Su sonrisa le asomo por la comisura
y me acaricia,
tan suave como una ligera brisa.
No sé si tiene prisa, pero yo
resbalo mis manos tibias y ella me mira.
Y en ese momento es cuando
todo poco a poco se derrumba.
Se me cae la poca compostura
me acerco a su mejilla y susurro
cosas suyas y mías con dulzura.
Su sonrisa se ensancha y me abraza
me toca la espalda, el cuello y la cara.
La miro un poco ruborizada
pero ya no tiene arreglo el asunto.
La miro apasionada y me pego más y más
para fundirme con ella en su pecho,
y sin mas dilación la beso,
con los labios la lengua y el sentimiento.
No puedo decir otra cosa sino que la amo
que la necesito y sin ella muero.
Así es como cuando estamos
rodeadas de supuestos humanos
todo me deja de importar
ya que, el mundo se vuelve borroso
en ese mar de caras que vienen y van,
mientras nosotras en el medio estamos
juntas, besándonos, amándonos.
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