, ahora tienen menos motivo para encajar, no encuentras la razón de porqué te sientes así ni porque necesitas desesperadamente de esa persona hasta que te dignas a abrir los ojos y abres tu corazón y tu mente a la posibilidad que desde un principio viste claramente, la vida y el amor son simples pero nos empeñamos en complicarlo todo, ¡Bendita complicación! Porque perdería mucho encanto el asunto si todo fuera tan fácil y sencillo.

Cuando Vico paró el motor estaban en una casona enorme, sencilla por fuera sin muchos adornos, pero por dentro era una exquisitez, aparte de estar perfectamente amueblada y ser muy acogedora era un sueño hecho realidad.

Toda estaba repleta de grandes ventanales que daban a un jardín interior enorme y la casa tenía todas las comodidades tecnológicas que pudieran existir, aparte de un equipo de sirvientes especializados cada uno en su área la mar de contentos de servirlas a ambas en todas y cada una de sus necesidades.

Lo primero que Vico hizo fue darles vacaciones a todo el servicio durante esos días que Megan y ella iban a estar ahí, no quería a nadie más ajeno a ellas dos en aquellos momentos de sus vidas.
Tenían por delante cuatro días maravillosos y el primero lo comenzaron probando la sauna que tenían en la planta más baja de la casona y las piscinas climatizadas. Todo por supuesto adornado con besos, charlas, manos traviesas. Pero el trasfondo de culpabilidad que ambas sentían a veces salía a la luz, y justo cuando acabaron de cenar y estaban acostadas la una junto a la otra en el jardín interior de la casona observando el cielo despejado y a la gran luna llena que imponente las miraba desde su oscura cúpula, fue una de esas ocasiones.

Les daba una pena horrible haber dejado a todo el mundo así en la boda, sobre todo a Alejandro, no se merecía un desplante tan grande, pero lamentarse por cosas ya pasadas es inútil y ya al volver a sus vidas reales ya tendrían tiempo de dar explicaciones juntas y de enfrentarse al mundo si hacía falta.

Una vez se levantaron del césped subieron a la habitación principal, casi no llegan debido a que por el camino los besos y su voracidad iban en aumento y la ropa cada vez recibía más tirones inmerecidos.

Medio desnudas ya entraron a la habitación y Vico con una última patada cerró la puerta sumiendo la casa en silencio salvo una habitación…Y hasta aquí me está permitido contar.



Megan se despertó primero y envuelta en una sábana decidió ducharse, cada habitación tenía su propio baño así que no tuvo problemas. Envuelta en una toalla al salir vio que Vico aun seguía durmiendo así que envuelta en la toalla bajó a la cocina y le preparó el desayuno. Dejó la cocina echa un desastre como es normal, pero no le importó mucho al prometerse al estar por fuera de la puerta cerrada de la habitación con la bandeja preparada que iría luego a recogerlo. Suavemente entró y encontró a su bella durmiente aun soñando.

La despertó con suaves besos y desayunaron juntas de la comida de la bandeja mientras Vico se preguntaba a sí misma de donde había podido sacar Megan la rosa blanca que tenían en un baso adornando el desayuno, ya que allí no habían plantadas rosas ningunas según los informes de estado de sus propiedades que le había mandado su asesor.

Las preguntas se le esfumaron de la cabeza a medida que aumentaban los besos y caricias al acabarse el desayuno.


Pasaron ese día igual que el anterior con la diferencia que en vez de disfrutar de la sauna, se dedicaron a ver películas. Ya por la noche Vico se ofreció a hacer la cena y Megan se levantó y se asomó un poco al gran ventanal de la habitación para ver como Vico atravesaba un pedazo de jardín para meterse en la cocina. Sonriendo volvió a acostarse para terminar de ver una de las pelis que habían empezado.

Megan no tardó en quedarse dormida mientras esperaba, ninguna de las dos había dormido muy bien desde hacía mucho tiempo y ambas pronto necesitarían un día de puro relax sin tanta actividad por parte de ambas, así que decidió aprovechar en ese momento confiando en que Vico tardaría bastante rato en hacer esa maravillosa cena que le había prometido.


Forzó la puerta de entrada y entraron, fue muy fácil dejar las rosas cada mañana en el jardín, pero las dos tortolitas estaban tan metidas en su mundo de fantasía y amor que la desconfiada de Vico no se había dado cuenta de nada. Se conocía aquella casa de memoria y más o menos por los ruidos y por la observación que llevaba haciendo aquellos dos días sabía que la habitación estaba ocupada a no ser que a la pareja le diera morbo probar en otros sitios.

Nada más entrar sigilosamente al jardín supo que alguien estaba en la cocina y alguien en la habitación por las luces, pero ya todo estaba planeado así que dedicó a observar la función.

Vico subió las escaleras con la gran bandeja en la mano luchando para no tropezar, sabía que a Megan le iba a encantar lo que había preparado, porque era su plato favorito, lo sabía porque haciendo trampas lo había mirado en su Facebook. Pero al abrir la puerta el panorama no estaba como para comer y mucho menos para alegría alguna.

Megan estaba a su izquierda pegada al ventanal con el chándal fino que Vico le había prestado, la melena suelta y despeinada y expresión de terror en la mirada. A su derecha estaba Alejandro apoyado en el armario empotrado, con una botella de ron en una mano y una pistola en la otra callado mirándolas a ambas.

Con una calma que no sabía que tenía Vico dejó la bandeja en una de las lujosas cómodas y se colocó al lado de Megan.

-          ¿Qué haces aquí? – Preguntó Megan en un susurro.
-          ¿Tienes el descaro de preguntarme qué hago aquí? – Contestó Alejandro con una voz que delataba lo borracho que estaba. – Pues pasaba por aquí con esta botella, me encontré esta pistola, y el olor a putas me llegó solo, y me dije ¿Por qué no? Y vine de caza.
-          Obviamente no estás bien Alejandro, vamos conmigo, te das una ducha, se te pasa la borrachera y hablaremos como gente civilizada. – Comentó Vico como si estuviera hablando con uno de sus pacientes del hospital.

Alejandro perezosamente cambió la mirada de Megan a Vico, levantó la pistola y dijo a voz en grito.

-          ¡Tú no te atrevas a hablarme! Llegaste con tus malas artes, tu perversión, me destrozaste la vida llevándote a quien más amo, haciéndome ambas el mayor desplante que he sufrido en mi vida. ¿Sabes lo que es estar en ese altar, que tu mujer se arranque el vestido delante de toda mi familia, su familia y amigos y que vaya detrás de su fulana? No, no te lo puedes imaginar, porque ya tienes lo que quieres, eres millonaria tienes a una mujer, la mejor mujer que he visto en mi vida comiéndote el coño y pareces intocable, pero te dejaste algo por el camino. Me refiero a mi, no permitiré que te la lleves.


El silencio se impuso por un momento, la tensión podía cortarse con un cuchillo perfectamente y Alejandro con el pulso tembloroso no dejaba de apuntar un rato a Megan y otro rato a Vico mientras sudaba como un cerdo. Se bebió lo que le quedaba de alcohol en la botella y la tiró a una esquina haciéndola añicos.

-          Ale, la culpa no es suya – dijo Megan en susurros mirando a Vico – fui yo la que te dejó plantado, fui yo la que huyó como una rata y te dejó en vergüenza, por favor tira la pistola al suelo y hablemos, te compensaré te lo juro.

De repente un sonido de aplausos sonó en la habitación y por la puerta entró Jess, vestía de negro de la cabeza a los pies y lentamente mientras aplaudía se colocó al lado de Alejandro, se puso las manos en la cintura y con voz insolente y juguetona dijo:

-          Menos mal que admites tu culpa, es tú culpa Megan que estemos en esta situación, te hubieras casado, no hubieras engatusado a Vico, y ninguno estaríamos en esta situación.

La incredulidad estaba pintada en la cara de Vico, pero tuvo valor para responder.

-          Ya no me sorprende que estés tú detrás de todo esto Jess, siempre había algo que no me cuajaba en ti, esa obsesión conmigo no es sana, vas a acabar por destruirme si no cedo a tus caprichos y eso es algo que ya no estoy dispuesta a hacer. Alejandro la culpa es mía como bien dices, yo llegué de lejos, yo engatusé a Megan y solo yo te hice quedar en vergüenza.

Megan comenzó a gritar y a llamar loca a Vico, echándose la culpa, Alejandro gritaba que se callaran, Jess reía y Vico trataba de calmar a Megan.
Cuando el silencio se hizo, Alejandro habló con contundencia.

-          Megan ¿Volverás conmigo, serás mía al igual que yo tuyo y me amarás como antes?

Durante unos segundos el silencio más gélido de sus vidas se interpuso, Megan se acercó a Vico y le dio la mano.

-          No puedo – contestó – Ya no puedo, Ale, ella es a quien quiero.
-          Bien – contestó Alejandro mientras movía el cañón de la pistola vacilante entre las dos.
-          Recuerda nuestro trato Alejandro – Mencionó Jess de pasada.

Y algo hizo click en la mente de Vico…

Movimientos, gritos, un disparo, piernas aflojándose llegando al suelo, sangre manando del pecho…

No hay comentarios:

Publicar un comentario