miércoles, 19 de diciembre de 2012

Capítulo 9!! =) FIN!


9

Todo tiene un fin.


Todo transcurrió en apenas unos segundos, el gatillo fue apretado, la pistola disparada, hubo gritos, Vico saltó para interponerse entre Megan y la bala, la bala le dio en el pecho y Megan calló al suelo sujetando a Vico para que callera lentamente mientras gritaba.

Jess gritó y corrió a arrodillarse junto a Vico.

-          ¡Este no era nuestro trato, a quien debías sacar del medio era a tu esposa, no a Vico! – Gritaba desquiciada Jess.

Alejandro parecía haber despertado de un sueño, se arrodilló con los ojos desorbitados mientras se agarraba la cabeza murmurando una y otra vez palabras incomprensibles, aunque nadie le prestara atención.

-          ¡Apártate de ella! – Le rugió Megan a Jess con toda su voz.

Jess se levantó y llorando retrocedió hasta la puerta negando con la cabeza hasta que se marchó corriendo.

-          Amor despierta – Susurró Megan.

Le tomó el pulso y aun latía  su corazón aunque cada vez con menos fuerza a medida que la mancha de sangre en el pecho iba aumentando de tamaño.
Megan cogió el teléfono y llamó a una ambulancia urgente explicándole la situación de manera frenética y volvió junto a Vico. Ésta poco a poco abrió los ojos llorosos y la miró sonriendo.

-          ¿Nunca te he dicho que estás muy guapa cuando te cabreas? – le preguntó susurrando y sonriendo.

Megan había cogido las sábanas y le estaba haciendo presión con ellas en la herida para tratar de parar la hemorragia. Un sonido de cristales llegó hasta ella pero ni se inmutó.

-          ¿Cómo puedes sonreír en este momento? – le preguntó Vico sonriéndole y llorando a la vez.
-          Porque he salvado a mi ángel – le respondió sin más. – Megan perdóname, tenía que haber supuesto algo, dejar al personal o contratar un equipo de seguridad….
-          Shh, nada de eso importa ahora mi amor, guarda fuerzas, la ambulancia ya viene.
-          Sé dónde me ha dado la bala amor, si no salgo de esta prométeme que serás feliz por las dos.


Megan comenzó a llorar con las convulsiones incluidas, no podía pensar, estaba bloqueada, era médico, tenía la vida de su mujer en sus manos y no era capaz de pensar, ni de hacer, solo podía taponar llorar y llorar.

-          No me pidas eso, muero sin ti. – dijo sin más.
-          Pues tendrás que vivir, por ti y por mí. – poco a poco se había ido apagando sus palabras y con su último suspiro dijo un débil. – Te amo Megan.



Cuando llegaron los servicios de emergencia se encontraron a Megan llorando histérica mientras le realizaba un masaje cardíaco a Vico, les costó dos hombres separar a Megan de su lado para que ellos pudieran atenderla. Debido a la gravedad de la situación la subieron a una camilla y la sacaron de la casa, justo al descampado que tenía al lado donde un helicóptero esperaba.

Megan estaba estirada en el suelo, un sanitario que había llegado con el helicóptero se había quedado con ella y un agente de policía, ambos sentados en el suelo a su lado. Poco a poco les fue contando lo sucedido mientras el calmante que le había aplicado el sanitario hacía su efecto.

-          ¿Dónde está Alejandro señorita? – Le preguntó con voz suave el inspector.
-          La última vez que lo vi estaba en esta habitación y había disparado la pistola con intención de matarme pero Vico se interpuso. – Volvieron a derramársele las lágrimas al nombrar a su amada.
-          De acuerdo, una pregunta más…¿Cómo se ha roto el ventanal?

La cara de incertidumbre de Megan fue suficiente.



Pasaron tres meses llenos de emociones intensas pero sobre todo de dolor. Descubrió que Alejandro se había suicidado tirándose de cabeza por el ventanal cuando ella estaba ocupada con Vico, con tan mala suerte que se partió el cuello en la caída. Al cabo de una semana atraparon a Jess en un motel de mala muerte de Barcelona, la habitación estaba llena de basura, excrementos y Jess parecía no haberse bañado en semanas y por lo visto había medio enloquecido por la culpa.
Vico fue ingresada en el hospital donde trabajaban ambas, pero al cabo de tres días en los que Megan no se había despegado de su lado y Vico aún seguía corriendo peligro porque no se habían atrevido a intervenirla para sacarle la bala, sin más ni más Vico desapareció. Después del ataque de ansiedad que le dio le dijeron que se la habían llevado unos hombres que vestían de negro y un equipo especializado de médicos para trasladarla a un hospital de lujo y que todo había sido firmado por su padre.

Cada día Megan llamaba al móvil personal de Vico, pero no contestaba. Fue a su casa y descubrió que Clito seguía allí. Harta de no recibir respuesta, sabiéndose culpable de lo sucedido y sintiéndose no merecedora de nada, cogió al perro y se marchó, simplemente desapareció, sin decirle nada a nadie, simplemente cogió sus cosas y se fue.


Despertó al tercer mes, ya había sido operada y aunque delicada, estaba fuera de peligro. Lo primero que hizo al abrir los ojos fue preguntar por Megan, pero se topó con la figura de su madre que, lejos de responderle a sus preguntas, estaba inmersa en reprocharle el haberse marchado y de vez en cuando reprocharle que no se hubiera querido casar con algunos de sus exnovios, alegando que así no hubiera sucedido aquella catástrofe.

Cada día era más cargante, hasta que llegó el día definitivo en que Megan se levantó de la cama por su propio pie se vistió y su madre entró por la puerta pillándola infraganti.

-          ¿Qué haces Vico? Hoy tienes una operación pendiente para quitarte esa fea cicatriz del pecho o disimulártela por lo menos y aun no estás recuperada. Tienes que pasarte otro mes en reposo para asegurarnos de que estás perfectamente.

Vico la miró, pero la mirada era una que nunca antes le había echado.

-          Mamá, me das pena. Siempre preocupada por el qué dirán, siempre preocupada por las apariencias, has elevado tanto tus preocupaciones que estabas dispuesta impedirme vivir mi vida de la manera que quiero. Me voy Mamá, si quieres dirigirle la vida a alguien cómprate otro perro.

Y dicho esto salió por la puerta.

Sus amigas cada vez que la visitaban le habían llevado noticias, sabía todo lo que había que saber, que Jess estaba detenida en un psiquiátrico esperando evaluación, que Alejandro se había suicidado, que Megan había querido ponerse en contacto con ella o ir a verla pero su familia con el mayor de los desprecios la habían apartado de su vida, que Megan harta de la situación y supuso que sintiéndose culpable por todo se había marchado y no sabía nadie a donde.

Llegó al aeropuerto justo a tiempo para montarse en el avión para el que el día anterior había comprado billete y después de un par de horas de sueño profundo causado por la medicación que se veía obligada a tomar llegó al otro aeropuerto. Allí su chófer la esperaba y le mandó a poner rumbo al hospital.

Fue directamente al despacho del director de urgencias y le exigió saber el paradero de Megan, pero no obtuvo respuesta y desesperada fue a su casa descubriendo que Clito no estaba. Con una llamada a su padre le bastó para saber que Clito no estaba en sus manos, siendo así solo había una persona en el mundo que pudiera habérselo llevado.

Se dirigió a la perrera más cercana y dándole los datos del microchip especial de Clito supo que no se encontraba lejos. Le instalaron un programa de localización en el móvil para que pudiera dar con él.

El destino la llevó a un parque, ese parque que desde que lo pisó la había enamorado y al bajar un poco la ventanilla no pudo creerse la suerte que tenía. Jugando con una pelota estaban allí los dos amores de su vida, su perro y Megan. Justo cuando iba a bajarse del coche recibió una llamada.

-          ¿Quién es? – contestó de muy mala leche.
-          Soy el director del hospital, hace un rato Megan telefoneó para decir que en una hora vendría a buscar sus cosas al hospital y que se marcharía, sentí que era mi deber decírtelo.

Vico colgó el teléfono sin más, subió la ventanilla del coche y le pidió al chófer que arrancara.



Megan no se sentía bien en aquel parque, tenía un agujero extraño en el pecho y cada vez que la recordaba le comenzaba a doler el alma, pero ya era un dolor demasiado conocido y estaba llegando al punto de depender constantemente de él. No sabía nada de Vico, si estaba muerta o si aún luchaba en una cama por su vida. Le escribió cientos de cartas, pero estaba segura de que ninguna había sido entregada a su destinataria y ella se sentía tremendamente culpable. Por eso había tomado la decisión de marcharse, si Vico vivía no encontraría ni rastro de ella, porque Megan sentía que no merecía nada ni a nadie que la quisiera de aquella manera, lo comprendió todo cuando la madre de Vico la había llamado en persona hacía ya tiempo, para lanzarle todas aquellas cosas a la cara, y a esas alturas de su vida y sintiéndose tan miserable como se sentía, ya se lo había creído.

Cuando acabó de jugar con Clito, el cual parecía más alicaído desde que su dueña no estaba con él, lo llevó a su nuevo piso y cogiendo cajas y lo imprescindible se montó en el nuevo coche que se había comprado al vender su moto y se dirigió al hospital.

Al entrar a su despacho para recoger las cosas encontró a una mujer apoyada en la ventana mirando hacia fuera.

-          Perdone ¿La puedo ayudar en algo? – preguntó amablemente.

Las palabras huyeron como cobardes de su boca cuando se dio cuenta de que la que estaba allí plantada mirando por la ventana era Vico.

-          Normalmente las personas suelen despedirse cuando se marchan.

Se dio la vuelta con una sonrisa pero se le cambió la cara al ver la de Megan.

-          No llores amor, estoy aquí – dijo acercándose y abrazándola suavemente.- Hubiera querido ponerme en contacto antes contigo, pero mi madre es una…no me dejó tener contacto con nadie hasta que me marché por mi propio pie.

Megan desenterró la cara de su hombro la besó y la abrazó fuerte pero Vico se apartó dolorida.

-          Lo siento amor, pero que me haya marchado del hospital por mi propio pie no implica que esté perfecta.

Megan abrió mucho los ojos y comenzó a llorar.

-          Es culpa mía. – dijo sin más.
-          ¡No vuelvas a decir eso! ¡Yo me interpuse ante la bala porque quise salvarte la vida, te amo, te necesito! Despertarme y darme cuenta de que no estabas fue como morirme y de no haberte llevado a Clito no hubiera podido encontrarte y me hubiera desesperado y vuelto loca.

Megan se acercó otra vez, la abrazó y le enjugó las lágrimas que le caían por la mejilla al mismo tiempo que Vico enjugaba las suyas.

¿Conoces esos momentos en los que no hacen falta dar más explicaciones, y ni tan si quiera hace falta decir una palabra más? Pues ese fue uno. Se besaron, Vico se dirigió al armario y sacó un ramo de rosas que había comprado para Megan.

-          Volemos – anunció Vico.
-          ¿A dónde?
-          A donde nos lleve el viento y esta vez sin restricciones de tiempo, sin fechas fijadas y juntas. No volveré a separarme de ti.

Dos días después estaban dando la vuelta al mundo en un hermoso velero, donde solo estaba la tripulación que conducía el barco y ellas, recién casadas y ambas vestidas de blanco, abrazadas la una a la otra con el atardecer de fondo y unas velas blancas desplegadas directas a la aventura de vivir sus vidas juntas, Megan tenía una mano encima del pecho de Vico, cerca de su corazón y acariciaba muy suavemente el vendaje que aún tenía en la zona…Clito por supuesto, se encontraba al otro lado del barco compartiendo su cuenco de comida con una Hembra pastor alemán…

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