9
Todo
tiene un fin.
Todo transcurrió en apenas
unos segundos, el gatillo fue apretado, la pistola disparada, hubo gritos, Vico
saltó para interponerse entre Megan y la bala, la bala le dio en el pecho y
Megan calló al suelo sujetando a Vico para que callera lentamente mientras
gritaba.
Jess gritó y corrió a
arrodillarse junto a Vico.
-
¡Este no era
nuestro trato, a quien debías sacar del medio era a tu esposa, no a Vico! –
Gritaba desquiciada Jess.
Alejandro parecía haber
despertado de un sueño, se arrodilló con los ojos desorbitados mientras se
agarraba la cabeza murmurando una y otra vez palabras incomprensibles, aunque
nadie le prestara atención.
-
¡Apártate de
ella! – Le rugió Megan a Jess con toda su voz.
Jess se levantó y llorando
retrocedió hasta la puerta negando con la cabeza hasta que se marchó corriendo.
-
Amor despierta
– Susurró Megan.
Le tomó el pulso y aun
latía su corazón aunque cada vez con
menos fuerza a medida que la mancha de sangre en el pecho iba aumentando de
tamaño.
Megan cogió el teléfono y
llamó a una ambulancia urgente explicándole la situación de manera frenética y
volvió junto a Vico. Ésta poco a poco abrió los ojos llorosos y la miró
sonriendo.
-
¿Nunca te he
dicho que estás muy guapa cuando te cabreas? – le preguntó susurrando y
sonriendo.
Megan había cogido las
sábanas y le estaba haciendo presión con ellas en la herida para tratar de
parar la hemorragia. Un sonido de cristales llegó hasta ella pero ni se inmutó.
-
¿Cómo puedes
sonreír en este momento? – le preguntó Vico sonriéndole y llorando a la vez.
-
Porque he
salvado a mi ángel – le respondió sin más. – Megan perdóname, tenía que haber
supuesto algo, dejar al personal o contratar un equipo de seguridad….
-
Shh, nada de
eso importa ahora mi amor, guarda fuerzas, la ambulancia ya viene.
-
Sé dónde me ha
dado la bala amor, si no salgo de esta prométeme que serás feliz por las dos.
Megan comenzó a llorar con
las convulsiones incluidas, no podía pensar, estaba bloqueada, era médico,
tenía la vida de su mujer en sus manos y no era capaz de pensar, ni de hacer,
solo podía taponar llorar y llorar.
-
No me pidas
eso, muero sin ti. – dijo sin más.
-
Pues tendrás
que vivir, por ti y por mí. – poco a poco se había ido apagando sus palabras y
con su último suspiro dijo un débil. – Te amo Megan.
Cuando llegaron los
servicios de emergencia se encontraron a Megan llorando histérica mientras le
realizaba un masaje cardíaco a Vico, les costó dos hombres separar a Megan de
su lado para que ellos pudieran atenderla. Debido a la gravedad de la situación
la subieron a una camilla y la sacaron de la casa, justo al descampado que
tenía al lado donde un helicóptero esperaba.
Megan estaba estirada en
el suelo, un sanitario que había llegado con el helicóptero se había quedado
con ella y un agente de policía, ambos sentados en el suelo a su lado. Poco a
poco les fue contando lo sucedido mientras el calmante que le había aplicado el
sanitario hacía su efecto.
-
¿Dónde está
Alejandro señorita? – Le preguntó con voz suave el inspector.
-
La última vez
que lo vi estaba en esta habitación y había disparado la pistola con intención
de matarme pero Vico se interpuso. – Volvieron a derramársele las lágrimas al
nombrar a su amada.
-
De acuerdo,
una pregunta más…¿Cómo se ha roto el ventanal?
La cara de incertidumbre
de Megan fue suficiente.
Pasaron tres meses llenos
de emociones intensas pero sobre todo de dolor. Descubrió que Alejandro se
había suicidado tirándose de cabeza por el ventanal cuando ella estaba ocupada
con Vico, con tan mala suerte que se partió el cuello en la caída. Al cabo de
una semana atraparon a Jess en un motel de mala muerte de Barcelona, la
habitación estaba llena de basura, excrementos y Jess parecía no haberse bañado
en semanas y por lo visto había medio enloquecido por la culpa.
Vico fue ingresada en el
hospital donde trabajaban ambas, pero al cabo de tres días en los que Megan no
se había despegado de su lado y Vico aún seguía corriendo peligro porque no se
habían atrevido a intervenirla para sacarle la bala, sin más ni más Vico
desapareció. Después del ataque de ansiedad que le dio le dijeron que se la
habían llevado unos hombres que vestían de negro y un equipo especializado de
médicos para trasladarla a un hospital de lujo y que todo había sido firmado
por su padre.
Cada día Megan llamaba al
móvil personal de Vico, pero no contestaba. Fue a su casa y descubrió que Clito
seguía allí. Harta de no recibir respuesta, sabiéndose culpable de lo sucedido
y sintiéndose no merecedora de nada, cogió al perro y se marchó, simplemente
desapareció, sin decirle nada a nadie, simplemente cogió sus cosas y se fue.
Despertó al tercer mes, ya
había sido operada y aunque delicada, estaba fuera de peligro. Lo primero que
hizo al abrir los ojos fue preguntar por Megan, pero se topó con la figura de
su madre que, lejos de responderle a sus preguntas, estaba inmersa en
reprocharle el haberse marchado y de vez en cuando reprocharle que no se
hubiera querido casar con algunos de sus exnovios, alegando que así no hubiera
sucedido aquella catástrofe.
Cada día era más cargante,
hasta que llegó el día definitivo en que Megan se levantó de la cama por su
propio pie se vistió y su madre entró por la puerta pillándola infraganti.
-
¿Qué haces
Vico? Hoy tienes una operación pendiente para quitarte esa fea cicatriz del
pecho o disimulártela por lo menos y aun no estás recuperada. Tienes que
pasarte otro mes en reposo para asegurarnos de que estás perfectamente.
Vico la miró, pero la
mirada era una que nunca antes le había echado.
-
Mamá, me das
pena. Siempre preocupada por el qué dirán, siempre preocupada por las
apariencias, has elevado tanto tus preocupaciones que estabas dispuesta
impedirme vivir mi vida de la manera que quiero. Me voy Mamá, si quieres
dirigirle la vida a alguien cómprate otro perro.
Y dicho esto salió por la
puerta.
Sus amigas cada vez que la
visitaban le habían llevado noticias, sabía todo lo que había que saber, que
Jess estaba detenida en un psiquiátrico esperando evaluación, que Alejandro se
había suicidado, que Megan había querido ponerse en contacto con ella o ir a
verla pero su familia con el mayor de los desprecios la habían apartado de su
vida, que Megan harta de la situación y supuso que sintiéndose culpable por
todo se había marchado y no sabía nadie a donde.
Llegó al aeropuerto justo
a tiempo para montarse en el avión para el que el día anterior había comprado
billete y después de un par de horas de sueño profundo causado por la
medicación que se veía obligada a tomar llegó al otro aeropuerto. Allí su
chófer la esperaba y le mandó a poner rumbo al hospital.
Fue directamente al
despacho del director de urgencias y le exigió saber el paradero de Megan, pero
no obtuvo respuesta y desesperada fue a su casa descubriendo que Clito no
estaba. Con una llamada a su padre le bastó para saber que Clito no estaba en sus
manos, siendo así solo había una persona en el mundo que pudiera habérselo
llevado.
Se dirigió a la perrera
más cercana y dándole los datos del microchip especial de Clito supo que no se
encontraba lejos. Le instalaron un programa de localización en el móvil para
que pudiera dar con él.
El destino la llevó a un
parque, ese parque que desde que lo pisó la había enamorado y al bajar un poco
la ventanilla no pudo creerse la suerte que tenía. Jugando con una pelota
estaban allí los dos amores de su vida, su perro y Megan. Justo cuando iba a
bajarse del coche recibió una llamada.
-
¿Quién es? –
contestó de muy mala leche.
-
Soy el
director del hospital, hace un rato Megan telefoneó para decir que en una hora
vendría a buscar sus cosas al hospital y que se marcharía, sentí que era mi
deber decírtelo.
Vico colgó el teléfono sin
más, subió la ventanilla del coche y le pidió al chófer que arrancara.
Megan no se sentía bien en
aquel parque, tenía un agujero extraño en el pecho y cada vez que la recordaba
le comenzaba a doler el alma, pero ya era un dolor demasiado conocido y estaba
llegando al punto de depender constantemente de él. No sabía nada de Vico, si
estaba muerta o si aún luchaba en una cama por su vida. Le escribió cientos de
cartas, pero estaba segura de que ninguna había sido entregada a su
destinataria y ella se sentía tremendamente culpable. Por eso había tomado la
decisión de marcharse, si Vico vivía no encontraría ni rastro de ella, porque
Megan sentía que no merecía nada ni a nadie que la quisiera de aquella manera,
lo comprendió todo cuando la madre de Vico la había llamado en persona hacía ya
tiempo, para lanzarle todas aquellas cosas a la cara, y a esas alturas de su
vida y sintiéndose tan miserable como se sentía, ya se lo había creído.
Cuando acabó de jugar con
Clito, el cual parecía más alicaído desde que su dueña no estaba con él, lo
llevó a su nuevo piso y cogiendo cajas y lo imprescindible se montó en el nuevo
coche que se había comprado al vender su moto y se dirigió al hospital.
Al entrar a su despacho
para recoger las cosas encontró a una mujer apoyada en la ventana mirando hacia
fuera.
-
Perdone ¿La
puedo ayudar en algo? – preguntó amablemente.
Las palabras huyeron como
cobardes de su boca cuando se dio cuenta de que la que estaba allí plantada
mirando por la ventana era Vico.
-
Normalmente
las personas suelen despedirse cuando se marchan.
Se dio la vuelta con una
sonrisa pero se le cambió la cara al ver la de Megan.
-
No llores
amor, estoy aquí – dijo acercándose y abrazándola suavemente.- Hubiera querido
ponerme en contacto antes contigo, pero mi madre es una…no me dejó tener
contacto con nadie hasta que me marché por mi propio pie.
Megan desenterró la cara
de su hombro la besó y la abrazó fuerte pero Vico se apartó dolorida.
-
Lo siento
amor, pero que me haya marchado del hospital por mi propio pie no implica que
esté perfecta.
Megan abrió mucho los ojos
y comenzó a llorar.
-
Es culpa mía.
– dijo sin más.
-
¡No vuelvas a
decir eso! ¡Yo me interpuse ante la bala porque quise salvarte la vida, te amo,
te necesito! Despertarme y darme cuenta de que no estabas fue como morirme y de
no haberte llevado a Clito no hubiera podido encontrarte y me hubiera
desesperado y vuelto loca.
Megan se acercó otra vez,
la abrazó y le enjugó las lágrimas que le caían por la mejilla al mismo tiempo
que Vico enjugaba las suyas.
¿Conoces esos momentos en
los que no hacen falta dar más explicaciones, y ni tan si quiera hace falta
decir una palabra más? Pues ese fue uno. Se besaron, Vico se dirigió al armario
y sacó un ramo de rosas que había comprado para Megan.
-
Volemos –
anunció Vico.
-
¿A dónde?
-
A donde nos
lleve el viento y esta vez sin restricciones de tiempo, sin fechas fijadas y
juntas. No volveré a separarme de ti.
Dos días después estaban
dando la vuelta al mundo en un hermoso velero, donde solo estaba la tripulación
que conducía el barco y ellas, recién casadas y ambas vestidas de blanco,
abrazadas la una a la otra con el atardecer de fondo y unas velas blancas
desplegadas directas a la aventura de vivir sus vidas juntas, Megan tenía una
mano encima del pecho de Vico, cerca de su corazón y acariciaba muy suavemente
el vendaje que aún tenía en la zona…Clito por supuesto, se encontraba al otro
lado del barco compartiendo su cuenco de comida con una Hembra pastor alemán…
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